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miércoles, 31 de diciembre de 2014

Capítulo 29

Hoola tributoos^^
Bueno, lo primero es desearos feeliiz navidad. Que hoy se nos acaba el año! Que emoción, este capítulo va a ser el último del año! ¿Lo superará Nacho? ¿Conseguirá adaptarse? Ahora salir y ver que no está María, ni Gonzalo... se le hará duro:D Siento que sea algo corto, pero he creido necesario acabarlo aquí(:
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Me despierto lentamente y no hay nadie a mi lado. Mi pierna está perfecta, mi mano no tiene ni rastro de las ampollas ni de la quemadura. Estoy limpio y parezco otro diferente del que estaba en la arena.
-¡Mi hacha!- pienso cuando lo veo en el otro lado de la sala. Allí están el resto de mis pertenencias que recojo con cuidado y me las llevo cerca de la cama.
Las dudas azotan mi cabeza ¿Habré ganado los juegos? ¿Me convertirán en Avox por haber sido el causante de esto? ¿Matarán a mi familia? ¿Quién habrá muerto en la avalancha? Rápidamente al verme despierto unos hombres vestidos de blanco me sedan con algo que me hace gritar descontroladamente.

-MAMA!- grito sin darme cuenta -¡GONZALO!- grito hasta caer rendido y vuelvo a entrar en una especie de coma que me induce paz. ¿Como es posible que tras haber salido de ahí habiendo matado a personas pueda sentir paz? No me lo perdono. Los días siguientes pasan igual, esta vez, mi piel está tersa y suave, sin rastro de nada, como si intentaran ocultar todo esto, como si nada hubiera pasado. Me dan de comer un zumo y me vuelven a dormir con ese sedante que me hace sufrir y recordar a las personas que quiero, poco a poco, mi cuerpo se acostumbra al dolor hasta que un día, me levanto y no me vuelven a dormir. Esta vez ya soy libre, no como me gustaría, pero soy libre. Voy a volver a casa, a mi casa y voy a intentar olvidar esto.
-Todo ha terminado...- me digo a mi mismo para calmarme -He salido-
Cuando se abre la puerta y no entra nadie cojo el hacha, la brújula, la fuente, la cuerda y mi abrigo. Lentamente camino con todo entre mis brazos y salgo por esa puerta para llegar a la sala de mandos de el aerodeslizador. Unas personas vestidas de blanco que no conozco de nada se giran y me miran. Instintivamente corro por los pasillos, no se por que lo hago, supongo que porque tengo miedo de que me hagan algo más. Cuando me canso llego a un pasillo iluminado tenuemente con unas luces a ambos lados de éste. Lentamente con la mano derecha cargando con todo y la izquierda apollada sobre la pared, camino sin cerrar los ojos. Si los cierro tengo miedo de recordar, cosa que no quiero hacer.
FLASHBACK
Ya estoy en la mitad de la plataforma y cuando llego arriba noto que mi pelo está mojado. Es la arena, está lloviendo.
-Vale- pienso -Echemos un vistazo-
Al norte hay una montaña nevada, al oeste un pico escarpado sin árboles ni nada, al sur hay un pequeño bosque y creo que detrás de él hay un río porque oigo el ruido del agua fluir y al este hay un pueblo con casas y pasado el pueblo una montaña frondosa con pinos.
Cuando he terminado de observar quedan 30 segundos así que le doy indicaciones rápidas a María, le digo que coja lo que tenga cerca y se vaya corriendo a esconderse en una de las casas del pueblo. Ella asiente y cuando quedan 20 segundos echo una ojeada a la cornucopia, allí está el hacha, un poco lejos de donde estoy. Enfrente de mí tengo una mochila más grande que las demás y pienso que tengo que correr a por ella.
10 segundos, 9, 8, 7, 6 -Mamá, te quiero- 5, 4, 3 -Gracias Peeta- 2, 1 GONG!!
Ahora solo pienso en correr, un solo paso en falso y estoy muerto. Corro todo lo que puedo hasta la mochila, me la cargo a la espalda y voy a donde está el hacha. Cuando llego veo que alguien lo ha cogido y maldigo mi suerte, justo cuando voy a coger otra arma del montón alguien se acerca y me lanza un cuchillo que esquivo con dificultad, luego solo corro hacia el sur a esconderme entre los árboles.
Y mientras escapo escucho el acero cortando el frío aire, -Voy a morir- pienso, entonces me tiro al suelo y el hacha me pasa por encima hasta clavarse en el árbol. Lo agarro con todas mis fuerzas y corro adentrandome en el bosque, al parecer, hoy si que es mi dia de suerte.
FIN FLASHBACK

-Aaaaaah- grito y tiro todo al suelo, intentando alejarlo de mí -Socorro!- grito descontroladamente hasta que me doy cuenta de donde estoy, ya no estoy allí -Calma Nacho- me digo. Recojo todo y sigo caminando con paso lento, como si me costase una vida entera mover cada pie. Despacito, arrastrando los pies sobre la moqueta granate que cubre el suelo, llego a una sala con la puerta grisácea que empujo y entro.

Lo que veo allí me coje desprevenido. Está Johanna llorando, no sé si de alegría o por que pasa algo, tras ella hay varios mentores más.
-Johanna...- susurro -Ganamos...-
Ella se cubre la cara para que no la vea llorar y los demás mentores me hacen señas para que vaya a la habitación de al lado.
-¡¡NACHO!!- Grita Paula con un aspecto desgastado, un momento, ¿Paula? -Nacho...- susurra y se me echa encima a llorar. Nos hemos salvado, estamos fuera.
-Pa... Paula...- digo incrédulo y retrocedo unos pasos como con temor. Ella se me acerca y yo le grito -Alejate!- cosa que la hace llorar. Yo tengo miedo, quien sabe si me matará aquí para salvarse sola. -No, es una gilipollez- me digo y sacudo la cabeza. Lentamente, como si de un muto se tratase, me acerco y le toco la cara.
-Paula...- sonrío con la mente abrumada -Hemos ganado...- la abrazo todo lo fuerte que puedo y su olor me recuerda al de la arena por lo que sin que se de cuenta me alejo un poco de ella.
-¿Sabes algo?- pregunto -De todo esto...-
Ella niega con la cabeza. Parece mentira, tiene unas ojeras enormes y a pesar de que el Capitolio le ha dejado como una modelo, tiene marcas en la cara. Marcas que puede que no sean físicas, pero yo las veo. Ya no es la chica dulce del seis, ahora es una superviviente, la superviviente del seis.
Con la mirada perdida, la abrazo esperándo a que llegue alguien, pero nunca viene nadie. A veces esa puerta se abre y yo cojo mi hacha en defensa propia, aunque nunca hago nada. ¿Quien diría que estos juegos los iban a ganar un chico del siete y una chica del seis? Parece increíble, aunque en este mundo, todo es posible.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Capitulo 28

Hoola Tributos!
No me quiero entretener mucho, estoy de vacaciones y siento no haber subido el capítulp antes, espero que lo entendais. Lo que si os pido POR FAVOR, es que al leer este capítulo (Lleno de acción) escucheis esta canción, os dejo el link http://youtu.be/LRLdhFVzqt4 Creo que le aporta muchos matices a la lectura, mucho más que si la leeis sola. Y ya nada más, el fin se acerca y ¿Quien conseguirá salir de ahí?
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-Tengo un plan- digo mientras desayunamos juntos un poco de conejo recalentado -¿Cuántas flechas explosivas te quedan?- pregunto
-Cinco- contesta después de contarlas
-Presta atención- digo serio -Vamos a provocar una avalancha-
-¿Cómo?- Pregunta con cara de incrédulo
-Fácil, vamos a volar la montaña- digo sonriente
-¿Con solo cinco flechas?-
-Y una granada- digo sacando la granada que guardo en el bolsillo desde hace mucho tiempo -No sé si lo lograremos, pero el plan es matar a Mateo y Judith-
-Judith es la del dos ¿No?-
-Correcto-
-Está bien, vamos a hacerlo.- dice decidido
-Pero no vamos a llevar todo- digo -Dejaremos las mochilas aquí, coge lo más importante-
De mi mochila saco la brújula, la fuente portátil y la cuerda. A este montón añado el hacha y el abrigo de pelo grueso. Gonzalo solo lleva el arco, el carcaj, dos cuchillos y las gafas para ver en la oscuridad.
-Por cierto, después de esto...- digo yo inseguro
-Nos separaremos- termina él mi frase
-De acuerdo- digo con pena
Dejamos las mochilas escondidas pero antes de salir hago una cosa. Cojo uno de los paracaídas y le arranco la tela, la ato a un palo y lo pongo cerca de la cueva para poder encontrarla luego. Nos ponemos nuestros abrigos, yo guardo la brújula, la cuerda y la fuente en el bolsillo y llevo el hacha en la mano.
-¿Preparado?- pregunto cuando estamos a punto de salir por el agujero de la cueva
-Preparado.- contesta él dándome la mano
Y así, cogido de su mano salimos juntos para hacer visible que seguimos juntos, como aliados.


Seguimos nuestro camino atravesando el valle nevado mucho más rápido, ya que al haber dejado las mochilas vamos más ligeros. A media mañana la herida de mi pierna se vuelve a abrir y caminar me cuesta algo más. De vez en cuando se escuchan sonidos de animales pero el silencio es enorme.
Un pitido rompe el silencio -¿Un paracaidas?- corremos unos veinte metros para llegar a el y lo abro -¡Dinamita!- digo -Gracias Johanna...-  Se la doy a Gonzalo para que la guarde y seguimos caminando para llegar a la cima de la colina que hemos escogido para provocar la avalancha. Conforme ascendemos hace más frío y mucho más viento, además es duro subir una montaña cubierta de una capa de medio metro de nieve. De vez en cuando me doy la vuelta para comprobar la zona y en una de esas veces veo la lava brotándo de la montaña escarpada y el incendio en la montaña frondosa.
-Genial- digo alegre -Esto era lo que esperaba, que provocaran algo para traerlos aquí- Me vuelvo a girar y alcanzo a Gonzalo -Tenemos que ir más deprisa, no tardarán en venir-
Subimos la colina todo lo rápido que nos permiten nuestras piernas y mientras ascendemos noto que un líquido recorre mi pierna, un líquido rojo y espeso. -La herida se ha abierto del todo y no tenemos el botiquín- Cada vez me cuesta más andar y el frío no ayuda nada en esta ocasión. Si no volvemos rápido a la cueva no saldré de esta.
-Subete- dice Gonzalo agachándose un poco -Subete a mi espalda para que no tengas que andar- Suavemente me monto a caballito y aunque vayamos mucho más lentos no sufro tanto.
-Creo que ya veo la cima- dice él después de una larga caminata -Vamos, el último esfuerzo-
Me bajo de su espalda y hacemos el último tramo de la montaña juntos. Me va a dar mucha pena separme de él para siempre, él... Es especial. Se ha convertido en algo más que un amigo aquí dentro, el es y será mi mejor amigo para siempre, aunque uno de los dos muera.
Al llegar arriba nos sentamos a descansar y yo me pongo nieve en el agujero de mi pierna. Encendemos un pequeño fuego para que produzca humo y calor y asamos el último pavo que nos queda. Parece mentira como han cambiado las cosas, el primer día estaba comiendo un castor crudo y hoy un pavo asado. En estas semanas he cazado, he corrido, he comido, he matado, he llorado, he amado, he perdido, he sufrido, he cantado, he reido, he disfrutado, he temido, he gritado, he escalado, me he escondido... he hecho cosas que hace un año nunca pensé que haría.
-Gonzalo...- digo bajito -No quiero matar a nadie más-
-Vamos Nacho- dice con una sonrisa -Ya has llegado hasta aquí, solo un poco más-
-Quiero morir- digo -No quiero volver a vivir y que ella no esté allí, conmigo-
-No digas esas cosas- dice desanimado -Venga va-
-Me presenté voluntario para salvarla, y no he cumplido con mi misión- digo con un nudo en la garganta
-Tu no vas a morir, no te voy a dejar- come una fresa -Te prometo que cuando esté allí arriba le contaré todo lo que has hecho por ella-
-Cuidala bien- digo secándome una lágrima

Me tumbo a la espera de que aparezcan, algo alejado de Gonzalo. Quiero estar solo, no quiero verle ahora que ha dicho que se va a sacrificar por mí. Me siento muy egoista, ¿Cuantos más tendrán que morir por mí? Todo para que yo me salve.

