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lunes, 22 de junio de 2015

Capítulo 45

Hoola tributos!
Bueno, siento subir el capi un dia tarde, pero ahora que es verano (por fín) podré subir más a menudo. Además, dentro de nada el blog cumplirá un año, un año ya...
Enfin, aquí os dejo el capítulo.
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-Nacho- me saca Paula de mi ensimismamiento -¿Vamos?- y me tiende una mano cálida y suave que me ayuda a levantarme. A tiempo, volvemos al restaurante justo cuando se iban a ir por lo que nos montamos en la limusina y llegamos al centro de entrenamiento. En el salón nos despedimos hasta mañana, cuando serán los primeros entrenamientos y cuando ya se han ido todos subo corriéndo a la terraza.

-Peeta!- grito al salir del ascensor y corro hasta donde está él -Peeta...- le doy un fuerte abrazo reconfortante.

-Nacho- dice sonriente -Te he hechado de menos!-

-Y yo...- digo -Aún no he tenido tiempo de darte las gracias como te las mereces Peeta- toso por el frío y prosigo -Me has ayudado muchísimo y yo te maté a tu tributo- dejo caer una pequeña y silenciosa lágrima -Lo siento...- digo avergonzado -De veras- Es el primer momento que tengo para explicárselo todo, espero hacerlo bien.

-No pasa nada Nacho- dice él -Ya estoy acostumbrado a verlos morir, y te recomiendo que hagas lo mismo- dice con un tono triste -Ser mentor es casi tan malo como ser tributo...-

-Ya me lo imagino- suspiro y expulso vapor que se condensa por la boca -No creo que pueda soportarlo-

-No lo harás, uno no puede ver morir a alguien como si nada- pone una cara de pánico -Siento que te hayan metido aquí...-

-No te preocupes- le digo y permanecemos en silencio, este silencio, es diferente. El año pasado, cuando mi vida estaba en peligro, el silencio lo comprendí como un tiempo de reflexión. En cambio este año el silencio no me sirve de reflexión, me sirve como aire para respirar. Necesito tranquilidad, relax, no puedo estar todos los días a todas horas siendo una de las mascotas de Snow y de los niños bonitos del Capitolio. -Gracias- es lo único que alcanzo a decir -Nunca podré agradecerte todo lo que me has ayudado-

-¿La hechas de menos?- pregunta

-Muchísimo- suspiro -Pero no puedo dejar ahora a todos los tributos por ella, se que me esperará allá donde esté-

-Tu tributo... ¿Cómo se llama?- pregunta

-Liz- susurro -Se llama Liz-

-Sabes lo que significa ¿no?- dice misterioso -Cualquier persona que hubiese visto los juegos el año pasado sabe que son realmente parecidas. La vida te ha dado otra oportunidad, aprovechala bien-

-Lo sé- me digo a mi mismo -Pero igual le hago un favor si la dejo morir allí dentro, no quiero que ella sufra lo que es ser mentor...-

-Piensa en su familia- dice sonriendo -¿crees que les importará que su hija desaparezca uno o dos meses al año para entrenar a unos jóvenes a punto de morir?-

-No, ellos la quieren de vuelta- digo -Además, no sé cómo podría ver a su madre sin reprochármelo-

-Exactamente- asiente -Lo has comprendido, te recomiendo que vayas buscando patrocinadores ¿Has visto las estadísticas?-

-Un dos por ciento para el catorce- digo yo aunque él me corrige -Cinco por ciento, el desfile... fué genial- bosteza y se estira -Si no te importa me voy a ir ya a dormir, ha sido un día duro- sonríe y se marcha -Buenas noches-

-Buenas noches- digo yo aunque ya se haya ido. Me siento en el borde de la terraza y lo contemplo todo, fuegos artificiales, luces, música... ellos hacen una fiesta por que haya empezado el sacrificio de veintiocho tributos -Veintiocho!- grito cuando me doy cuenta -Este año hay veintiocho tributos, en los últimos años se han añadido dos distritos más, lo que aumenta las probabilidades de morir en la arena. Lo tenemos dificil, si ya era complicado de por sí acabar con veintitres, cuando llegó el trece ni te cuento y ahora que ha llegado el catorce...

