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miércoles, 31 de diciembre de 2014

Capítulo 29

Hoola tributoos^^
Bueno, lo primero es desearos feeliiz navidad. Que hoy se nos acaba el año! Que emoción, este capítulo va a ser el último del año! ¿Lo superará Nacho? ¿Conseguirá adaptarse? Ahora salir y ver que no está María, ni Gonzalo... se le hará duro:D Siento que sea algo corto, pero he creido necesario acabarlo aquí(:
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Me despierto lentamente y no hay nadie a mi lado. Mi pierna está perfecta, mi mano no tiene ni rastro de las ampollas ni de la quemadura. Estoy limpio y parezco otro diferente del que estaba en la arena.
-¡Mi hacha!- pienso cuando lo veo en el otro lado de la sala. Allí están el resto de mis pertenencias que recojo con cuidado y me las llevo cerca de la cama.
Las dudas azotan mi cabeza ¿Habré ganado los juegos? ¿Me convertirán en Avox por haber sido el causante de esto? ¿Matarán a mi familia? ¿Quién habrá muerto en la avalancha? Rápidamente al verme despierto unos hombres vestidos de blanco me sedan con algo que me hace gritar descontroladamente.

-MAMA!- grito sin darme cuenta -¡GONZALO!- grito hasta caer rendido y vuelvo a entrar en una especie de coma que me induce paz. ¿Como es posible que tras haber salido de ahí habiendo matado a personas pueda sentir paz? No me lo perdono. Los días siguientes pasan igual, esta vez, mi piel está tersa y suave, sin rastro de nada, como si intentaran ocultar todo esto, como si nada hubiera pasado. Me dan de comer un zumo y me vuelven a dormir con ese sedante que me hace sufrir y recordar a las personas que quiero, poco a poco, mi cuerpo se acostumbra al dolor hasta que un día, me levanto y no me vuelven a dormir. Esta vez ya soy libre, no como me gustaría, pero soy libre. Voy a volver a casa, a mi casa y voy a intentar olvidar esto.
-Todo ha terminado...- me digo a mi mismo para calmarme -He salido-
Cuando se abre la puerta y no entra nadie cojo el hacha, la brújula, la fuente, la cuerda y mi abrigo. Lentamente camino con todo entre mis brazos y salgo por esa puerta para llegar a la sala de mandos de el aerodeslizador. Unas personas vestidas de blanco que no conozco de nada se giran y me miran. Instintivamente corro por los pasillos, no se por que lo hago, supongo que porque tengo miedo de que me hagan algo más. Cuando me canso llego a un pasillo iluminado tenuemente con unas luces a ambos lados de éste. Lentamente con la mano derecha cargando con todo y la izquierda apollada sobre la pared, camino sin cerrar los ojos. Si los cierro tengo miedo de recordar, cosa que no quiero hacer.
FLASHBACK
Ya estoy en la mitad de la plataforma y cuando llego arriba noto que mi pelo está mojado. Es la arena, está lloviendo.
-Vale- pienso -Echemos un vistazo-
Al norte hay una montaña nevada, al oeste un pico escarpado sin árboles ni nada, al sur hay un pequeño bosque y creo que detrás de él hay un río porque oigo el ruido del agua fluir y al este hay un pueblo con casas y pasado el pueblo una montaña frondosa con pinos.
Cuando he terminado de observar quedan 30 segundos así que le doy indicaciones rápidas a María, le digo que coja lo que tenga cerca y se vaya corriendo a esconderse en una de las casas del pueblo. Ella asiente y cuando quedan 20 segundos echo una ojeada a la cornucopia, allí está el hacha, un poco lejos de donde estoy. Enfrente de mí tengo una mochila más grande que las demás y pienso que tengo que correr a por ella.
10 segundos, 9, 8, 7, 6 -Mamá, te quiero- 5, 4, 3 -Gracias Peeta- 2, 1 GONG!!
Ahora solo pienso en correr, un solo paso en falso y estoy muerto. Corro todo lo que puedo hasta la mochila, me la cargo a la espalda y voy a donde está el hacha. Cuando llego veo que alguien lo ha cogido y maldigo mi suerte, justo cuando voy a coger otra arma del montón alguien se acerca y me lanza un cuchillo que esquivo con dificultad, luego solo corro hacia el sur a esconderme entre los árboles.
Y mientras escapo escucho el acero cortando el frío aire, -Voy a morir- pienso, entonces me tiro al suelo y el hacha me pasa por encima hasta clavarse en el árbol. Lo agarro con todas mis fuerzas y corro adentrandome en el bosque, al parecer, hoy si que es mi dia de suerte.
FIN FLASHBACK