-Nacho corre!- me avisa Gonzalo al ver a Judith a varios kilómetros a la izquierda.
-Aún les falta, vamos a esperar- digo cubriéndome el cuello con los brazos -¿Que frío hace no?-
-Muchísimo...- dice el -Serán los vigilantes-
-Y si...- digo pensativo -¿No vienen?-
-Moriríamos de frío- dice el seco -Ven, vamos a hacer una pequeña pared para que pegue menos el viento-

Poco a poco construimos una especie de fuerte de hielo que nos resguarda un poco del frío. Allí esperamos a que aparezcan los demás tributos, supuestamente Judith tiene que llegar por la misma montaña por la que llegamos nosotros y Mateo, Pablo y Paula por la del oeste. Y no estaba equivocado, aparecen los cuatro, aunque Pablo y Paula se quedan escondidos en un arbusto.
-Ahora o nunca Gonzalo- digo decidido sacando la pequeña granada de mi bolsillo
-Vamos- dice él cargando las cinco flechas explosivas a la vez.
Coloco la dinamita que nos enviaron y la enciendo, me alejo lo más posible y detono la granada. Al mismo tiempo las cinco flechas impactan en la ladera y todo junto provoca una avalancha descomunal. Sin previo aviso se desprende el trozo de montaña donde estabamos Gonzalo y yo y caemos junto con la avalancha. Mi instinto me dice que no suelte nada así que agarro el hacha con todas mis fuerzas y la nieve me mete para adentro aunque yo intento salir a flote. A unos cincuenta metros veo a Gonzalo sufriendo por no irse para abajo
-¡¡Gonzalo!!- grito -¡Cuidado con esa roca!- señalando a la roca que se precipita sobre él.
-¡¡Pum!!- Cañonazo, quedamos cinco. Grito desconsoladamente su nombre por si ha sobrevivido y el cañonazo no había sido él pero no contesta nadie.
Al llegar a la base de la montaña la avalancha no se detiene y sigue con una velocidad increible. También ha absorbido a Mateo, Pablo y Paula y es cuestión de tiempo que suene otro cañonazo. Creo que he escuchado dos cañonazos más pero no estoy seguro.
-¡¡¡BOOOOM!!!- Eso no ha sido un cañonazo, es peor. La avalancha ha impactado contra el campo de energía y una descarga sacude toda la arena. Al estar mojados por la nieve, la electricidad recorre nuestros cuerpos y provoca una paz infinita, ya no me preocupa nada, solo cierro los ojos y dejo que un aerodeslizador de los que recogen los muertos viene y con su gancho me eleva hasta estar dentro al mismo tiempo que unos hexágonos caen del cielo. No se que son, pero dejan entrever un cielo azul que ilumina todo.
-He ganado! Lo conseguí.- pienso. Al instante me tumban en una camilla y me inyectan algo que me produce paz. Pronto me reuniré con todos otra vez.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Capítulo 27

Hoola tributos!
Esta entrada la escriibo por tres razoones:
HEMOS LLEGADO A LAS 2000 VISITAS! Ay, no pensé que llegaríamos mas lejos. Igual un dia de estos preparo una entrada especial, en la que cuente algo diferente, no sé. La segunda razón es porque he venido a la arena, sí, la arena. He venido al lugar en el que está basada la arena, un pueblo en los pirineos. He estado en "la cornucopia" en la "montaña nevada" en el "laberinto" en el "bosquecillo por donde pasaba el río"... Pasear por todas estas partes me ha hecho pensar y reflexionar sobre todo a cerca de los juegos. Bueno, aquí teneis el capítulo!
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-Buenos días- me despierta Gonzalo -Vamos, preparate rápido que hoy la tormenta es menos fuerte-
Rápidamente me preparo para salir y desayunamos un huevo que ha recogido de un nido cercano, cuando terminamos nos abrigamos bien, preparamos todo y salimos de la cueva.
No sé por que, pero hoy no tengo el día bueno, estoy como cansado, a pesar de que he dormido mejor que otros días. Llevamos aquí ya demasiado y mi cuerpo empieza a sufrir graves consecuencias, el agujero que me hizo la del once con el cuchillo se está abriendo, mis piernas empiezan a fallar, la cabeza me duele mucho, la mano quemada me escuece y bueno, luego está la peor herida que me han hecho, la del corazón. No es algo físico, es más bien que el hecho de haberla perdido es desgarrador.
-Nacho al suelo!- rápidamente me tiro y ruedo, esperando el ataque de algún tributo. No viene ningún tributo, pero un árbol cae donde estaba yo segundos antes. En un instante la montaña comienza a temblar y los árboles caen contra el suelo aplastando todo a su paso.
-¡Un terremoto!- Es lo único que me da tiempo a decir antes de que todo empiece a temblar. No sabemos a donde ir, el miedo se apodera de nosotros. Si fueramos a una cueva puede que se derrumbe, si nos quedamos aquí un árbol nos aplastará, no tenemos otra opción, solo podemos correr. Corremos evitándo árboles y saltando troncos, no nos detenemos ante nada. Pasada una hora aproximadamente todo se detiene y nos tiramos al suelo a descansar.
-Esto es... una tortura- digo intentando respirar -Cada zona tiene varios horrores escondidos, es como el tercer vasallaje-
La montaña del oeste expulsa lava, en el laberinto hay niebla venenosa y un muto gigante, en esta montaña hay continuas tormentas de nieve, incendios y terremotos. Tengo miedo de lo que podamos encontrarnos en la montaña nevada, al parecer estos juegos son de lo más interesantes.
-¿Estás bien?- Pregunto al ver que ha metido el pie en un agujero, pero luego veo que no es solo el pie. El suelo se está tragando su cuerpo poco a poco -¡Son arenas movedizas!- grito desesperado -¡No te muevas!-
Corro a por un palo largo y le doy una punta para que se agarre, del otro lado tiro lo más fuerte que puedo pero el poder de la naturaleza es enorme en unos segundos las arenas ya le llegan hasta el cuello. Entonces tiro, tiro con toda la fuerza que tengo, la de la bestia de mi interior para sacarle.
Una vez fuera le ayudo a limpiarse un poco, después seguimos con nuestro camino, poniendo más cuidado en donde pisamos. Cuando escucho algún sonido extraño levanto el hacha y Gonzalo hace lo mismo con su arco, aunque nunca es un tributo. Como estaba previsto hacia mediodía dejamos la montaña con bosques para llegar a la blanca explanada rocosa.
-Ya estamos aquí...- suspiro -¿Que hacemos ahora?- pregunto dirigiendome a él
-Podemos buscar una cueva y esperar- dice él
Tras encontrar una pequeña cueva oculta entre las nieves encendemos unas brasas y ponemos a cocinar un conejo. Nos bebemos una buena cantidad de agua para recuperar minerales y nos tumbamos a esperar. A la tarde escuchamos gritos y después se van, media hora más tarde escuchamos otro cañonazo.
-Seis- digo -Quedamos seis...- Cada día nos acercamos más a salir de aquí-
Cuando cae la noche descubrimos quien ha sido el que se ha ido para siempre y en el cielo aparece la cara de la chica del once. Sin motivo aparente comienzo a llorar, ni la conocía ni sabía su nombre, pero ahora, estando tan cerca de la victoria duele que alguien se vaya.
-¡¡Enhorabuena tributos!!- resuena la voz de Caesar Flickerman por toda la arena -¡Quedáis seis aspirantes, Que la suerte esté siempre siempre de vuestra parte!-
-Mateo, Judith, Gonzalo, Pablo y Paula- Estos son los nombres que ocupan ahora mi cabeza, esas son las personas que tienen que morir para que yo salga de aquí. Antes de ir a dormirnos un ruido enorme suena cerca y salgo a comprobar que es, al salir veo que se ha originado una avalancha y ha impactado contra el campo de fuerza.
-Tranquilo, era una avalancha- digo al entrar para tranquilizarle. -Hoy me toca hacer guardia- digo -Duerme tranquilo-
Mientras él se tumba en el saco de dormir yo me siento cerca de la entrada con el hacha entre las piernas, esperando a que amanezca. Ya es todo un logro haber llegado hasta aquí y estoy muy contento pero tengo más miedo que nunca, no se cuántos amaneceres más voy a ver. Tampoco sé que hacer con Gonzalo, ni se me pasa por la cabeza asesinarle mientras duerme. Me ha ayudado muchísimo y no puedo pagárselo así. Parece mentira, debajo de esta capa de tributo duro, con mi cuerpo cubierto de sangre, barro, suciedad... Aquí dentro aún está Nacho, el Nacho bueno que no mataría ni una mosca. Pero por mi culpa ya se han ido varias personas, no sé que hacer. Si de verdad quiero salir al final tendré que matarle y este es el mejor momento. Lentamente me pongo de pie, arrastro mis pies a donde está él dormido y levanto el hacha, con fuerza lo bajo pero antes de decapitarle interrumpo la dirección y hago que impacte contra el suelo.
-¿Que estoy diciendo?- pienso -Únicamente estoy confuso, no voy a matarle-
Si sigo pensando me va a estallar la cabeza así que en vez de pensar canto una canción, esa canción que me ha dado fuerzas. Muy bajito comienzo tarareando y al final acabo cantandola
"I’m coming home, I’m coming home
Tell the World I’m coming home
Let the rain wash away all the pain of yesterday
I know my kingdom awaits and they’ve forgiven my mistakes
I’m coming home, I’m coming home
Tell the World that I’m coming"
-Dile al mundo que estoy yendo a casa...- susurro -A casa...- Y vuelvo a llorar. Últimamente estoy llorando demasiado pero es lo único que puedo hacer, ¿Que más me queda? Ahora no tengo nada, solo puedo llorar. Cuando empieza a amanecer decido salir a ver el sol.
-Vaya...- digo -Es maravilloso...- El cielo se ha tornado en un color naranja precioso y recuerdo el primer día en el tren que ví el mismo cielo. Es sobrecogedor, este cielo... Me encanta. No sé por que pero al ver el cielo siento cosas, tengo un presentimiento, pronto voy a salir de aquí. Puede que pasadomañana, antes de las próximas cuarenta y ocho horas estaré volando en un aerodeslizador a que me maquillen en el capitolio para volver a las pantallas. Volveré a casa, volveré a ver a mamá, "I'm coming home...