-Esperaba encontrarte aquí- dice Paula -Es un buen sitio- mientras se sienta a mi lado y rodea sus rodillas con sus brazos -Lo tenemos difícil Nacho- dice con un tono algo desesperado

-Muy dificil- digo yo -Tenemos que hacer lo que sea ¿De acuerdo?-

-De acuerdo- dice Gonzalo que acaba de aparecer de entre las sombras -Siento haberos asustado, le oí subir a Paula y...-

-Tranquilo- le doy una suave palmada en el hombro -En cuatro días volveremos a recordar la tortura- suspiro -Venga, vamos a dormir-

Los tres bajamos en silencio en el ascensor a nuestra planta, al llegar, como está todo a oscuras consigo ir a mi habitación a tientas. Me pongo un pijama de franela azul y me meto en la cama, a mi lado está Nico que ha caido rendido en cuanto se ha tumbado en la cama. Con cuidado de no despertarle me apoyo en el respaldo de la cama desde donde contemplo todo, es lo que tienen las alturas, que te permiten ver todo. Poco a poco me voy quedando dormido hasta que vuelve a salir el sol y los primeros brillos dorados se cuelan por mi ventana. Con cuidado, salgo de la cama y me visto rápidamente para dejar a Nico dormir todo lo que quiera. Una vez estoy abajo, veo que no soy el primero.

-Hola Mateo- saludo con la cabeza -Sophie- y la saludo a ella tambien. Me siento frente a ellos y me sirvo una taza de chocolate, otra de café, tostadas con mermelada, bollería y un poco de huevos revueltos con bacon. Una vez termino en silencio, levanto la cabeza y veo que ha llegado Andrew, Liz y Gonzalo. Perfecto, en cuanto llegue Paula dejamos a Liz en la sala de entrenamiento y nos vamos en busca de patrocinadores. Cuando ya todos han desayunado, les deseo buena suerte a Pablo y a Mateo y nosotros nos vamos con Liz a la sala de entrenamiento. Ellos le llevarán un poco después así que bajamos solos, una vez llegamos a la planta -1 nos bajamos y ahí están, la hornada de tributos de este año. Si no recuerdo mal están los profesionales al completo, el chico del tres, los del cinco, los del siete, ambos del nueve, la chica del diez y los del doce. Los demás aún no han llegado por lo que me permito darle un consejo a Liz.

-Hazme caso Liz- digo serio -Por la mañana supervivencia, por la tarde armas- ella asiente y me pregunta -¿Por que empiezo?-

-Fuego, es algo básico y necesario. Cuando lo domines pasa a las trampas y nudos- sonrío -Y a la tarde no muestres tus dotes con el arco, vamos a mantenerlas en secreto- y le guiño un ojo -Prueba con los cuchillos-

Le doy un abrazo y le deseo suerte, lo mismo hacen Gonzalo y Paula. Cuando llegan los demás, nos vamos al ascensor y paramos en la planta baja.

-Nos vemos al mediodía- dice Paula -Suerte-

Cada uno va a una zona, yo decido pasarme primero por los estudios de televisión y acierto, dos ancianos deciden patrocinar a Liz. A demás de eso, no consigo ninguno, he recorrido media ciudad y solo tengo dos por lo que decido parar en un conocido bar para descansar y tomar algo.

-Nacho!- la mujer del pelo en llamas viene y me abraza -¿Que tal todo? Venga, tomate algo, yo invito- me invita a una copa y después se ofrece como patrocinadora. Esta mujer promete, es de las más ricas del Capitolio y puede conseguir casi cualquier cosa. Cuando terminamos me despido con dos besos y vuelvo al centro de entrenamiento para comer, para mi sorpresa es Sophie la única que está así que me siento frente a ella y comemos una deliciosa pasta a la carbonara y un solomillo en salsa que me ha encantado. Por último, un avox que no me suena de nada nos trae un cuenco con algo raro, es arroz con leche según Sophie y está buenísimo. Antes de que el avox se fuese, le pregunto

-¿Que pasó con Avery?- recordándo al avox del año pasado que me ayudó a escapar.

Lo único que hace es levantar el pulgar de la mano y pasarselo por el cuello. Avery está muerto, otro más a la larga lista de personas muertas por mi culpa. Al terminar, ambos nos quedamos hablando sentados en la mesa. Hace tiempo que no hablaba con sophie y en cierto modo, la he hechado de menos. A media tarde decido llamar a Johanna para tomar un café y la cito en una cafetería del centro en una hora. Rápidamente me visto no muy elegante y salgo de aquí, con una bufanda me cubro el cuello ya que hace algo de frío a pesar de que es mayo y con paso lento mientras observo moverse las anaranjadas hojas camino hacia la cafetería.