-Aaaaaah- grito y tiro todo al suelo, intentando alejarlo de mí -Socorro!- grito descontroladamente hasta que me doy cuenta de donde estoy, ya no estoy allí -Calma Nacho- me digo. Recojo todo y sigo caminando con paso lento, como si me costase una vida entera mover cada pie. Despacito, arrastrando los pies sobre la moqueta granate que cubre el suelo, llego a una sala con la puerta grisácea que empujo y entro.

Lo que veo allí me coje desprevenido. Está Johanna llorando, no sé si de alegría o por que pasa algo, tras ella hay varios mentores más.
-Johanna...- susurro -Ganamos...-
Ella se cubre la cara para que no la vea llorar y los demás mentores me hacen señas para que vaya a la habitación de al lado.
-¡¡NACHO!!- Grita Paula con un aspecto desgastado, un momento, ¿Paula? -Nacho...- susurra y se me echa encima a llorar. Nos hemos salvado, estamos fuera.
-Pa... Paula...- digo incrédulo y retrocedo unos pasos como con temor. Ella se me acerca y yo le grito -Alejate!- cosa que la hace llorar. Yo tengo miedo, quien sabe si me matará aquí para salvarse sola. -No, es una gilipollez- me digo y sacudo la cabeza. Lentamente, como si de un muto se tratase, me acerco y le toco la cara.
-Paula...- sonrío con la mente abrumada -Hemos ganado...- la abrazo todo lo fuerte que puedo y su olor me recuerda al de la arena por lo que sin que se de cuenta me alejo un poco de ella.
-¿Sabes algo?- pregunto -De todo esto...-
Ella niega con la cabeza. Parece mentira, tiene unas ojeras enormes y a pesar de que el Capitolio le ha dejado como una modelo, tiene marcas en la cara. Marcas que puede que no sean físicas, pero yo las veo. Ya no es la chica dulce del seis, ahora es una superviviente, la superviviente del seis.
Con la mirada perdida, la abrazo esperándo a que llegue alguien, pero nunca viene nadie. A veces esa puerta se abre y yo cojo mi hacha en defensa propia, aunque nunca hago nada. ¿Quien diría que estos juegos los iban a ganar un chico del siete y una chica del seis? Parece increíble, aunque en este mundo, todo es posible.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Capitulo 28

Hoola Tributos!
No me quiero entretener mucho, estoy de vacaciones y siento no haber subido el capítulp antes, espero que lo entendais. Lo que si os pido POR FAVOR, es que al leer este capítulo (Lleno de acción) escucheis esta canción, os dejo el link http://youtu.be/LRLdhFVzqt4 Creo que le aporta muchos matices a la lectura, mucho más que si la leeis sola. Y ya nada más, el fin se acerca y ¿Quien conseguirá salir de ahí?
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-Tengo un plan- digo mientras desayunamos juntos un poco de conejo recalentado -¿Cuántas flechas explosivas te quedan?- pregunto
-Cinco- contesta después de contarlas
-Presta atención- digo serio -Vamos a provocar una avalancha-
-¿Cómo?- Pregunta con cara de incrédulo
-Fácil, vamos a volar la montaña- digo sonriente
-¿Con solo cinco flechas?-
-Y una granada- digo sacando la granada que guardo en el bolsillo desde hace mucho tiempo -No sé si lo lograremos, pero el plan es matar a Mateo y Judith-
-Judith es la del dos ¿No?-
-Correcto-
-Está bien, vamos a hacerlo.- dice decidido
-Pero no vamos a llevar todo- digo -Dejaremos las mochilas aquí, coge lo más importante-
De mi mochila saco la brújula, la fuente portátil y la cuerda. A este montón añado el hacha y el abrigo de pelo grueso. Gonzalo solo lleva el arco, el carcaj, dos cuchillos y las gafas para ver en la oscuridad.
-Por cierto, después de esto...- digo yo inseguro
-Nos separaremos- termina él mi frase
-De acuerdo- digo con pena
Dejamos las mochilas escondidas pero antes de salir hago una cosa. Cojo uno de los paracaídas y le arranco la tela, la ato a un palo y lo pongo cerca de la cueva para poder encontrarla luego. Nos ponemos nuestros abrigos, yo guardo la brújula, la cuerda y la fuente en el bolsillo y llevo el hacha en la mano.
-¿Preparado?- pregunto cuando estamos a punto de salir por el agujero de la cueva
-Preparado.- contesta él dándome la mano
Y así, cogido de su mano salimos juntos para hacer visible que seguimos juntos, como aliados.