martes, 2 de diciembre de 2014

Capitulo 26

Hoola tributos!
Sí, lo siento muchísimo, casi tres semanas sin haber subido este capítulo. Es bastante corto y no estoy orgulloso pero he aprovechado estos días para escribir y digamos que está muy bien lo que he hecho. Tambien deciros que he estado pensando en un posible final, que digamos que no me gusta nada pero creo que es lo mejor para mí y para la historia. Esto no quita que aún queden muchísimos capítulos por delante, el final vendrá igual dentro de 80 capítulos o así (Queda muchísimo) y bueno, muchas gracias por estar ahí(:
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Abro lentamente los ojos y lo primero que pienso es que he vuelto a dormir demasiado porque siento el calor del sol y el color anaranjado de la tarde. Gonzalo también está dormido pero cuando me doy cuenta de lo que sucede le despierto. No es la tarde, es fuego. Los vigilantes han creado un incendio para acabar con nosotros.
-¡Gonzalo corre!- grito lo más fuerte que puedo.
Rápidamente guardamos todo en las mochilas y volvemos a correr. Al final no he dormido ni media hora y eso me está pasando factura, estoy rendido. Cada vez el fuego se acerca más a nosotros y cada vez nosotros vamos más lentos así que es cuestión de minutos que salgamos de aquí. El humo inunda nuestros pulmones y algunas bolas de fuego salen disparadas, una me da en la mano y grito del dolor. Justo cuando nos va a alcanzar saltamos a una madriguera y nos escondemos bajo tierra a que acabe todo.
-¿Que tal tu mano?- pregunta entre jadeos
-Mal- contesto yo inspeccionándomela. Esta hinchada y llena de ampollas, con agua consigo hacer que baje la hinchazón pero no tengo nada para la quemadura y ya no me queda dinero. Lo único que puedo hacer es vendármela y dormir.
-Ya hago yo la guardia- dice Gonzalo
Se lo agradezco y me tumbo a dormir hasta que el himno me despierta, salimos de la madriguera para ver a quien pertenece el cañonazo de esta mañana y me sorprende ver la cara de el chico del dos.
-Tu pedrada en la espalda al final ha acabado con él- pienso en voz alta.
-¿Puedes repetirme quien queda?-
-Mateo, la del dos, Tú, Pablo, Paula, La del once y yo-
-Pablo y Paula... ¿No eran un poco inútiles?- dice -Si no recuerdo mal no eran buenos con nada...-
-Sí, no sé cómo han llegado hasta aquí...- digo pensativo
Ahora que el incendio ha desaparecido la tormenta ha vuelto, esta vez acompañada de rayos y truenos, cómo es imposible seguir andando nos escondemos en la madriguera, sin dormir, hasta que sale el sol. Cada día la tormenta va a más pero si no avanzamos cuando podemos no llegaremos nunca. Nos atamos nuestros abrigos hasta arriba, nos cargamos las mochilas a la espalda y con nuestras armas en la mano caminamos por el sendero menos frondoso que hay. Alternamos carrera y marcha para no parar más que para beber agua y a media tarde paramos a cazar algo para comer. Una ardilla es lo único que conseguimos cazar y mientras Gonzalo la cocina yo me subo a un árbol a ubicarme. Lo que veo me deja helado, la montaña del oeste, la que era una cordillera sin árboles ahora está cubierta de lava que brota de varios agujeros. Rápidamente bajo y le cuento la situación a Gonzalo, comemos lo más rápido que podemos y al terminar nos ponemos en marcha sin descansar.
-Quieren acabar con nosotros...- digo mientras corremos -Si no nos damos prisa alguna tortura volverá aquí, primero el incendio, luego la lava..-
-Corre Nacho, no te detengas- dice Gonzalo entre jadeos
Pero yo ya estoy muy cansado, no se cuanto más podré aguantar este ritmo, la nieve del suelo hace que mover los pies sea más difícil. Además el frío de la tormenta consigue traspasar la ropa y me he resfriado. Cuando anochece consigo convencerle para resguardarnos en una pequeña cueva de la ladera de la montaña y mientras yo enciendo unas brasas él sube a un árbol para ver cuanto nos queda.
-Buenas noticias- dice cuando entra -Mañana llegaremos hacia mediodía- Eso me alegra, ya falta menos.
También ha traido unas fresas, unos arándanos y unos frutos rojos muy apetitosos. En un cesto de los que tejí el primer día hago una ensalada de frutas que nos comemos para cenar y después nos tumbamos cerca del calor de las brasas a pasar la noche. Primero hablamos un rato y cuando le entra el sueño le dejo dormir, mientras yo me quedo contemplando el fuego hasta que se apaga del todo, hay un tremendo contraste entre el crepitar del fuego en su comienzo y la paz de la ceniza que simula la vida en sí. Lo único que nos silencia es la muerte, mientras tanto debemos hacernos notar.
Y así entre reflexiones y el calor, el sueño se apodera de mí, lentamente mi respiración comienza a ir más despacio. Mis párpados caen y lo último que recuerdo es a Gonzalo tapándome con el abrigo para que no pase frío.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Capítulo 25

Hola tributos! Bueno, lo primero es que todos los comentarios me emocionan, muchisimo, hace varios meses que empecé y nunca pensé que llegaría hasta aquí. En estos meses he pensado, he reflexionado, que reido he incluso he llorado con las muertes, las escritas publicadas y las que aún están en ese documento word, MISLJDH se ha convertido en mi mayor tesoro. Me emociona lo lejos que he llegado, lejísimos, y que sepáis que aquí estoy, solo os voy a decir una cosa, esto va para largo:')
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Caminar, descansar, caminar... Todo se reduce a eso, después de haber estado toda la mañana caminando mi herida vuelve a doler .
-¿Podemos parar?- pregunto
-Está bien- responde Gonzalo -Quedate aquí sentado, voy a cazar algo- dice mientras se carga el arco al hombro y se adentra en la naturaleza. Mientras tanto yo me dedico a hacer nudos, es una afición que he cogido aquí dentro. Siempre acabo con los dedos enrojecidos pero me relaja y hace que el tiempo pase más rápido.
-Nacho ven!- susurra Gonzalo de entre los árboles.
Sin dudarlo ni un segundo cojo mi hacha y me adentro por el mismo camino que por el que ha ido él y lo que me encuentro hace que me de un vuelco el corazón. Gonzalo está atrapado en una red y a su lado están los dos tributos del dos que aún no me han visto. Al acercarme notan mi presencia y Judith, la chica, me lanza un cuchillo que esquivo por milimetros y se clava en el árbol que está justo detrás de mí. No puedo lanzarles un hachazo porque son dos y únicamente podría matar a uno, luego me quedaría sin armas así que corro hacia ellos e intento hacer el máximo posible de movimientos para evitar que me alcancen con alguna de sus armas.
-Ya le tenemos!- grita el chico
-¡Aaaaaah!- chillo cuando me atrapan -Gonzalo!-
Tengo miedo, verdadero miedo, no voy a salir de esta y lo mejor es que se van a librar de dos tributos al mismo tiempo.
-Tenía ganas de pillarte- dice amargada la del dos -Voy a matarte lentamente y haré lo mismo con tu compañero-
Me tira al suelo y se sienta sobre mí, ¿Por donde empezamos? Coge su cuchillo y lo acerca a mis ojos. -Es el fin- Mientras ella está a punto de sacarme los ojos él me sujeta las manos así que no puedo hacer nada. Reuno saliva y le escupo en la cara para frenarla pero no sirve de nada. Antes de empezar me hace diversos cortes en las mejillas, cortes horizontales que sangran mucho, cuando ya me creo muerto, veo aparecer a Gonzalo por detrás. Ninguno de los dos se ha fijado así que hago como si nada hasta que el impacta una piedra en la espalda del chico con una fuerza descomunal. Esto los aturde y me levanto a toda velocidad, recupero mi hacha y ambos
comenzamos a correr, cogemos las mochilas y corremos, ignorando todo lo que hay a nuestro alrededor. Corremos sin detenernos una hora completa y cuando ya no nos siguen descansamos a los pies de un árbol, ya debe ser la tarde y estoy muerto de hambre así que esta vez vamos los dos a cazar y tras una hora de intensas persecuciones de animales terminamos con dos pavos bien gorditos y firmes.
-Voy a subirme a un árbol para ver donde estamos- dice Gonzalo
Mientras tanto yo lleno dos botellas de agua fresquita y cocino uno de los pavos en las brasas, cuando ya he terminado vuelve Gonzalo con arándanos y los deja en el suelo para comernoslos de postre.
-¿Queda mucho para llegar?- pregunto
-No, ya casi estamos. Yo creo que pasadomañana llegaremos si seguimos con este ritmo- dice el con una sonrisa.
Nos comemos el pavo entero sin ninguna dificultad y nos bebemos las dos botellas de agua y también nos comemos la mitad de los arándanos. Cuando terminamos nos tumbamos en el suelo y no se por qué pero me pongo a llorar. Una vez leí en una parte que llorar desafía cualquier explicación científica. Las lágrimas solo sirven para lubricar los ojos. No existe razón real para que las glándulas lagrimales produzcan un exceso de lágrimas a instancia de las emociones.
Yo creo que lloramos para liberar nuestra parte animal sin perder nuestra humanidad, porque llevo dentro una bestia. La bestia que despertaron cuando ví a maría tirada en el suelo de la cornucopia, la misma bestia que me ha ayudado a sobrevivir aquí. Día tras día en esta insufrible tortura, sin saber cuando llegará mi hora. Lloro al recordar a María, haber estado 15 años juntos y pensar que ahora no la voy a ver más hace que me sienta gilipollas. Por no haber aprovechado el tiempo antes de que se fuera. Pero ahora ya es tarde, no puedo hacer nada más que salir de aquí totalmente cuerdo.
Después de haber descansado seguimos caminando, ahora me toca a mí ir delante porque la maleza es cada vez más espesa y sin el hacha no podemos avanzar. Esto hace que reduzcamos el ritmo por lo que nos costará más llegar pero hace que nos cansemos menos. A la tarde conforme caminamos comienzan a aparecer manchas de nieve en el suelo y aprovecho para llenar las botellas con nieve que se derretirá. Cuando el sol empieza a ponerse el frío se apodera de nosotros así que decidimos parar, extendemos los sacos de dormir debajo de un árbol y los cubrimos de hojas para hacer una especie de tejadillo que nos resguarde del frío y del viento.
-¿Cuánto crees que nos quedará?- Pregunta Gonzalo melancólico
-No mucho- contesto -Quedan 6 sin contarnos a nosotros-
Charlamos animadamente sobre cómo eran nuestras vidas en el exterior antes de esto, de nuestras familias, de nuestras aficiones... Hablamos hasta que nos quedamos dormidos, sin preocuparnos de nada.
Abro un ojo, después el otro y observo que ya es de día aunque no brilla el sol, unos nubarrones negros como el humo lo ocultan. De los nubarrones comienzan a caer unos copos de nieve del tamaño de pelotas de tenis y en unos segundos el suelo ya está totalmente cubierto.
-¿Que vamos a hacer?- pregunto yo -¿Esperamos o seguimos?-
La respuesta a nuestras preguntas llega en forma de paracaídas para Gonzalo, son dos abrigos de pelo bien gruesos, dos gorros de lana y dos gafas de ventisca.
-Seguro que ya me he quedado sin dinero- dice Gonzalo -Bueno, ¿Vamos?- dice
Nos ponemos los abrigos, los gorros y las gafas. El calor vuelve a mi cuerpo, el calor regresa junto con todas mis emociones. El frío hacía que no pensara en nada, pero cuando uno está bien es cuando se da verdadera cuenta de lo que ocurre. Aún no me creo que esté viviendo esto sin que me haya dado un infarto.
Quizá la mayor facultad que posee nuestra mente sea la capacidad de sobrellevar el dolor. El pensamiento clásico nos enseña las cuatro puertas de la mente, por las que cada uno pasa según sus necesidades. La primera puerta es la puerta del sueño. El sueño nos ofrece un refugio del mundo y de todo su dolor. El sueño marca el paso del tiempo y nos proporciona distancia de las cosas que nos han hecho daño. Cuando una persona resulta herida, suele perder el conocimiento. Y cuando alguien recibe una noticia traumática, suele desmayarse. Así es como la mente se protege del dolor; pasando por la primera puerta. La segunda puerta es la puerta del olvido. Algunas heridas son demasiado profundas para curarse, o para curarse deprisa. Además, muchos recuerdos son dolorosos, y no hay curación posible. El dicho de que "el tiempo todo lo cura" es falso. El tiempo cura la mayoría de las heridas. El resto están escondidas detrás de esa puerta. La tercera es la puerta de la locura. A veces, la mente recibe un golpe tan brutal que se esconde en la demencia. Puede parecer que eso no sea beneficioso, pero lo es. A veces, la realidad es solo dolor, y para huir de ese dolor, la mente tiene que abandonar la realidad. La última puerta es la de la muerte. El último recurso. Después de morir, nada puede hacernos daño, o eso nos han enseñado.
Así son los juegos, al final todos pasan por la cuarta puerta y quien consigue salir nunca encontrará la manera de superar lo que ha vivido aquí. Podrá dormir pero le perseguirán las pesadillas. Intentará olvidar, pero uno no olvida tan fácil, uno no olvida la sensación de tener la muerte a la vuelta de la esquina. Algunos se refugiarán en la locura, que no impedirá recordar. Esto nunca termina, una vez entras ya nada te puede bajar de aquí. Solo la cuarta puerta, la muerte, es la única capaz de cortar tus lazos con el pasado.
Y aquí estoy yo, atrapado como una simple marioneta ante el poder del capitolio. Me prometí que no iba a ser una pieza de sus juegos y aún no he hecho nada para demostrarlo, si ahora muero no podré hacerlo como si fuera yo mismo, lo haría siendo un asesino.
Conforme más avanzamos más crece la tormenta de nieve, aunque no la notamos gracias a los regalos de los patrocinadores. Llevamos varias horas caminando, atentos a cualquier señal de que haya algún tributo cerca pero no hay nada. Parece ser que somos los únicos que hemos seguido, a pesar de la tormenta. Yo voy delante, observando la brújula y Gonzalo va detrás, cubriéndome las espaldas.
-¿Podemos parar?- Pregunta él con un tono cansado
-Claro- digo yo con una sonrisa.
Ya debe ser la tarde, no vemos el sol pero llevamos andando muchísimo tiempo y el hambre vuelve a llamar a nuestros estómagos. -Aún nos queda uno de los pavos- digo yo -El humo no se verá con tanta nieve-
Después de haber cocinado el pavo apagamos el fuego y nos lo comemos, sin dejar nada. Terminamos los arándanos que quedaban y nos bebemos una botella de agua fresquita.
-Pum!- Cañonazo, quedamos 7.
-¿Que quieres hacer?- Pregunto a Gonzalo -¿Descansamos o seguimos?-
Su elección es descansar, así que nos sentamos a los pies de un árbol y hechamos una cabezadita por turnos. Primero vigilo yo y cuando él se despierta me duermo yo aunque con un terrible sentimiento de que la muerte anda tras de mí, siguiendome paso a paso a veces incluso llegándo a tocarme pero sin conseguir matarme. ¿Cuánto me quedará de vida? Es la pregunta que llevo hacíendome infinidad de veces estas semanas.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Capítulo 24