-Dos cafés por favor- pido al entrar y me siento en una mesa apartada del resto. Unos minutos después traen los cafés y acto seguido aparece Johanna, me pongo de pie y la abrazo fuertemente -Te he hechado de menos Jo- sonrío.

Ambos nos sentamos en la mesa y comenzamos a charlar. Le cuento la visita de mi madre, lo del incendio en el que casi muero asfixiado, lo bien que salió el spot para Snow, que encontré a Zeus y que ahora cuido de Nico, el hermano pequeño de María. Ella me cuenta los levantamientos del siete, un distrito que se niega a aceptar la derrota y sigue en una batalla contra el Capitolio.

-Si el siete sigue así... no quedará nada por lo que luchar- dice desanimada -El siete está empezando a aburrir al Capitolio y como se cansen de sus continuos ataques no dudarán en barrerlo del mapa, como le pasó al doce y al trece. También me comenta algo de la nueva vigilante, me dice que esta ha venido a divertirse y no dudará en hacer los juegos de lo más entretenidos.

-¿Cual crees que será la arena?- Pregunto

-Si quiere divertirse puedes descartar que sea un desierto o un páramo helado- dice -Quiere sangre y esas arenas matan tributos por sus condiciones climatológicas no por armas- suspira -Lo siento Nacho...- dice mientras me mira con cara de pena -Lo tenemos dificil...-

-Lo sé- lentamente bebo el café hasta acabar con él -Siento haber detondo aquella montaña, ahora he causado algo que se he ha ido de las manos-

-No!- dice Johanna -Tu les has dado oportunidades a todos ellos, igual que Katniss Everdeen, lo que ocurre es que ahora tienen miedo y hasta que no tengan un punto de esperanza mayor en el que confíar el miedo perdurará en los distritos-

-Y después de lo que pasó... ¿Quien seguirá dispuesto a ser ese punto de esperanza?- pregunto

Ella suspira y dice -Nadie...- me mira -Estamos destinados a morir- sacude suavemente la cabeza -Nacemos para morir, a esto no se le puede llamar vida...-

Tras unas horas que se me hacen cortísimas, al empezar a caer el sol. Los rayos atraviesan las calles del Capitolio dándole un aura veraniega, se cuelan en la cafetería y casi artificialmente la iluminan de un color anaranjado precioso. Salimos de la cafetería y volvemos al centro de entrenamiento cuando aún no han terminado por lo que esperamos sentados en la puerta, manteniendo el silencio que perdura desde que salimos de la cafetería. Una vez terminan y salen todos, Johanna se va con sus tributos y yo espero a Andrew y Liz.

-Hola chicos- digo sonriente -Andrew, creo que te esperan arriba, si quieres te acompañamos- Miro a Liz -Tengo que hablar contigo-

-Ya voy yo solo- dice él -Hasta la cena- y se va junto con los profesionales, que parecen haberse fijado en él. Rápidamente me monto en el ascensor con Liz y voy al bar al que acostumbraba a ir con Peeta, pedimos una mesa alejada y le dejo sentada
-¿Te gusta el café?- le pregunto y me mira rara

-No lo he probado nunca...- dice indecisa -Pídeme uno-

Me acerco a la barra y pido dos cafés, antes de irme cojo un pequeño cuenco de cerámica en el que guardan los azucarillos. Lo llevo todo a la mesa y le acerco su taza -Ponte dos- digo mirándo los azucarillos -A mi me gusta mucho...-

-Lo sé, ví tus juegos...- Dice sonriente -Eso que hiciste... fué muy valiente por tu parte-

-Te refieres a lo de la avalancha?- pregunto -En ese momento no podía pensar en nada más... Los juegos... digamos que se llevan todas las cosas buenas que guardas en tu mente y sacan a la luz las peores de cada uno- digo sonriendo avergonzado

Ella le pega un trago al café y pone una cara de placer al beberlo, está muy calentito y es reconfortante. -No quiero que me cambien, ni que muestren a alguien que no soy yo. Si voy a morir quiero que mi madre me vea como soy-

-Ni tu ni nadie...- digo -A mi también me cambiaron, demasiado de lo que deberían- suspiro -En fin, vamos a lo que vamos... ¿Que tal el primer día?- pregunto con una sonrisa para darle ánimos

-Bueno...- dice ella girándo la cabeza -Hice lo que me dijiste, he aprendido a hacer fuego, una trampa para cazar y a la tarde he estado practicando con los cuchillos- sonríe