Seguimos nuestro camino atravesando el valle nevado mucho más rápido, ya que al haber dejado las mochilas vamos más ligeros. A media mañana la herida de mi pierna se vuelve a abrir y caminar me cuesta algo más. De vez en cuando se escuchan sonidos de animales pero el silencio es enorme.
Un pitido rompe el silencio -¿Un paracaidas?- corremos unos veinte metros para llegar a el y lo abro -¡Dinamita!- digo -Gracias Johanna...-  Se la doy a Gonzalo para que la guarde y seguimos caminando para llegar a la cima de la colina que hemos escogido para provocar la avalancha. Conforme ascendemos hace más frío y mucho más viento, además es duro subir una montaña cubierta de una capa de medio metro de nieve. De vez en cuando me doy la vuelta para comprobar la zona y en una de esas veces veo la lava brotándo de la montaña escarpada y el incendio en la montaña frondosa.
-Genial- digo alegre -Esto era lo que esperaba, que provocaran algo para traerlos aquí- Me vuelvo a girar y alcanzo a Gonzalo -Tenemos que ir más deprisa, no tardarán en venir-
Subimos la colina todo lo rápido que nos permiten nuestras piernas y mientras ascendemos noto que un líquido recorre mi pierna, un líquido rojo y espeso. -La herida se ha abierto del todo y no tenemos el botiquín- Cada vez me cuesta más andar y el frío no ayuda nada en esta ocasión. Si no volvemos rápido a la cueva no saldré de esta.
-Subete- dice Gonzalo agachándose un poco -Subete a mi espalda para que no tengas que andar- Suavemente me monto a caballito y aunque vayamos mucho más lentos no sufro tanto.
-Creo que ya veo la cima- dice él después de una larga caminata -Vamos, el último esfuerzo-
Me bajo de su espalda y hacemos el último tramo de la montaña juntos. Me va a dar mucha pena separme de él para siempre, él... Es especial. Se ha convertido en algo más que un amigo aquí dentro, el es y será mi mejor amigo para siempre, aunque uno de los dos muera.
Al llegar arriba nos sentamos a descansar y yo me pongo nieve en el agujero de mi pierna. Encendemos un pequeño fuego para que produzca humo y calor y asamos el último pavo que nos queda. Parece mentira como han cambiado las cosas, el primer día estaba comiendo un castor crudo y hoy un pavo asado. En estas semanas he cazado, he corrido, he comido, he matado, he llorado, he amado, he perdido, he sufrido, he cantado, he reido, he disfrutado, he temido, he gritado, he escalado, me he escondido... he hecho cosas que hace un año nunca pensé que haría.
-Gonzalo...- digo bajito -No quiero matar a nadie más-
-Vamos Nacho- dice con una sonrisa -Ya has llegado hasta aquí, solo un poco más-
-Quiero morir- digo -No quiero volver a vivir y que ella no esté allí, conmigo-
-No digas esas cosas- dice desanimado -Venga va-
-Me presenté voluntario para salvarla, y no he cumplido con mi misión- digo con un nudo en la garganta
-Tu no vas a morir, no te voy a dejar- come una fresa -Te prometo que cuando esté allí arriba le contaré todo lo que has hecho por ella-
-Cuidala bien- digo secándome una lágrima

Me tumbo a la espera de que aparezcan, algo alejado de Gonzalo. Quiero estar solo, no quiero verle ahora que ha dicho que se va a sacrificar por mí. Me siento muy egoista, ¿Cuantos más tendrán que morir por mí? Todo para que yo me salve.