No tengo tiempo para hacer una entrada muy detallada en la que os cuente algo debido a mis examenes así que aquí os dejo el capítulo 24 :D
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Cuando el frío ya se apodera de nosotros decidimos volver dentro, el cambio de temperatura entre la cueva y el exterior hace que se me empañen las gafas y me las tengo que quitar para conseguir ver algo. Colocamos nuestros sacos de dormir cerca de las brasas y nos dormimos los dos, sin hacer guardias. Descansamos hasta mediodía aproximadamente y nos despertamos a causa del sonido de un sinsajo, su canto es melodioso y realmente no se decir a que me recuerda. Nos aseamos con un poco de agua y mientras preparamos todo para salir, guardo en mi mochila la cuerda, un termo con café, la botella con agua, el botiquín y el saco de dormir. En la de Gonzalo guardo el otro saco, los dos cuchillos, la otra botella de agua y el pavo silvestre.
-¿Vamos?- digo sonriente mientras me pongo la mochila en la espalda.
-Vamos- Dice él mientras recoge su mochila y se carga el arco plateado al hombro.
Salimos de la que ha sido nuestra madriguera durante unos días y nos ponemos en marcha para adentrarnos en la montaña, no se cómo de frondoso es el bosquecillo pero estoy seguro de que llegaremos antes de que anochezca. Yo voy delante con mi brújula en mano y el hacha en la otra, que aún tiene algo de sangre del tributo del doce. Mientras caminamos la limpio un poco y después seguimos siempre hacia el este, para llegar a la montaña.
-Estate atento- susurro cuando escucho el sonido de las hojas y pisadas en el suelo.
-Ponte detrás de mí- me susurra Gonzalo mientras carga el arco con una de sus flechas.
Lentamente me coloco tras él pero mirando hacia el oeste por si nos atacan por detrás, empuño el hacha y me preparo para atacar a quien sea. La del once aparece entre los arbustos y me lanza un cuchillo que consigue atravesar la piel de mi pierna. Gonzalo le dispara una flecha que consigue esquivar y se va corriendo perdiéndose entre la maleza.
-¿Estás bien?- Pregunta Gonzalo mientras se acerca a mí -Sientate un poco-
Me siento en el suelo apollado en el tronco de un árbol y Gonzalo me saca el cuchillo con suavidad luego le doy el botiquín para que me cure. Yo no consigo verme la herida pero por lo que me dice Gonzalo es una herida limpia, que no ha llegado al hueso. Paso a paso le doy todas las indicaciones para desinfectar y coser, media hora después el agujero ya está cerrado, aunque no ando con facilidad.
-¡Tengo una idea!- dice Gonzalo mientras coge mi hacha y se adentra entre los árboles. Poco después vuelve con varias ramas robustas y algunas lianas que usa para hacerme una muleta. -Aquí tienes- Dice con una sonrisa.
También me devuelve el hacha que llevo con la mano derecha, con la otra me sujeto a la muleta que me ha fabricado Gonzalo y así, con las manos ocupadas y la mochila bien cargada comienzo a andar. Ahora soy yo el que va detrás, cubriendo las espaldas de Gonzalo.
-Creo que ya hemos llegado a la montaña- dice él un rato después mientras comenzamos a ascender por una colina.
Efectivamente, hemos llegado a la montaña. -Deberíamos acampar- digo -Tal vez encontremos alguna cueva o madriguera-
Poco después anochece y comienza a llover. -Genial- decimos a la vez, ahora sí que hay que buscar un refugio. Corremos todo lo que podemos fijándonos en el suelo por si hay alguna madriguera. Al final encontramos algo, es otra madriguera pero del tamaño de tres personas tumbadas. Al fondo colocamos las mochilas y nosotros dos nos tumbamos en nuestros sacos porque la altura es de tres palmos y no nos permite ni sentarnos. Al estar tan cerca el uno del otro compartimos nuestro calor y ambos nos dormimos, sin pesadillas ni molestias.
-Buenos días Nacho- susurra Gonzalo. -Despierta para ver esto-
Rápidamente salgo y veo que me han enviado un regalo, mi último regalo. Es un pedazo de tarta de cumpleaños y una carta -¿Es hoy?- me pregunto y al volver a mirar la tarta se resuelven mis dudas.
-¡Felicidades Nacho!- sonríe Gonzalo.
-Muchísimas gracias...- susurro incrédulo.
Leo la carta y veo que es de mi madre, las lágrimas se deslizan por mis mejillas. Con voz alta y firme leo lo que pone
-Hola Ignacio,
Muchísimas felicidades, que sepas que no me olvido de tí. Aquí todos estamos muy ilusionados con que hayas llegado a los ocho finalistas aunque no sabes la tristeza que pasamos el día del asesinato de María. Su familia está destrozada, todo el pueblo está con los ánimos puestos en tí. Entre todos hemos conseguido reunir el dinero necesario para esto, espero que te guste. Creo en tí, sé que eres fuerte y que saldrás de allí. Tienes todo lo que necesitas y a un compañero maravilloso, ahora mismo eres el mejor. Te quiero muchísimo y te echo de menos, espero que nos volvamos a ver muy pronto. Estoy segura de eso, hazlo por nosotros.
Con amor,
Mamá ♡
Las lágrimas de mis ojos caen y se posan en el papel junto con sus lágrimas que ya estaban en el papel. Me quito el medallón y lo abro, ahí está ella, al mirarla a la cara me seco las lágrimas y me calmo. Desayunamos café y tarta, el mejor desayuno que he tenido hasta ahora y nos volvemos a poner en marcha, esta vez sin la muleta. No sé cuanto tiempo me quedará aquí pero sé que esto se va a acabar pronto. Nos llevará cuatro o cinco días llegar a la montaña nevada pero es mucho más seguro ir por aquí que por cualquier otro lado. La verdad es que no tengo ni idea de por qué Johanna quiere que vayamos allí pero si nos lo pidió será por algo, así que hay que ponerse en marcha y conseguir llegar vivos hasta allí.
Ahora me acuerdo de cuando me presenté, sentía que iba a morir, sentía que había firmado mi sentencia pero ahora tengo esperanza, he superado a 18 tributos y solo me quedan siete más.
-Siete...- me digo a mí mismo -Pero uno de ellos es Gonzalo- Realmente no se qué haré, ¿Cómo voy a asesinar a alguien que me ha ayudado tanto? Si saliera de aquí habiendo matado a Gonzalo no me lo perdonaría nunca.
-¿Que pensará él? ¿Me asesinará primero? ¿Saldrémos los dos? ¿Nos matarán a los dos?- Las dudas crecen en mi cabeza y se acumulan junto a las que ya tenía. Tampoco había pensado en la posibilidad de que nos asesinaran, yo tenía esperanzas en salir de aquí vivo, no muerto.
Pero las cosas son como son, yo me presenté conociendo los riesgos y por ahora me ha ido bien, más que bien. Pero esto es un juego, unas veces la balanza se inclina hacia un lado pero en un instante también puede irse hacia el otro lado. No sé que pasará mañana, igual mañana ya no estoy aquí y un cañonazo me ha sustituido.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Capítulo 23

Bueeenas Tributos!!
¿Quereis matarme? Lo comprenderé, ¡Dos semanas sin subir el siguiente capítulo! Pero creo que la espera merece la pena, este capítulo no os va a dejar indiferentes, ya veréis! Aquí teneis el capítulo 23!
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Corremos todo lo que podemos, la táctica de la mano en la pared no sirve ahora porque no tenemos mucho tiempo así que corremos atravesando infinidad de calles iguales que logran confundirnos, pero no frenarnos. Ahora la táctica es fácil, correr por todo el laberinto hasta llegar a la salida.
De vez en cuando suenan las trompetas para decirnos cuanto nos queda pero no perdemos tiempo y seguimos nuestro camino a través de estrechas y altas calles de casas y muros. Al mediodía descansamos y nos comemos el conejo, después seguimos y a la tarde la esperanza nos abandona. Cuando las trompetas anuncian que queda una hora corremos más que nunca hasta que al final consigo ver la salida. Aquí esperamos hasta que empieze el banquete, puedo ver a el del doce, a Pablo y Paula...
-Voy yo- dice María
-No, tu no vas a ningún lado- Le freno con el brazo.
-Nacho, por favor. Corro más que tú y solo será ir cogerlo y volver- Dice suplicando.
Al final acepto aunque la idea no me gusta nada, dejamos nuestras mochilas en el suelo y lo único que cogemos son nuestras armas. A las doce escuchamos unas campanadas y una mesa con mochilas aparece en el centro.
-Suerte- Le susurro.
Primero van los del dos, que cogen su mochila y desaparecen por el este, luego Pablo y Paula y a la vez sale María. Pablo y Paula son más rápidos y se van corriendo, entonces mientras ella está cogiendo la mochila aparece el del doce por detras con un cuchillo. María escucha su grito y cae hacia atrás asustada, ni un segunto más tarde, corro yo a por él como si me fuera la vida en ello y consigue esquivar el hachazo, haciendo que mi hacha se quede a veinte metros de mí. Le pego un puñetazo en la cara mientras María se intenta levantar lo cual me da unos segundos para ir a por mi hacha pero lo siguiente pasa muy rápido, el del doce mata a María acuchillándola en el cuello y yo me lanzo a por él, agarro el hacha con las dos manos y se lo clavo en la cabeza. -¡Pum!- El del doce -¡Pum! -El de María- Le saco el hacha del cráneo y le dejo tirado ahí. Corriendo voy donde María y le abrazo, le abrazo como si pudiera compartir mi vida con ella pero sé que ya no está. Le doy un profundo beso en los labios y entonces me acuerdo de lo que dijo.
-¿Sabes? Una persona muerta es capaz de oir hasta 7 horas después de su muerte- Oigo en mi cabeza su melodiosa voz. Entonces le susurro un te amo al oido que espero que escuche y me alejo de ellos dos para que se los lleve el aerodeslizador.
Pienso en Peeta, ese chico era su tributo. Él me ha ayudado muchísimo y yo se lo pago así, matando a la única posibilidad que tenía de sacar una persona de esta horrible tortura aunque bueno, ahora todo me da igual. Han despertado a la bestia que llevo dentro, me han abierto los ojos y ahora me acuerdo de aquella frase: si la vida te da razones para llorar demuestrale que tienes mil razones para reír. María eran mis mil razones para reír y ahora que no está solo me queda llorar.
Voy a la mesa, cojo la mochila con la medicina para Gonzalo y al llegar a la entrada del laberinto guardo las cosas importantes de la mochila de María en la mía. Me pongo la mochila en los hombros, agarro el hacha con una mano y en la otra llevo la brújula para salir de aquí cuanto antes. Corro toda la noche buscando la salida y esta vez la encuentro incluso antes de que amanezca, al salir no me detengo a descansar y sigo corriendo durante todo el día hasta que llego al bosquecillo al atardecer. Busco la madriguera, rápidamente le pongo la medicina a Gonzalo y me caigo rendido por haber estado todo el día corriendo, sin descansar.
-¡Nacho!- Me grita Gonzalo para despertarme -Nacho despierta-
Lentamente abro los ojos y compruebo que apenas he dormido media hora porque aún es la tarde.
-Creo que me debes una explicación ¿No?- Pregunta
Comienzo contandole todo desde el principio, cuando le atacaron los del 9 y el 10. Le cuento que se durmió y fuimos a un banquete en la cornucopia y teníamos dos días para llegar, también le cuento que conseguimos su medicina pero cuando me toca contarle lo de maría empiezo a llorar y entre llantos le voy contando todo. Al final me calmo gracias a su apollo y después le reviso la herida, está mucho mejor. Ya no está infectada y la carne que estaba negra ahora está recuperando su color rojizo propio de alguien sano cosa que me tranquiliza. Si hubiera muerto también Gonzalo ahora mismo estaría destrozado, pero ahora que no está María y que tengo a Gonzalo conmigo voy a salir de aquí, lo tengo clarísimo.
-¿Cenamos algo?- Dice Gonzalo para romper el silencio.
La verdad es que me muero de hambre, ayer no comí nada en todo el día así que estoy realmente hambriento. Le doy a Gonzalo la fuente para sacar agua del subsuelo y mientras tanto yo cocino la carne del muto que Gonzalo no se comió, esta carne la recogimos hace varios días y no sé cuando se pondrá mala pero lo que sobre hoy lo voy a tirar por si acaso pasa algo. Cenamos hasta llenarnos y bebemos dos botellas de agua, al terminar salgo fuera y cavo un agujero. Ahí escondo la carne del muto y lo tapo para esconderlo, cuando termino me quedo fuera, me tumbo en el árbol cerca de la madriguera y espero a que empiece el himno para poder ver a María una última vez. Ahora mismo soy un tributo desprotegido, estoy aquí, al aire libre y con mi hacha dentro de la madriguera. Puede que me lo merezca, que me den mi propia medicina. He matado a tres personas, tres personas con una vida fuera de aquí al igual que María. Ahora me doy cuenta de lo que pasa fuera, ¿Cómo estarán sus Padres? ¿Y el resto del pueblo? Intento imaginarme la situación, todos en la plaza viendonos en las pantallas y de un momento a otro María está muerta. Eramos diez y han muerto dos, quedamos 8.
-¡Ocho!- Grito -¡Hemos llegado a los ocho finalistas!- Estoy a solo 7 puestos de salir de aquí y eso hace que me ponga realmente contento. Tras un rato tumbado en el árbol comienza el himno y ahí está ella, con esa sonrisa perfecta y su pelo naranja perfectamente rizado, luego aparece el del doce y después el cielo se vuelve a oscurecer. Es imposible contener las lágrimas que brotan de mis ojos despues de haber visto su cara por última vez. Sin darme cuenta Gonzalo se sienta a mi lado y me rodea con el brazo, siento su calor en medio del frío de la noche y me reconforta. Ahora no puedo rendirme y dejarle solo, no puedo desaparecer, así que con nuevas esperanzas puestas en mí me prometo salir. Sea como sea yo voy a salir de aquí, estoy seguro de eso.