-¿Y?- digo -Cuentame algo más... ¿Que tal los cuchillos?- pregunto

-No muy bien- se ríe y me alivia ver que no está muy nerviosa -A demás tengo algo que decirte...-

-¿Que pasa?- pregunto asustado

-Tengo una alianza- dice secamente, esperándo a que la regañe -No es muy buena pero...-

-Eso es genial!- digo riéndome -Genial Liz...- le cojo de la mano -¿Y quienes son?-

-Los dos del siete y yo-

domingo, 14 de junio de 2015

Capítulo 44

Siento haber tardado tanto pero aquí lo teneis, el capítulo 44!
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-Trrrriiiiiiiiiii- un molesto sonido me despierta, es el despertador, hoy llegamos al capitolio. Rápidamente me ducho y me lavo bien el pelo, cuando ya estoy arreglado me pongo un pantalón blanco y una chaqueta con capucha verde oscuro. Me pongo las gafas de pasta que acostumbro a llevar y antes de salir compruebo todo, el brazalete, el colgante... Esta vez me remango para que los del Capitolio vean el brazalete de los juegos, les volverá locos!

-Hoy llegamos al Capitolio!- voy gritando por los pasillos mientras me dirijo al comedor. Esta vez si que desayuno fuerte, dos tazas de café, tostadas con mermelada de castañas, algo de bollería y un zumo de naranja. Tengo que darlo todo hoy, tengo que conseguir el mayor número de patrocinadores, sinceramente espero conservar alguno del año pasado. Si era el tributo con más patrocinadores de la historia tiene que quedar alguno por ahí.

-¿Preparados?- pregunta Sophie emocionada al salir del túnel de acceso al Capitolio. Ya puedo olerlo, la fama nos espera y aunque no me guste tengo que hacerlo por Liz. -Preparados- decimos los siete, mientras nos levantamos. Antes de salir le doy la mano a Mateo y Pablo y les deseo buena suerte, al igual que a Andrew. Me acerco a Liz y le doy un fuerte abrazo en el que aprovecho para susurrarle al oído un -Todo va a salir bien-

-Y con este tren terminamos la hornada de tributos de este año- dice una voz metálica por un megáfono -Nacho! Gonzalo! Mateo!- la multitud aclama a los ex-tributos, cada uno tenemos nuestros fans por lo que sin dejar sola a Liz me dirijo a la zona de la multitud donde la gente tiene carteles con mi nombre y me aclama. Como siempre, sonrío, firmo autógrafos y me saco fotos hasta que me canso así que seguimos hasta el centro de renovación, aquí dejo a Liz con su equipo y yo me voy con mi equipo de preparación. Pensaba que al no pertenecer ya al distrito 7 me cambiarían de equipo, pero ahí estan, Blonda, Flora y Gilly saludándome como si fuésemos amigos desde la infancia.

-Estas estupendo!- gritan las tres al verme -Verás lo que te tenemos preparado!-

Como acostumbran a hacer, me meten en la bañera con los potingues de colores y me restriegan bien para limpiarme. Al terminar me depilan y afeitan y me arreglan el pelo mientras hacen lo propio con las uñas, una vez terminan con mi cuerpo, viene Paul con unos pantalones azules y una americana verde. Al terminar, voy corriendo a reunirme con los demás mentores a esperar a nuestros tributos. Sophie se separa de nosotros para ir con algunos del Capitolio y yo me quedo con Gonzalo y Paula.

-Nacho!- grita Johanna desde el otro lado del edicicio de donde salen las carrozas -Johanna!- grito yo y corro como un loco a abrazarla a través de todo el edificio mientras cientos de ojos se fijan en mí. Nos quedamos un rato abrazados y le doy las gracias cientos de veces por todo. Ahora me doy cuenta de todo lo que ha cambiado, desde que se dió cuenta de que tenía que ayudar a sus tributos, su forma de pensar ha cambiado. Ya no es la dura, ahora es realmente amable con todos.

-Gonzalo!- gritan Annie y Finnick Jr. -¡Que alegría verte!- y se abrazan como yo. Jaqueline, la del seis, hace lo mismo con Pablo y Paula mientras que Detrius le saluda a Mateo con un seco apretón de manos. Me voy con Johanna a donde esta el resto de mentores y ahí me presento ante algunos. Cuando anuncian que el desfile va a comenzar, me despido y junto con Gonzalo y Paula vamos a buscar a Liz.