-Nacho corre!- me avisa Gonzalo al ver a Judith a varios kilómetros a la izquierda.
-Aún les falta, vamos a esperar- digo cubriéndome el cuello con los brazos -¿Que frío hace no?-
-Muchísimo...- dice el -Serán los vigilantes-
-Y si...- digo pensativo -¿No vienen?-
-Moriríamos de frío- dice el seco -Ven, vamos a hacer una pequeña pared para que pegue menos el viento-

Poco a poco construimos una especie de fuerte de hielo que nos resguarda un poco del frío. Allí esperamos a que aparezcan los demás tributos, supuestamente Judith tiene que llegar por la misma montaña por la que llegamos nosotros y Mateo, Pablo y Paula por la del oeste. Y no estaba equivocado, aparecen los cuatro, aunque Pablo y Paula se quedan escondidos en un arbusto.
-Ahora o nunca Gonzalo- digo decidido sacando la pequeña granada de mi bolsillo
-Vamos- dice él cargando las cinco flechas explosivas a la vez.
Coloco la dinamita que nos enviaron y la enciendo, me alejo lo más posible y detono la granada. Al mismo tiempo las cinco flechas impactan en la ladera y todo junto provoca una avalancha descomunal. Sin previo aviso se desprende el trozo de montaña donde estabamos Gonzalo y yo y caemos junto con la avalancha. Mi instinto me dice que no suelte nada así que agarro el hacha con todas mis fuerzas y la nieve me mete para adentro aunque yo intento salir a flote. A unos cincuenta metros veo a Gonzalo sufriendo por no irse para abajo
-¡¡Gonzalo!!- grito -¡Cuidado con esa roca!- señalando a la roca que se precipita sobre él.
-¡¡Pum!!- Cañonazo, quedamos cinco. Grito desconsoladamente su nombre por si ha sobrevivido y el cañonazo no había sido él pero no contesta nadie.
Al llegar a la base de la montaña la avalancha no se detiene y sigue con una velocidad increible. También ha absorbido a Mateo, Pablo y Paula y es cuestión de tiempo que suene otro cañonazo. Creo que he escuchado dos cañonazos más pero no estoy seguro.
-¡¡¡BOOOOM!!!- Eso no ha sido un cañonazo, es peor. La avalancha ha impactado contra el campo de energía y una descarga sacude toda la arena. Al estar mojados por la nieve, la electricidad recorre nuestros cuerpos y provoca una paz infinita, ya no me preocupa nada, solo cierro los ojos y dejo que un aerodeslizador de los que recogen los muertos viene y con su gancho me eleva hasta estar dentro al mismo tiempo que unos hexágonos caen del cielo. No se que son, pero dejan entrever un cielo azul que ilumina todo.
-He ganado! Lo conseguí.- pienso. Al instante me tumban en una camilla y me inyectan algo que me produce paz. Pronto me reuniré con todos otra vez.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Capítulo 27