domingo, 19 de octubre de 2014

Capítulo 22

Tribuutos!! Bueno, se que tuve que subir capítulo el viernes y lo siento, muchísiimo!! Enfiin, aquí teneis este capitulazo, a mi parecer es EL MEJOR CAPÍTULO DE TODOS. El final me encanta y no me gusta no poder describirlo tal y como me lo imagino. Un besaazo :3
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Cuando me despierto hace calor y la luz que entra no es clara, más bien es anaranjada por lo que o fuera hay un incendio o hemos dormido demasiado. Lentamente abro los ojos y veo a María y a Gonzalo sentados comiendo algo de carne y charlando animadamente, me alegra ver a Gonzalo totalmente recuperado así que salgo del saco de dormir y me siento junto a ellos
-¿Quienes fueron los que murieron ayer?- Pregunto yo
-El 9 y el 10- Contesta María
Hago memoria de quien queda, está el chico del uno, los dos del dos, Gonzalo, Pablo y Paula, Nosotros dos, la del once y el del doce. -Solo 10...- pienso. También me acuerdo de Pablo y Paula, realmente no pensaba que llegarían tan lejos, pensaba que iban a morir en el baño de sangre pero seguro que están bien. Después de haber comido un poco de carne me dispongo a revisar la herida de Gonzalo pero lo que veo no me gusta nada, está infectado y la carne empieza a pudrirse. En este estado no puede aguantar mucho porque la infección se extenderá y si llega a organos vitales podría ser mortal. Antes de hacer nada le limpio la herida con abundante agua y después le pongo agua oxigenada para intentar desinfectarla un poco. Al acabar no está mucho mejor y como no se que más hacer le mando a dormir hasta encontrar otra opción.
-Crees que...- Dice María
-No, si no lo curamos pronto morirá- Contesto yo.
Por mucho que me cueste admitirlo Gonzalo está muy mal, el era la única esperanza que tenía de salir de aquí, el era nuestro billete de vuelta. Como no tenemos nada que hacer decidimos dormirnos hasta mañana, sin guardias. Me tumbo en el suelo, guardo el hacha cerca de mí y me vuelvo a dormir al lado de María hasta que vuelva a salir el sol.
Unas trompetas suenan a lo lejos y nos despiertan a María y a mí. -¿Que pasa?- Pregunta María. Segundos despues Caesar Flickerman nos soluciona nuestras preguntas, van a celebrar un banquete en el que se nos otorgará algo que necesitamos urgentemente. Rápidamente descarto la idea, en los banquetes siempre muere algún tributo pero entonces me acuerdo de Gonzalo. El necesita la medicina para salvarse aunque si voy y me matan moriré yo y morirá él. Caesar continúa hablando y nos cuenta que mañana a media noche se celebrará el banquete y luego se despide y nos desea suerte.
Miro a María, ella me mira a mí y nos ponemos los dos en pie. No le voy a impedir que me acompañe, suena egoísta por mi parte pero yo solo no podría llegar a la Cornucopia. Le dejamos a Gonzalo casi toda la comida y le rellenamos tres botellas. Nosotros tenemos un poco de carne, la fuente portátil y la posibilidad de cazar, recogemos nuestras mochilas y cogemos las armas. Al salir camuflamos la entrada de la madriguera y emprendemos nuestro viaje, llegar hasta aquí nos ha llevado mucho tiempo pero solo tenemos dos días para llegar a la cornucopia así que hay que ir más rápido. Salimos del bosquecillo y en la explanada me pongo yo delante con el hacha preparada para defendernos, de vez en cuando paramos a beber un poco de agua pero no comemos. Solo tenemos un pedazo de carne y como no cace algo antes de entrar al laberinto nos vamos a morir de hambre.
-¿Cuanto crees que queda?- Es la pregunta que me hace María. La verdad es que la misma pregunta se repite en mi cabeza continuamente, es angustioso no saber que hora es, ni cuanto falta... Me saca de quicio estár aquí sin saber como transcurre el tiempo.
-No lo sé, pero como no lleguemos en menos de dos días esto habrá sido en vano y posiblemente moriremos- Contesto yo y le doy vueltas a lo que he dicho, tenemos que hacer el mismo camino que nos tomó varios días en dos. Técnicamente es imposible.
Cuando María tropieza con algo paramos a descansar al lado de un arbusto que tiene frutos azules. Creo que son arándanos así que recogemos unos pocos y nos sentamos a descansar mientras bebemos agua. Mientras ella bebe a mí se me ocurre una genial idea, recuerdo haber visto por la televisión un reloj solar, solo había que clavar algo el en suelo y dejar que se proyectara la sombra. Como no hay palos a nuestro alrededor clavo uno de los cuchillos de María y rápidamente veo que son las dos de la tarde. Tenemos una tarde y un día entero para llegar allí así que más o menos al laberinto llegaremos en unas seis horas, allí descansaremos en una casa una o dos horas y nos queda toda la noche y todo el día para cruzarlo. Cuando ya hemos terminado todo nos volvemos a poner en pie, le devuelvo el cuchillo a María, recojemos algunos arándanos más y volvemos a emprender la marcha hacia el laberinto. Mientras caminamos yo juego con el hacha y María hace algunos nudos para entretenerse, también paramos a cazar y me alegro de haber traido a María ya que ha conseguido un conejo y un pavo. Caminamos los dos a la par, con el sol a punto de ponerse, todo se ve con un color anaranjado precioso que junto con el olor característico que inunda la arena, transforma todos los problemas en polvo.



Es casi indescriptible. Cuando el sol ya se empieza a ocultar tras la montaña veo el laberinto a lo lejos y corremos. Estaría bien congelar este momento, los dos aquí, corriendo con el viento dandonos en la cara. El cielo naranja y con el sol poniéndose que dan paso a un cielo negro inmenso que te hipnotiza, lleno de estrellas fugaces y otras que desprenden brillos y colores maravillosos. Todo esto mientras escucho su risa es maravilloso, es como estar una noche de verano con ella en el bosque. Entre las risas y el calor casi no me doy cuenta de donde estoy, media hora después ya estamos a la entrada del laberinto así que entramos en la primera casa que vemos y allí nos acomodamos en el salón. Inspeccionamos la casa por separado y un rato después vuelvo al salón con unas latas de conserva de albóndigas con tomate que he calentado en la cocina. Cuando llega María nos las comemos y después nos tumbamos en el sofá a descansar.
-¿Sabes? Una persona muerta es capaz de oir hasta 7 horas después de su muerte- Me dice María.
-¿A que viene esto?- Le pregunto entre risas
-Que igual los tributos escuchan lo que pasa en el aerodeslizador que se los lleva y conocen algún secreto del Capitolio- Contesta -Sería guay!-
Es verdad, el capitolio oculta muchas cosas y estaría bien poder espiarles. Nos pasamos toda la noche charlando y hacia las tres de la madrugada dormimos un poco. Horas después nos despiertan unas trompetas para indicar que nos quedan 18 horas. -Ya son las seis- pienso. Nos ponemos en marcha lo más rápido que podemos y antes de salir comprobamos que no hay nadie fuera.
-Vamos allá- Pienso -Prepararos juegos porque allá vamos-

jueves, 16 de octubre de 2014

Premio Dardos


Hoola tributos!! Esta entrada es sobre unos premios a los que estoy nominado. Un beso a todos(:


Me ha nominado Nina del blog 
Y yo nomino a Paula yuna thg-una profesional diferente
A Drew Odair El blog del distrito 7
Y a Paula Jasuas 1° juegos del hambre

Ahora voy a pasar a contestar a las preguntas que también tendrán que contestar las chicas de los maravillosos blogs de ahí arriba

1°) La frase más épica del mundo mundial
"Algún día diré: No fue fácil pero lo logré"

2°) Algo que querrías hacer con todas tus fuerzas pero que crees que no podrás hacer
No sé... Algo que me ENCANTARÍA pero que no creo que pueda ser es que se creara una película (como ljdh) para mi historia

3°) Que crees que entiendo por abracadabrante y que entiendes tu?
Pues algo mágico y raro ¿no?