-Estas maravillosa- digo yo boqueabiero -Perfecta!- dice Paula entusiasmada -Les vas a enamorar!- Lleva un traje que recuerda al distrito catorce, un traje de azúcar. Es un corsé rosa y a su alrededor hay girando electrostáticamente unos caramelos que dejan estelas de color a su paso. Le subimos con cuidado a la carroza y esperamos a que llegue Andrew.

-Tenemos competencia- susurro a Gonzalo mientras vemos a Andrew llegar. Lleva unos pantalones anchos blancos y una americana blanca desabrochada con la que se le ve la parte de arriba del cuerpo. Además, le han realzado los músculos y está causando furor por donde pasa. -Anda cierra la boca- digo pegándole un pequeño codazo a Paula, que solo le falta empezar a babear. Los tres reimos y hacemos sitio para que Andrew se suba a la carroza, cuando ya están montados corremos a la grada desde donde se ve el desfile. Tenemos un sitio de mentores reservado, por lo que nos sentamos junto al único mentor del trece, un jóven con aspecto desgastado.

-El himno!- me avisa Gonzalo -¡Va a empezar!- Rápidamente me centro en la calle por donde van a pasar y veo a todos los distritos. Solo destacan los del cinco, que llevan unos trájes radioactivos que los iluminan de un color verde intenso, los del doce, que van completamente desnudos y cubiertos de hollín negro y los nuestros. La gente vitorea y aclama al nuevo distrito, Andrew es realmente guapo y sabe como jugar con los del Capitolio. Liz tampoco va muy desencaminada y trata de ser lo más adorable posible, sonríe despreocupadamente y saluda a todo el mundo.

-Liz...- me digo a mi mismo -Encandilales-

Cuando todo se termina vamos a recogerles al edificio donde se guardan los caballos. Les felicitamos por el maravilloso trabajo y junto con Sophie, subimos a la nueva planta catorce, la planta más moderna. Ver las caras de nuestros tributos me llena por dentro, ellos nunca han tenido tan de cerca estos lujos y ahora los pueden disfrutar por unos días.

-Solo unos días- me digo a mi mismo -Solo tengo unos días para buscar el mayor número de patrocinadores-

Una estresada Sophie rompe el silencio, todos nos hemos quedado sin habla no solo por la inmensidad de la habitación, sino porque de una manera u otra esto nos afecta a todos. Todos hemos tenido que pasar aquí un tiempo y todos a excepción de Pablo y Paula hemos perdido a nuestros compañeros, y que decir de los tributos, deben estar sin poder conciliar el sueño. -Venga chicos, id a vuestras habitaciones y arreglaros- me guiña un ojo, se lo que esto significa, vamos a cenar fuera.

-Nacho, Gonzalo- nos detiene Paula -Tenemos que conseguir patrocinadores, arreglaros lo más rápido que podáis y bajad al salón- dice con un tono nervioso

-Calmate, ¿Vale?- digo sacudiéndola por los hombros -Date un baño, ponte guapa y baja cuando estés tranquila- le doy un fuerte abrazo y aprovecho para susurrarle al oído -Esto es duro para todos, intenta parecer segura y mantener la calma con una sonrisa en la cara- me aparto y me sonríe, cosa que hago yo también. Los tres subimos a nuestras respectivas habitaciones y al llegar me quedo completamente boqueabierto, frente a la cama hay un enorme ventanal que ocupa toda la pared desde donde puedo ver el Capitolio entero. Aún es la tarde, y las calles están poco menos que desiertas pero de aquí a dos horas el resplandor del anaranjado sol habrá sido sustituido por la claridad de la luna y la ciudad despertará. Sin dejar de mirar el paisaje, absorto en mis pensamientos, me desnudo y camino de puntillas hasta el baño. Dejo las gafas en la mesita del baño y cuidadosamente meto mi cuerpo en el agua hirviendo, primero los dedos, luego las piernas... es muy reconfortante.

Ahora dejo volar mi imaginación, es el mejor momento para ello. Imagino que estoy en casa, con mamá y con María. Imagino que esto no ha sucedido, que solo ha sido una terrible pesadilla. Imagino una vida con María, con nuestros tres hijos corriéndo por los bosques mientras nosotros les seguimos por detrás. Imagino una tarde de pastelería con mamá y una mañana en el bosque con papá... Imagino que todo esto fuera mentira, un sueño.