Hoola tributos!
Esta entrada la escriibo por tres razoones:
HEMOS LLEGADO A LAS 2000 VISITAS! Ay, no pensé que llegaríamos mas lejos. Igual un dia de estos preparo una entrada especial, en la que cuente algo diferente, no sé. La segunda razón es porque he venido a la arena, sí, la arena. He venido al lugar en el que está basada la arena, un pueblo en los pirineos. He estado en "la cornucopia" en la "montaña nevada" en el "laberinto" en el "bosquecillo por donde pasaba el río"... Pasear por todas estas partes me ha hecho pensar y reflexionar sobre todo a cerca de los juegos. Bueno, aquí teneis el capítulo!
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-Buenos días- me despierta Gonzalo -Vamos, preparate rápido que hoy la tormenta es menos fuerte-
Rápidamente me preparo para salir y desayunamos un huevo que ha recogido de un nido cercano, cuando terminamos nos abrigamos bien, preparamos todo y salimos de la cueva.
No sé por que, pero hoy no tengo el día bueno, estoy como cansado, a pesar de que he dormido mejor que otros días. Llevamos aquí ya demasiado y mi cuerpo empieza a sufrir graves consecuencias, el agujero que me hizo la del once con el cuchillo se está abriendo, mis piernas empiezan a fallar, la cabeza me duele mucho, la mano quemada me escuece y bueno, luego está la peor herida que me han hecho, la del corazón. No es algo físico, es más bien que el hecho de haberla perdido es desgarrador.
-Nacho al suelo!- rápidamente me tiro y ruedo, esperando el ataque de algún tributo. No viene ningún tributo, pero un árbol cae donde estaba yo segundos antes. En un instante la montaña comienza a temblar y los árboles caen contra el suelo aplastando todo a su paso.
-¡Un terremoto!- Es lo único que me da tiempo a decir antes de que todo empiece a temblar. No sabemos a donde ir, el miedo se apodera de nosotros. Si fueramos a una cueva puede que se derrumbe, si nos quedamos aquí un árbol nos aplastará, no tenemos otra opción, solo podemos correr. Corremos evitándo árboles y saltando troncos, no nos detenemos ante nada. Pasada una hora aproximadamente todo se detiene y nos tiramos al suelo a descansar.
-Esto es... una tortura- digo intentando respirar -Cada zona tiene varios horrores escondidos, es como el tercer vasallaje-
La montaña del oeste expulsa lava, en el laberinto hay niebla venenosa y un muto gigante, en esta montaña hay continuas tormentas de nieve, incendios y terremotos. Tengo miedo de lo que podamos encontrarnos en la montaña nevada, al parecer estos juegos son de lo más interesantes.
-¿Estás bien?- Pregunto al ver que ha metido el pie en un agujero, pero luego veo que no es solo el pie. El suelo se está tragando su cuerpo poco a poco -¡Son arenas movedizas!- grito desesperado -¡No te muevas!-
Corro a por un palo largo y le doy una punta para que se agarre, del otro lado tiro lo más fuerte que puedo pero el poder de la naturaleza es enorme en unos segundos las arenas ya le llegan hasta el cuello. Entonces tiro, tiro con toda la fuerza que tengo, la de la bestia de mi interior para sacarle.
Una vez fuera le ayudo a limpiarse un poco, después seguimos con nuestro camino, poniendo más cuidado en donde pisamos. Cuando escucho algún sonido extraño levanto el hacha y Gonzalo hace lo mismo con su arco, aunque nunca es un tributo. Como estaba previsto hacia mediodía dejamos la montaña con bosques para llegar a la blanca explanada rocosa.
-Ya estamos aquí...- suspiro -¿Que hacemos ahora?- pregunto dirigiendome a él