4°) Escoge una imagen
Tengo pereza, no me apetece NADA ponerme a buscar ahora una buena foto

5°) ¿Con que personaje ficticio te llevarías bien?
Con hermione Granger y Peeta Mellark

6°) ¿Que canción/libro/película desearías haber inventado tu?
Brave, de Sara Bareilles y los juegos del hambre

7°) ¿Alguna vez has creido que era odio pero era miedo? ¿Alguna vez has creido que era odio pero era envidia?
Sí, muchísimas veces. El odio y la envidia son sentimientos que se confunden facilmente

8°) Describete en una palabra
Equilibrado

Bueno, gracias por el premio. Siento no subir el adelanto que prometí, esque no he encontrado NINGUNA parte en la que no se diera ninguna pista sobre el final. Espero que no os moleste, juro que os lo compensaré :3 


sábado, 11 de octubre de 2014

Capítulo 22

Hoola tributos!!
Ya lo siento pero no pude subir capítulo el martes como pensé debido a mis exámenes (Esta semana me dan las notas, ya os diré :S) Bueno, tengo algun premio por ahí pendiente de entrada así que igual esa entrada la publico el miercoles y pongo un avance, no se si del siguiente capi o de cuando ya hayan salido de los juegos. Enfin, aquí teneis el capítulo 22!
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Me despierto con el himno tronando en medio de la noche, si no recuerdo mal hoy habían muerto dos tributos que poco después descubro que eran la chica del 10 y el chico del 11. Me vuelvo a dormir con muchísima dificultad hasta que el sol aparece por la montaña. He pasado miedo toda la noche, ayer dormimos a la salida del laberinto, sin escondernos ni nada y casi no pego ojo. Hoy nos queda un largo camino por delante, hasta llegar a la montaña del oeste hay una larguísima explanada y tras la explanada un bosquecillo bastante frondoso. Antes de hacer nada les despierto a los dos y guardamos todas nuestras cosas en las mochilas, después con nuestras armas en la mano y las mochilas a la espalda emprendemos el largo camino. Mis esperanzas no son muchas, llevamos más de veinticuatro horas sin haber bebido ni una gota de agua y si hoy no ingerimos algún líquido nuestra estancia aquí terminará pronto. Tras andar una hora nuestros cuerpos empiezan a fallar, casi no hago pis y mi boca apenas segrega saliva. Presiento que vamos a volver a casa, que no vamos a aguantar pero entonces un pitido rompe el silencio.
-Un paracaídas- Gritamos los tres.
Con la poca fuerza que nos queda corremos hasta llegar a el y lo abrimos, entonces me llevo una desilusión, yo esperaba que fuese agua pero lo que hay dentro de la cápsula es un tubo metálico y una notita que dice -Plántalo-
Cojo el tubo, lo clavo en el suelo con la fuerza que me queda y entonces lo entiendo todo, Johanna no nos ha enviado una botellita de agua, nos ha enviado la posibilidad de tener agua en cualquier momento ya que es una fuente portátil, después de unos segundos de espera empieza a brotar agua pura. Bebemos hasta reventar y nos aseamos un poco, después guardo la fuente en mi mochila y continuamos nuestro viaje por la explanada.
A media tarde, cuando el sol ya está descendiendo y el cielo se vuelve naranja y rosa llegamos al bosquecillo, al llegar buscamos algún sitio donde pasar la noche y rápidamente encontramos a los pies de un árbol una madriguera enorme, del tamaño de cinco personas tumbadas. Al fondo del todo colocamos las mochilas con los suministros y la entrada la cubrimos de hojas para ocultarla un poco. Cuando ya estamos organizados enciendo el fuego y luego lo apago con la bota rápidamente para que no produzca humo, con el calor se me empañan las gafas y me las tengo que quitar porque no consigo ver nada. Corto con el hacha unos pedazos de carne de muto y los coloco en las brasas, mientras tanto María intenta clavar la fuente en el suelo y con ella llena todas las botellas y los termos del café. Cuando le paso el último termo me doy cuenta de que está lleno
de café. -¡Genial!- Pienso -¡Para la guardia!- Mientras la carne se cocina Gonzalo saca la cacerola de la mochila y la llena de agua, echa unas hierbas y un poco de carne y aprovecha el calor de las brasas para hacer una sopa. Yo saco la cuerda y juego un rato con ella, al final cuando la carne ya está hecha acabo con las manos rojas pero las pongo en agua y se me pasa rápido. Cenamos un poco de sopa, la carne y nos bebemos dos botellas de agua. Al terminar Gonzalo se ofrece a ir a recoger madera para el fuego y mientras el sale con su arco nosotros nos quedamos recogiendo las cosas. Guardamos el resto de la sopa en una botella, rellenamos otra vez las botellas de agua y esperamos tumbados al lado de las brasas a que vuelva Gonzalo. Parece mentira como cambian las cosas, ayer no teníamos ni comida ni agua y estabamos moribundos en cambio hoy tenemos carne para varios días y agua infinita aunque no se cuánto va a durar esta situación, además si no hacemos algo los patrocinadores nos van a dejar. -Los patrocinadores...- Ya casi se me habían olvidado, Johanna me ha regalado tres cafés, unas gafas para ver en la oscuridad y la fuente por lo que ya no me puede quedar mucho dinero, quedará para una o dos cosas. A maría también le regaló el saco de dormir y el cuchillo así que nos queda muy poco dinero.
-Pum!- Cañonazo. Me estremezco y temo por Gonzalo, cojo el hacha y le mando a María que me espere dentro. Salgo de la madriguera y siento el frío de la noche recorriéndome el cuerpo.
-Nacho corre!- Grita Gonzalo. Voy corriendo a donde está el y veo que ha matado a un tributo con su arco y que otro tributo se dirige hacia él empuñando  un machete. No le va a dar tiempo a reaccionar así que lanzo mi hacha y segundos después suena el segundo cañonazo, le he matado, le he clavado el hacha en la cabeza. Recojo el hacha, ayudo a Gonzalo que está herido y volvemos a la madriguera.
-Corre! Saca el botiquín!- Le grito a maría mientras tumbo a Gonzalo boca abajo. Tiene una flecha clavada en la espalda pero no la puedo sacar directamente así que tengo que abrirle. -Esto te va a doler, y mucho- Con el cuchillo hago una pequeña incisión y abro un agujero, saco la flecha y luego le pongo muchísima agua oxigenada. Con el hilo y la aguja vuelvo a coserle y una hora después ya vuelve a estar estable aunque con muchísima fiebre, le doy dos pastillas para bajarle el calor corporal. Le pongo un paño mojado en la frente y le dejamos dormir al fondo de la cueva. Cuando nos vamos a ir a dormir María insiste en hacer la guardia así que le dejo las gafas para ver en la oscuridad y se queda sentada a la entrada con sus dos cuchillos. Me quedo cerca suya por si pasa algo aunque al estar en el saco de dormir me duermo muy agusto por el calor que hace en la cueva. Pienso en los juegos, realmente nunca pensé que llegaría tan lejos. Me acuerdo de cuando entrenaba con María en los hologramas de la cornucopia, siempre nos mataban. Seguro que en casa están viendonos continuamente desde las pantallas de la plaza y mamá estará con apoyo continuo de la gente del pueblo, si uno de nosotros volviese llevaríamos la fama y la riqueza a casa. Pero yo lo he dicho, si uno volviese, solo uno. Aún no me he planteado que pasaría si María y yo nos quedásemos los dos últimos, no podría matarla y ella a mí tampoco. La verdad es que me presenté para salvarla pero la idea de salir de aquí muerto no me gusta nada. Pero así es la vida ¿No? Hay que dar un paso al frente, dar la cara por quien quieres aunque eso suponga regalarles mi vida y no volver a ver una puesta de sol, la risa de María, la voz de mi madre, los pajaros que vuelan por la pradera, los frondosos bosques... En definitiva, hay que ser muy valiente para ofrecer mi vida a cambio de la de alguien.

viernes, 3 de octubre de 2014

Capitulo 20

Hoola tributos!!
Bueno, toca nuevo capítulo!! Llevo toda la semana esperando este día, para que podais leer este supercapítulo. Bueno, aquí os lo dejo, ojalá lo disfruteis muucho :3
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-¡Nacho! ¡María!- Grita Gonzalo -!Corred!
Me despierto lo más rápido que puedo y recojo las cosas en la mochila sin saber que pasa hasta que hecho un vistazo al cruce de la calle en la que estamos. Entonces lo comprendo, la niebla venenosa de otros juegos está aquí para confundirnos. Si Gonzalo no hubiera estado haciendo la guardia ahora mismo estaríamos muertos así que técnicamente le debemos la vida. Me pongo la mochila en la espalda y le ayudo a María a levantarse pero aún está medio dormida por lo que le doy mi mochila a Gonzalo y yo le monto en mi espalda. Ahora hemos perdido el rumbo de correr sin saber por donde vamos por lo que todo el trabajo que hicimos ayer hasta llegar aquí ha sido en vano. Corremos a través de calles pero creo que la niebla no tiene intención de parar así que pienso en alguna forma de escapar de ella. -Vale, hay que pensar rápido- me digo cuando apenas unos metros nos separan de ella. Entonces se me ocurre, entrar a una casa. Es muy arriesgado porque puede que haya tributos dentro pero no hay otra opción, abro la puerta de la primera casa que encuentro y saltamos los tres a dentro antes de que nos coma la niebla.
-Pum- Otro cañonazo. Reviso a ver si María y Gonzalo están bien y me alegro de que sí que lo estén aunque me preocupa quien pueda ser. Nos ponemos nuestras gafas para ver en la oscuridad y inspeccionamos la casa, por suerte no encontramos a nadie aquí así que mientras ellos se instalan en el salón yo voy a la cocina a ver si encuentro algo, mi prioridad era encontrar agua ya que ayer nos quedamos sin ella y es vital para continuar aquí. Abro el grifo y no me sorprende que no caiga agua, sería demasiado sencillo, compruebo todos los armarios y tampoco encuentro comida por lo que solo tenemos un pavo, continúo vagando por la casa hasta que me tropiezo con un agujero del suelo.
-Estás bien?- Al parecer han escuchado el sonido -Si, tranquilos- les contesto. Compruebo el agujero varias veces hasta que descubro que es una trampilla, la abro y bajo al sótano secreto de la casa, está todo oscuro y polvoriento pero poco a poco me voy adaptando a la oscuridad hasta que me topo con un armario que tiene toda la pinta de tener suministros dentro. La comida está podrida y con moho aunque hay un botellín de agua, no tiene mala pinta así que la subo y bebemos cada uno un pequeño trago. Con la niebla venenosa fuera casi no me doy cuenta de que ya ha amanecido pero aún no podemos salir.
-No hay café?- Pregunta María.
Es verdad, no hay café. Creo que sé lo que significa, que Johanna quiere que salgamos de aquí cuanto antes. Aquí no estamos bien por lo que desayunamos medio pavo y un poco de zumo que hago mezclando el agua que nos queda con el último fruto ácido de los que trajo maría, cuando terminamos de desayunar nos sentamos en el sofá a pensar un plan. No sabemos cuando se va a ir la niebla y no podemos quedarnos aquí parados así que mientras ellos buscan un plan para salir yo busco algo por la casa que nos pueda servir. Vuelvo al sótano y recojo cosas útiles como plástico para envolver comida o un cable eléctrico, después subo al piso de arriba desde donde puedo ver el laberinto entero y observo que queda muy poca niebla, calculo que dentro de media hora se habrá evaporado completamente así que vuelvo al salón donde les explico la situación a Gonzalo y a María. Decidimos empezar a prepararnos para salir y guardo todo en mi mochila, con una toalla nos aseamos un poco para estar guapos ante las cámaras. Cuando ya hemos terminado salimos a la calle y por suerte la niebla ya ha desaparecido, empezamos a caminar con una mano apollada en la pared solo nos detenemos una vez, con el sonido de otro cañonazo. No vamos por buen camino, si no salimos de aquí antes de que llegue la noche vamos a morir los tres porque solo tenemos medio pavo y nada de agua y no creo que vayamos a encontrar comida dentro del laberinto. Continuamos nuestra travesía pero cada vez se nos hace más dificil continuar, tengo la boca seca y mi estómago empieza a rugir considerablemente.
-Grrrrr- Escucho detrás de mí -Me parece que alguien tiene mucha hambre no? - Digo al escuchar el estómago de Gonzalo rugir
Entonces me doy la vuelta para mirar a Gonzalo y me doy cuenta de que no ha sido él, es un millón de veces peor. Detrás de nosotros hay un enorme muto peludo que ruge y nos salpica con su saliva, rápidamente empezamos a correr y sin mirar le asesto un par de hachazos en la tripa que le hacen enfurecerse más. Gonzalo consigue clavarle su cuchillo en la cabeza pero el muto parece decidido a seguir en pie, o muere él o morimos nosotros y creo que nosotros no podemos aguantar este ritmo mucho más. Vuelvo a darle y esta vez pruebo a pegarle un hachazo en la pierna, con esto consigo frenarle unos segundos en los cuales me preparo para propinarle el golpe mortal. Recuerdo mis momentos talando árboles con papá y me imagino que estoy en casa, agarro el hacha con las dos manos y le corto el cuello como si fuese el tronco de un árbol. La cabeza cae y rueda por el suelo mientras el cuerpo cae al suelo y hace un sonido seco  -Ya tenemos comida- pienso -Solo falta el agua- Corto algunos trozos de carne del muto y los guardo en la mochila de María que es en la que llevamos los suministros. Por segunda vez hemos perdido el camino que debíamos seguir por lo que volvemos a apollar la mano en la pared y caminamos, deben de ser las 3 de la tarde más o menos así que tenemos 5 horas antes de que anochezca. Cada vez se nos hace más pesado continuar y a cada paso que damos mi cabeza me duele más. Ya no me queda esperanza, y cuando se pierde la esperanza llega el miedo. Tengo miedo de morir, de morir sin ser yo mismo, si muero lo haré luchando por lo que me pongo de pie, ayudo a María y Gonzalo va delante abriendonos paso por si acaso hay más trampas. Media hora después creo ver la salida -Será un espejismo- pienso mientras sigo caminando. Ahora que estoy más cerca veo que no lo es, es la salida, la de verdad. Reunimos fuerzas y hacemos el sprint final hasta que nos quedamos a un palmo de la salida, entonces una voz comienza a hablar
-Si por aquí queréis pasar el acertijo deberéis adivinar- dice -Y como no tenéis otra opción, ¡Que comience el acertijo del campeón!- Nos preparamos para empezar a escuchar y un segundo después comienza a decir -Un gallo sube a lo alto de una montaña y pone un huevo, si el viento sopla de norte a sur, a donde cae el huevo?- bien, pensemos. Me giro para hablarlo con María y Gonzalo y comenzamos a estrujar nuestros cerebros hasta conseguir la solución, cuando llevamos 5 minutos María me pregunta -¿Puedes repetir otra vez el acertijo?- Y comienzo de nuevo - Un gallo sube a lo alto de una montaña y pone un huevo- Entonces grita - Eso es!- mientras se dirige a la salida -Los gallos no ponen huevos- le dice a la misteriosa voz y acto seguido desactiva las trampas ocultas en la salida. Ya está, la esperanza gana al miedo, los juegos ahora están a nuestro favor. Tenemos comida para tres o cuatro días y en cuanto nos adentremos en la montaña repleta de bosques  encontraremos agua con facilidad. Cuando aún estamos sentados en la salida del pueblo-laberinto llega un paquete, no es una cápsula plateada, es una caja marrón en la que pone Gonzalo. La abrimos entre los tres y exclamamos cuando vemos el contenido, son un arco y veinte flechas, un perfecto arco plateado y flechas, de las cuales 10 son normales, 5 explosivas y 5 invisibles para todos menos para el dueño. Gonzalo se carga el carcaj al hombro y carga una flecha normal que dispara hasta controlarlo perfectamente. Le da su cuchillo a María, que ahora tiene dos y yo tengo mi hacha, creo que somos los tributos mejor preparados de la Arena aunque no sé, puede que las cosas cambién de un día para otro y que mañana nuestros cuerpos estén en una caja de madera de pino camino a casa. Mientras pienso llega otro paracaídas, esta vez para María. Lo abre y saca otro saco de dormir azul oscuro y entonces lo comprendo a la perfección, Johanna quiere que vayamos a la montaña nevada.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Capítulo 19

Hoola tributos!!
Bueno, como estaba prometido aquí teneis el capítulo 19, de verdad espero que os guste. Ojalá disfrutéis lo mismo o un poco más de lo que lo hago yo escribiendo. Muchísimas gracias por todo, de verdad. No olvidéis comentar :3
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-Ve tu delante Nacho, yo te cuido las espaldas- Dice Gonzalo
-Seguro?- Pregunto
-Completamente, además tu eres el que tienes la brújula- Contesta
Con el hacha bien agarrado en la mano voy mirando de vez en cuando la brújula para no desviarnos del Norte. Intento hacer el menor ruido posible pero al cortar la vegetacion que se interpone entre nosotros se escucha el sonido del acero. Tengo miedo de encontrarme con otro tributo porque no voy a ser capaz de matarle, andamos pendientes de seguir la brújula y de vez en cuando se vuelve loca por el electromagnetismo del campo de fuerza que nos separa del exterior pero por lo demás todo está tranquilo, demasiado tranquilo. Caminamos en silencio hasta que un chillido rompe el silencio.
-Pum!- Cañonazo. Estoy tranquilo, esa voz no era de María así que me tranquilizo y continúo andando hasta que Gonzalo me detiene. -Chsst, la cornucopia está ahí- Y me paro en seco. Nos tumbamos tras dos matorrales y comprobamos la zona varias veces, en la cornucopia están los del distrito 1. También veo a otro tributo correr a la cornucopia, coger cosas y volver corriendo. Los del 1 también le ven y es entonces cuando me doy cuenta de quien es.
-¡¡¡Maria!!!- Grito a pleno pulmón mientras salgo de los matorrales con el hacha bien sujeta. Consigo distraer la atención de los del 1 unos segundos pero la chica saca un cuchillo y se dispone a lanzárselo, la he visto lanzarlos en los entrenamientos y casi nunca falla. Empuño mi hacha y la adrenalina me recorre todo el cuerpo, corro hacia ella y con toda mi fuerza le clavo el hacha en el estómago como si de un tronco se tratase. Mientras tanto Gonzalo pelea con el chico y unos segundos más tarde suena el cañonazo de la chica, me empiezo a poner nervioso, he matado a una persona lo cual me convierte en un asesino. Por mucho que lo niegue es verdad, ahora juego a su juego, solo soy una de las 26 piezas que necesita este juego para funcionar, un simple peón. Empujo al del 1 que creo que se llama mateo y cojo de la mano a Gonzalo y a María y nos vamos corriendo al pueblo, cuando nos hemos perdido entre las calles decidimos entrar en una casa a descansar así que subimos al primer piso y nos escondemos lo máximo posible.
-Nacho, necesito ayuda- Me dice Gonzalo con un cuchillo ensangrentado en la mano. -Mira- Y se da la vuelta enseñandome la espalda. Casi me tengo que contener las arcadas del asco que me produce ver eso. El del uno le ha acuchillado en el homoplato derecho aunque no se lo ha llegado a romper.
-Tranquilo Gonzalo, te voy a arreglar eso.- Le digo mientras le hago señas a María de que me pase la mochila. Saco el kit de supervivencia y en un poco de algodón echo agua oxigenada para desinfectar la herida, después de limpiarla bien le doy un calmante para el dolor de los minutos siguientes. Cojo el hilo y la aguja y lo enhebro bien, atravieso el hilo por la piel de Gonzalo y el pega un grito. -Shhh, sé que duele Gonzalo. Solo tranquilizate- y sigo cosiendole la piel como si de un jersey se tratase. Diez minutos después ya no tiene agujero en la espalda así que le mando que se termine la sopa de pescado y que se duerma, antes de dormir le doy otro calmante porque ahora cuando se le enfríe la herida le va a doler muchísimo más. Cuando consigo que se duerma me siento al lado de María y le doy un beso porque llevo sin verla varios días, le cuento toda mi aventura y como conocí a Gonzalo, ella me cuenta que de vez en cuando iba y les robaba provisiones a los del 1, también que Johanna le envió un cuchillo
-Ahora ya juntos para siempre, si mueres moriré contigo- Le digo y le abrazo para compartir el calor. -Tienes hambre?- Le pregunto y ella me responde que sí. Ahora mismo la única comida que me queda son tiras de cecina así que reparto el paquete de 10 en dos pilas de 5, le doy 5 tiras a María y yo me como las otras 5. -Ahora no tenemos nada para comer- pienso -Mañana saldré con María a cazar- Entonces mientras estábamos en silencio escucho que se abre la puerta del piso de abajo -Mierda- Escondemos a Gonzalo bajo unas mantas, yo me meto debajo de un armario y María se metió debajo de la cama. Temo por Gonzalo ya que María y yo estamos despiertos y podemos defendernos pero él está dormido, minutos después oigo dos personas que suben las escaleras y vienen a la habitación donde estamos nosotros, con las linternas empiezan a alumbrar todo hasta que se marchan. -Uff- pienso -Ha faltado un pelo- Cuando les escuchamos salir a la calle nosotros salimos de nuestros escondites, aún puedo escuchar los latidos apresurados de su corazón y seguro que ella también los míos. Le mando que se vaya a dormir y mientras tanto yo hago la guardia toda la noche, con las gafas para ver en la oscuridad me quedo observando a María dormir, de vez en cuando la brújula se vuelve loca por el electromagnetismo y me da miedo que se estropee por eso la guardo. A media noche suena el himno y me asomo corriendo por la ventana, primero sale la chica del 1, a la que maté y después el chico del 13. Le doy vueltas a lo de la tributo del 1, seguro que sus padres me odian ahora mismo pero yo me odio más, no sé como he sido capaz de hacerlo. Luego me siento apollado en la pared y me entra el sueño, ahora hecho de menos el café que me mandó Johanna. De vez en cuando cierro los ojos pero los vuelvo a abrir rápidamente hasta que una de esas veces los cierro y no me vuelvo a despertar hasta que aparecen los primeros rayos de sol a través de las cortinas de la ventana.
-Buenos días- Le digo a María
-Hola Nacho- Contesta cansada
Intentamos despertar a Gonzalo pero sigue dormido, tengo miedo de haberle dado demasiados calmantes. Como no se despierta le tapamos con una manta y María y yo nos vamos a cazar algo para comer, yo cojo mi hacha y ella su cuchillo. Entonces cuando salimos por la puerta escucho el pitido, ese pitido que suena cuando cae un paracaidas.
María lo abre y me pregunta -Café?- y con cara de dudas me pregunta que a que viene esto. Le cuento que el café significa que todo va bien, que está contenta con lo que hago. Como nos quedan 4 fresas le doy tres a María y yo me como una, también bebemos un poco de café cada uno y el resto lo guardo en la mochila. Caminamos hasta el bosque sin que nos vea nadie y allí nos separamos, le mando a María a recolectar frutos y mientras tanto yo me voy con el hacha a ver si cazo algún animal. Agudizo el oido y camino hasta que me encuentro con un grupo de pavos silvestres -Esta es la mía- Les lanzo el hacha y consigo matar a uno. Rápidamente vuelvo a hacerme con el hacha y se lo vuelvo a lanzar -Ya tengo dos- Recojo el hacha del suelo y también meto los pavos en la mochila, prosigo mi camino hasta toparme con una mochila. Se lo que significa, hay un tributo cerca. Abro la mochila a toda prisa y de ella saco un saco de dormir y una granada de mano -Una granada... Estos juegos van a ser interesantes- Guardo el saco en mi mochila y la granada en el bolsillo, después corro. Corro hasta toparme con María y me la llevo de la mano a nuestra casa.
-¡Que pasa!- Pregunta jadeando
-Un... tributo...- Contesto yo casi sin respiración
Subimos y al llegar a nuestra habitación veo que Gonzalo ya está despierto. -Donde estabais?- Le cuento que hemos ido a cazar y que hay tributos cerca. También les enseño el saco de dormir, la granada de mano y los dos pavos silvestres. La simple idea de volver a tener comida fresca hace que se nos haga la boca agua a los tres así que enciendo fuego con una de las técnicas que aprendí y rápidamente lo apago con la bota para que no produzca humo, limpiamos entre los tres los pavos silvestres y los colocamos sobre las brasas. Ahora me acuerdo de los momentos de caza con papá, siempre obtenía un buen botín con su hacha y lo cocinabamos sobre brasas para que tuviese ese olor a ahumado que tanto me gusta. Cuando los pavos ya están listos nos comemos uno entre los tres y luego comemos unas frutas anaranjadas que ha traido María, las frutas no eran venenosas pero tenían un sabor ácido que era un tanto extraño y no recuerdo haberlas nunca, ni siquiera en el Capitolio. Guardamos el resto y sacamos las cosas de nuestras mochilas para organizarnos, le mando mientras tanto a María a buscar una mochila para ella y vuelve media hora después con una mochila vacía que ha encontrado por la casa. Tiene un agujero pero lo coso con el hilo y la aguja del kit de supervivencia, a ella le doy para que lleve la comida, la cacerola, la cuerda  y yo me quedo la brujula, el saco de dormir, el kit de supervivencia, las gafas para ver en la oscuridad y la botella vacía. Guardamos todo y a Gonzalo le metemos sus cosas en su pequeña mochila,
 A media tarde Gonzalo ya se ha recuperado totalmente así que nos cargamos nuestras mochilas y salimos de la casa. Calculo que salir del pueblo nos costará bastante tiempo porque ayer al asomarme a la ventana para ver a los tributos caidos descubrí que el pueblo era un laberinto y no era precisamente pequeño.
-Sabéis algo acerca de laberintos?- les pregunto a María y a Gonzalo esperando a que me ayuden a salir de aquí. Gonzalo niega con la cabeza pero María dice que se acuerda de haber leido un truco en algún libro pero que no se acuerda de que era entonces le doy una pequeña palmada en el hombro y grita -¡Eso es!- mientras se levanta rápidamente.
-¿Qué pasa?- le digo yo
-Tu palmada! Me has dado la pista para salir!- Contesta ella alegre
Rápidamente nos explica con pelos y señales cual es la forma de salir del laberinto, lo que hay que hacer es poner la mano en la pared y seguir siempre caminando con la mano en la pared hasta que llegues a la salida. Es la forma más lenta de salir pero es seguro al 100% a no ser de que el Capitolio tenga algún truco para confundirnos. Con nuestras mochilas al hombro y nuestras armas en la mano emprendemos nuestra marcha con una mano apollada en la pared, caminamos hasta que oscurece y suena el himno aunque nadie ha muerto hoy. Cuando se termina el himno decidimos parar a dormir porque no creo que vayamos a salir hoy y mucho menos de noche así que extiendo el saco de dormir en el suelo y me meto en él junto con María. Gonzalo insiste en hacer la guardia toda la noche ya que hoy ha dormido muchísimo cuando estaba enfermo por lo que me acurruco mejor en el saco y abrazo a María, con su calor y el del saco de dormir casi ni me doy cuenta del frío de la noche por lo que en menos de cinco minutos ya estoy dormido. No sé como puedo dormir tranquilo, ayer le quité la vida a una chica que seguramente tendría amigos, pareja... Cuando llegué aquí prometí que iba a jugar a mis propios juegos pero al final me han controlado, me he vuelto uno de ellos, un asesino.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Capi18