-Podemos buscar una cueva y esperar- dice él
Tras encontrar una pequeña cueva oculta entre las nieves encendemos unas brasas y ponemos a cocinar un conejo. Nos bebemos una buena cantidad de agua para recuperar minerales y nos tumbamos a esperar. A la tarde escuchamos gritos y después se van, media hora más tarde escuchamos otro cañonazo.
-Seis- digo -Quedamos seis...- Cada día nos acercamos más a salir de aquí-
Cuando cae la noche descubrimos quien ha sido el que se ha ido para siempre y en el cielo aparece la cara de la chica del once. Sin motivo aparente comienzo a llorar, ni la conocía ni sabía su nombre, pero ahora, estando tan cerca de la victoria duele que alguien se vaya.
-¡¡Enhorabuena tributos!!- resuena la voz de Caesar Flickerman por toda la arena -¡Quedáis seis aspirantes, Que la suerte esté siempre siempre de vuestra parte!-
-Mateo, Judith, Gonzalo, Pablo y Paula- Estos son los nombres que ocupan ahora mi cabeza, esas son las personas que tienen que morir para que yo salga de aquí. Antes de ir a dormirnos un ruido enorme suena cerca y salgo a comprobar que es, al salir veo que se ha originado una avalancha y ha impactado contra el campo de fuerza.
-Tranquilo, era una avalancha- digo al entrar para tranquilizarle. -Hoy me toca hacer guardia- digo -Duerme tranquilo-
Mientras él se tumba en el saco de dormir yo me siento cerca de la entrada con el hacha entre las piernas, esperando a que amanezca. Ya es todo un logro haber llegado hasta aquí y estoy muy contento pero tengo más miedo que nunca, no se cuántos amaneceres más voy a ver. Tampoco sé que hacer con Gonzalo, ni se me pasa por la cabeza asesinarle mientras duerme. Me ha ayudado muchísimo y no puedo pagárselo así. Parece mentira, debajo de esta capa de tributo duro, con mi cuerpo cubierto de sangre, barro, suciedad... Aquí dentro aún está Nacho, el Nacho bueno que no mataría ni una mosca. Pero por mi culpa ya se han ido varias personas, no sé que hacer. Si de verdad quiero salir al final tendré que matarle y este es el mejor momento. Lentamente me pongo de pie, arrastro mis pies a donde está él dormido y levanto el hacha, con fuerza lo bajo pero antes de decapitarle interrumpo la dirección y hago que impacte contra el suelo.
-¿Que estoy diciendo?- pienso -Únicamente estoy confuso, no voy a matarle-
Si sigo pensando me va a estallar la cabeza así que en vez de pensar canto una canción, esa canción que me ha dado fuerzas. Muy bajito comienzo tarareando y al final acabo cantandola
"I’m coming home, I’m coming home
Tell the World I’m coming home
Let the rain wash away all the pain of yesterday
I know my kingdom awaits and they’ve forgiven my mistakes
I’m coming home, I’m coming home
Tell the World that I’m coming"
-Dile al mundo que estoy yendo a casa...- susurro -A casa...- Y vuelvo a llorar. Últimamente estoy llorando demasiado pero es lo único que puedo hacer, ¿Que más me queda? Ahora no tengo nada, solo puedo llorar. Cuando empieza a amanecer decido salir a ver el sol.
-Vaya...- digo -Es maravilloso...- El cielo se ha tornado en un color naranja precioso y recuerdo el primer día en el tren que ví el mismo cielo. Es sobrecogedor, este cielo... Me encanta. No sé por que pero al ver el cielo siento cosas, tengo un presentimiento, pronto voy a salir de aquí. Puede que pasadomañana, antes de las próximas cuarenta y ocho horas estaré volando en un aerodeslizador a que me maquillen en el capitolio para volver a las pantallas. Volveré a casa, volveré a ver a mamá, "I'm coming home...