Hoola tributos!!
Bueno, el plan era haber subido el capítulo anteayer ya que llegamos a las 1000 visitas ¡1000 visitas! Se dice rápido! Y eso que el blog apenas tiene unos meses pero decidí esperar y dejaros con la intriga. Quiero agradeceros a todos vosotros, lectores y lectoras de todas las partes del mundo que me leen que muchísimas gracias. No tengo palabras para describir la sensación, aún recuerdo el primer día que lo cree, que con el primer capítulo solo logré 10 visitas... Bueno, disfrutad de este capítulo, seguro que os sorprende!
PD: Recordáis a X? El último chico de los personajes? Pues aparece en este capítulo!
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-¡Distrito 7! ¡Despierta!- Dice una voz de hombre que me hace volver.
-No me has matado?-Pregunto yo- ¿Que me pasó?
El chico me cuenta que me desmayé, supongo que el shock de creer que me iban a matar hizo que me desmayara.
-Quien eres?- Le digo mientras el me ayuda a incorporarme.
-Gonzalo, distrito 4- Me contesta pacientemente.
-Y por qué no me matas directamente?- Vuelvo a preguntarle
-No me importa morir, la verdad es que he decidido ayudarte.- Responde él -Aliados?- Me pregunta y me tiende la mano.
-Aliados- Contesto yo mientras le doy la mano. -Soy Nacho-
Gonzalo es mayor que yo, pelo marrón, de piel morena por el sol y musculoso. El es a lo que aspiro a ser, un verdadero prototipo "finnick" no como yo, que no puedo ni mirar al matar a un pobre animalillo indefenso. Decidimos poner en común todo lo que sabemos y tenemos, él saca de su mochila un cuchillo, una cantimplora, tiras de cecina a la mitad y unas gafas para ver en la oscuridad. Yo saco el kit de primeros auxilios, las manzanas, la cecina, la brújula, la cuerda, la cacerola, la carne del castor y dejo el hacha con el que cargaba en la mano.
-Vaya! !tienes una brújula!- Parece asombrarle, la verdad es que no es un objeto común aquí. Lo recogemos todo y pensamos en un plan.
-Tienes algo que hacer?- Me pregunta. Ahora es él el que hace las preguntas así que me toca responder con sinceridad. Le cuento donde está María y que mi plan es ir a recogerla pero el me detiene. -No deberías ir allí ahora Nacho, los profesionales están rondando esa zona- La verdad es que tiene razón así que obedezco su plan sin rechistar, es sencillo, encontrar una cueva y esperar a mañana por la noche para volver a la cornucopia. Técnicamente en la cornucopia solo hay un distrito profesional ya que se pelearon y se separaron con lo que uno de los dos distritos tiene el poder de esa zona y los otros dos profesionales se habrán ido a otra parte. Seguimos el curso del río y Gonzalo va por detrás cuidandome las espaldas, tras andar un cuarto de hora más o menos encuentro una cueva totalmente camuflada. La entrada no se ve a no ser de que estés justo en el punto donde estoy parado. -Genial! Gracias Nacho- Entramos agachandonos y nos ponemos cómodos. Le ayudo a intentar disimular la entrada un poco más y después oigo sus tripas rugir.
-Has comido algo Gonzalo?- Le pregunto y niega con la cabeza. Saco el castor y la cola y las pongo encima del cesto -Lo siento, está crudo. Si al menos tuviéramos brasas para cocinarlo... Eso es!- Grito mientras cojo dos palos y comienzo a frotarlos, tras dos minutos enciendo fuego y le añado hojas secas, cuando ya ha ardido todo lo apago con la bota para que no salga humo y sobre las brasas coloco el castor y la cola. Media hora después sobre la cesta tenemos un castor sin dos patas y una cola cocinados, saco el café que me sobró en el termo y también saco una manzana. Nos comemos el castor entero y media cola, media manzana cada uno y nos terminamos el café. -No sé como agradecertelo Nacho. Muchísimas gracias- Él se ofrece a hacer guardia durante la noche y yo aprovecho y me voy al final de la cueva. Me pongo la capucha de la sudadera y me duermo al lado de las brasas. Después de llevar dormido media hora suena el himno así que me asomo por la puerta de la cueva a ver quien ha sido el del cañonazo y me alegro de que no haya sido María. Ha sido la tributo del 12, es imposible no poder acordarme de Peeta y de como se sentirá perdiendo año tras año sus dos tributos. Le doy las buenas noches a Gonzalo y le dejo mi hacha por si sucede algo. Me vuelvo a recostar al lado de las brasas y me duermo con miedo de pensar que puede que mañana ya no esté aquí, puede que mañana me hayan matado o incluso torturado. Me pregunto si dolerá mucho que te atraviesen con un arma...
-Nacho- Me llama Gonzalo -Nacho!-
-¿Que ocurre?- Pregunto asustado
Y en vez de contestarme me enseña el paracaidas plateado.
Lo vuelvo a abrir y hay otro termo con café, Gonzalo me pregunta que por qué me envían café y yo le explico que significa que lo estoy haciendo bien y que tengo todo lo que necesito. Doy las gracias a Johanna y al patrocinador y lo comparto con Gonzalo, nos tomamos todo el café y terminamos la cola del castor. Me devuelve mi hacha y toma su cuchillo.
-Salimos a cazar algo?- Le pregunto yo. Parece que le he quitado las palabras de la boca porque acepta rápidamente. Saco la brújula de la mochila y me llevo también el cesto. Cuando estamos fuera nos repartimos las tareas, el pesca y yo me adentro en el bosque a por carne o bayas. No voy a las profundidades del bosque, más bien me quedo justo cerca de la línea que delimita el fin del bosque y recojo fresas y unos frutos morados que veo por todas partes. También recojo madera seca y hojas para hacer otro cesto. Cuando creo haber terminado vuelvo al río y veo que Gonzalo ha pescado varias truchas con su cuchillo. Me siento cerca suya mientras pesca y compruebo las bayas moradas. Las corto por la mitad y la froto contra mi mano, al instante se pone roja y se me hincha así que tiro todas las bayas moradas y me lavo la mano en el río. Después trenzo las hojas y hago dos cestos más pequeños que la que hize el primer día, cuando termino me como una fresa, guardo el resto en un cesto y espero observando a Gonzalo pescar. Al final de la mañana tenemos un cesto de fresas y 6 peces. Como estoy seguro de que va a sobrar pescado y si no nos lo comemos se pondrá malo meto tres de ellos en la cazuela y la lleno de agua hasta atriba, añado algunas hierbas y después la pongo al sol para ver si consigo hacer una sopa.
-Tengo un mal presentimiento- Dice Gonzalo -Los juegos están muy aburridos y los vigilantes no tardarán mucho en juntarnos de alguna manera-
Tiene razón, Gonzalo es muy listo y tengo miedo de la forma con la que nos puedan juntar. Un incendio, mutos, un terremoto, una tormenta... Todo lo que se me ocurre es mortal y puede que incluso maten a algún tributo. De vez en cuando remuevo la sopa y miro al bosque por si viene alguien. Cuando la sopa ya está hecha cojo un poco de madera y la pongo en el suelo como para hacer una hoguera, tomo mis gafas y las coloco para que pase un rayo de sol a traves de estas, apunto a la madera y unos segundos después ya ha empezado a salir humo gris. Diez minutos después ya tenemos los tres peces sobre las brasas, dos botellas de agua potable, sopa y fresas. Decidimos que nos lo comeremos todo ya que a la noche vamos a salir hacia la Cornucopia y allí cogeremos algo más, nos bebemos la mitad de la sopa, nos comemos las tres truchas y comemos tres fresas cada uno. Cuando terminamos rellenamos las botellas de agua y las dejamos purificando con el yodo, también guardo las fresas que sobran y pongo la sopa en el termo del café. La tarde pasa tan tranquila como la mañana, nos quedamos sentados en la orilla del río y afilamos nuestras armas, cuando llevo media hora afilando el hacha me doy cuenta de que estoy hecho un asco.
-Gonzalo, no se cuando vamos a volver a ver el agua. ¿Te importa que me lave en el río?- Le pregunto y al momento él se mete a la cueva.
Me quito la camiseta, luego los pantalones y pienso si quitarme también la ropa interior. Si me desnudara los del Capitolio se volverían locos así que me quito la ropa interior y también dejo las gafas sobre una roca, rápidamente me zambullo en donde cubre y me restriego bien para quitarme la sangre seca de castor, me lavo el pelo y cuando ya estoy limpio salgo del río. Me seco con la sudadera y me pongo la camiseta y el pantalón, la sudadera la dejo secando y entro a la cueva.
-¿Quieres lavarte?- Le pregunto ahora que yo he terminado
-Vale, esperas dentro?-
Gonzalo se desnuda y sale de la cueva mientras yo limpio los cristales de mis gafas y cuando ya están limpias comienzo a guardar las cosas en la mochila. Meto el kit de supervivencia, la sopa, las fresas, la cuerda, las manzanas la cecina y la cacerola. Fuera dejo la brújula y el hacha recién afilados, también guardo las cosas de Gonzalo y le dejo fuera las gafas para ver en la oscuridad y el cuchillo, cuando termino de organizar todo entra Gonzalo desnudo. Se pone su ropa y entonces salgo a recoger mi sudadera que ya está completamente seca, cuando comienza a anochecer saco las dos manzanas que me quedan y le doy una a Gonzalo. Nos despedimos de la cueva y al salir un paracaídas plateado cae frente a nosotros, lo abro y son otras gafas para ver en la oscuridad.
-Y esto que significa Nacho?- Pregunta Gonzalo
-Creo que a Johanna le gusta el plan y esta era una forma de hacérmelo saber- Contesto yo. Ambos nos ponemos nuestras gafas y es como ver a plena luz del día, me coloco la mochila a la espalda, cojo el hacha en una mano y la brújula en la otra y salimos por esa abertura en la pared de la montaña. Esta sensación es rara, siento la adrenalina corriendo por mis venas y a la vez el miedo en mi cabeza junto con el nudo de mi garganta. Estoy hecho un lio, este no es un juego de niños, esto son los juegos del hambre, donde no hay lugar para sentimientos ni emociones y si no actuamos lo harán ellos. No quiero que los vigilantes nos controlen y por eso tenemos que hacer algo cuanto antes, además necesito ver a María. Hoy no ha sonado ningún cañonazo pero puede que esté moribunda o algo peor así que caminamos por el río y nos perdemos entre la frondosa vegetación del bosque.