martes, 2 de diciembre de 2014

Capitulo 26

Hoola tributos!
Sí, lo siento muchísimo, casi tres semanas sin haber subido este capítulo. Es bastante corto y no estoy orgulloso pero he aprovechado estos días para escribir y digamos que está muy bien lo que he hecho. Tambien deciros que he estado pensando en un posible final, que digamos que no me gusta nada pero creo que es lo mejor para mí y para la historia. Esto no quita que aún queden muchísimos capítulos por delante, el final vendrá igual dentro de 80 capítulos o así (Queda muchísimo) y bueno, muchas gracias por estar ahí(:
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Abro lentamente los ojos y lo primero que pienso es que he vuelto a dormir demasiado porque siento el calor del sol y el color anaranjado de la tarde. Gonzalo también está dormido pero cuando me doy cuenta de lo que sucede le despierto. No es la tarde, es fuego. Los vigilantes han creado un incendio para acabar con nosotros.
-¡Gonzalo corre!- grito lo más fuerte que puedo.
Rápidamente guardamos todo en las mochilas y volvemos a correr. Al final no he dormido ni media hora y eso me está pasando factura, estoy rendido. Cada vez el fuego se acerca más a nosotros y cada vez nosotros vamos más lentos así que es cuestión de minutos que salgamos de aquí. El humo inunda nuestros pulmones y algunas bolas de fuego salen disparadas, una me da en la mano y grito del dolor. Justo cuando nos va a alcanzar saltamos a una madriguera y nos escondemos bajo tierra a que acabe todo.
-¿Que tal tu mano?- pregunta entre jadeos
-Mal- contesto yo inspeccionándomela. Esta hinchada y llena de ampollas, con agua consigo hacer que baje la hinchazón pero no tengo nada para la quemadura y ya no me queda dinero. Lo único que puedo hacer es vendármela y dormir.
-Ya hago yo la guardia- dice Gonzalo
Se lo agradezco y me tumbo a dormir hasta que el himno me despierta, salimos de la madriguera para ver a quien pertenece el cañonazo de esta mañana y me sorprende ver la cara de el chico del dos.
-Tu pedrada en la espalda al final ha acabado con él- pienso en voz alta.
-¿Puedes repetirme quien queda?-
-Mateo, la del dos, Tú, Pablo, Paula, La del once y yo-
-Pablo y Paula... ¿No eran un poco inútiles?- dice -Si no recuerdo mal no eran buenos con nada...-
-Sí, no sé cómo han llegado hasta aquí...- digo pensativo
Ahora que el incendio ha desaparecido la tormenta ha vuelto, esta vez acompañada de rayos y truenos, cómo es imposible seguir andando nos escondemos en la madriguera, sin dormir, hasta que sale el sol. Cada día la tormenta va a más pero si no avanzamos cuando podemos no llegaremos nunca. Nos atamos nuestros abrigos hasta arriba, nos cargamos las mochilas a la espalda y con nuestras armas en la mano caminamos por el sendero menos frondoso que hay. Alternamos carrera y marcha para no parar más que para beber agua y a media tarde paramos a cazar algo para comer. Una ardilla es lo único que conseguimos cazar y mientras Gonzalo la cocina yo me subo a un árbol a ubicarme. Lo que veo me deja helado, la montaña del oeste, la que era una cordillera sin árboles ahora está cubierta de lava que brota de varios agujeros. Rápidamente bajo y le cuento la situación a Gonzalo, comemos lo más rápido que podemos y al terminar nos ponemos en marcha sin descansar.
-Quieren acabar con nosotros...- digo mientras corremos -Si no nos damos prisa alguna tortura volverá aquí, primero el incendio, luego la lava..-
-Corre Nacho, no te detengas- dice Gonzalo entre jadeos
Pero yo ya estoy muy cansado, no se cuanto más podré aguantar este ritmo, la nieve del suelo hace que mover los pies sea más difícil. Además el frío de la tormenta consigue traspasar la ropa y me he resfriado. Cuando anochece consigo convencerle para resguardarnos en una pequeña cueva de la ladera de la montaña y mientras yo enciendo unas brasas él sube a un árbol para ver cuanto nos queda.
-Buenas noticias- dice cuando entra -Mañana llegaremos hacia mediodía- Eso me alegra, ya falta menos.
También ha traido unas fresas, unos arándanos y unos frutos rojos muy apetitosos. En un cesto de los que tejí el primer día hago una ensalada de frutas que nos comemos para cenar y después nos tumbamos cerca del calor de las brasas a pasar la noche. Primero hablamos un rato y cuando le entra el sueño le dejo dormir, mientras yo me quedo contemplando el fuego hasta que se apaga del todo, hay un tremendo contraste entre el crepitar del fuego en su comienzo y la paz de la ceniza que simula la vida en sí. Lo único que nos silencia es la muerte, mientras tanto debemos hacernos notar.
Y así entre reflexiones y el calor, el sueño se apodera de mí, lentamente mi respiración comienza a ir más despacio. Mis párpados caen y lo último que recuerdo es a Gonzalo tapándome con el abrigo para que no pase frío.