-María- digo aspirando fuerte y secándome una lágrima -Te hecho muchísimo de menos ¿sabes?- sonrío, aunque por dentro mi alma llora sin consuelo -Me gustaría despedirme de tí como te lo mereces, solo una vez más...- meto la cabeza debajo del agua y contengo la respiración todo lo que puedo. Al salir del agua, me levanto y le digo -Voy a hacerlo por tí, pero aún me queda mucho para que nos reencontremos. Aqui me necesitan- digo mientras mi mente recuerda imágenes de ella, de Paula, de Gonzalo, de Mateo, de Pablo... -Prometeme que me esperarás, ¿lo harás?- y de repente una nube se apartó dejando que un rayo de sol me alumbrara la cara -Lo tomaré como una señal, te quiero muchísimo-

Salgo algo tembloroso y me seco al instante con la alfombrilla, me pongo un suave albornoz azul cielo con un catorce a la espalda y me tiro encima de las sábanas blancas. Con la mano temblorosa saco las dos cartas, la de María y la de Mamá, cojo la foto en la que salimos María, Johanna, Sophie y yo y unicamente las observo. Cuidadosamente lo recojo todo y lo guardo en un lugar seguro aunque justo cuando las voy a guardar llaman al teléfono y se me caen las cosas del susto.

-¿Digame?- pregunto inseguro -Soy Nacho-
-Le llamo de la secretaría general del Capitolio- dice una aguda voz al otro lado de la línea -Podría pasarse dentro de media hora por aquí?-
-Supongo- digo algo asustado -¿Me da su dirección?-
-Paseo de los caídos número 67- dice -Le esperamos aquí en media hora-

Me visto todo lo rápido que puedo, me pongo las gafas y bajo a todo correr. Antes de salir le aviso a Sophie de que volveré en una hora y hago lo propio con Paula, que nos estaba esperando en el salón. Bajo en el ascensor, que para en la planta siete y un chico de aspecto blando se monta conmigo. Realmente no me esperaba esto, soy como un idolo a seguir para él y lo único que he hecho es matar gente. -Adios- le digo cuando llegamos a la planta de la recepción. Salgo del centro de entrenamiento por la puerta principal y rápidamente paro un taxi para que me lleve allí y en veinte minutos estoy en el número 67 del paseo de los caídos. Camino con paso decidido, y en el mostrador les explico todo.

-Primera planta, cuarta puerta a la derecha- dice una mujer anciana con una nariz aguileña. Subo las escaleras pensando en que puede ser esto y llamo antes de entrar a una habitación con una mujer jóven, que parece que ha pasado por cientos de operaciones quirúrgicas.

-Ignacio Jausoro- digo mientras me siento frente a ella -Encantado-

-Ya se quien eres- dice ella amargada -Vayamos al grano. La familia de María, tu ex-compañera, ha perdido dos miembros. Sus padres han fallecido a causa de un enfrentamiento del pueblo con los agentes de la paz que les custodiaban- dice con un tono neutro -Su único hermano, Nicolás, está ahora mismo sin familia y hemos pensado en usted...-

-¡¿Quereis que yo cuide a Nico?!- digo alucinado -Estaré encantado-

-Traed al chico- dice la mujer mientras aprieta el botón del interfono -Muchas gracias- me sonríe y esperamos callados a que una chica de unos veinte años traiga a Nico. No ha cambiado nada, ese pelo castaño alborotado y esos ojos verdes como los de su hermana. En cuanto me ve se lanza a mis brazos y yo le acaricio el pelo, en muy pocos años, cinco para ser más exactos ha perdido demasiado. Padres, hermana, vecinos...

-Estás a salvo, ya estás aquí- le digo para tranquilizarle -Venga, vamos- me levanto y le doy la mano -He quedado para cenar-

Salimos agarrados de la mano del edificio y pido otro taxi que me lleve de vuelta al centro de entrenamiento. Nos montamos en el ascensor y subimos rápidamente a la decimocuarta planta, al llegar, todos se sorprenden de lo que traigo.

-Chicos, este es Nico- digo apartándome de delante suya ya que se había escondido tras mis piernas -El hermano de María- digo y les explico toda la historia -Rápido, tenemos que ir a cambiarte!- dice divertida Sophie y ambos se van riéndose a su habitación.

-Han hecho buenas migas eh- dice riéndose Paula

-Se llevarán bien- dice Gonzalo entre risas -Bueno, los patrocinadores- y saca una libreta -¿Teneis alguno?-

Rápidamente se me pasan por la cabeza cientos de nombres, seguro que tiene que haber alguno dispuesto a ayudarme. Llamo a Johanna por teléfono y le pido la libreta donde apuntaba sus números, en cinco minutos, ella me la sube y quedamos mañana para tomar un café.

Cuando he llamado ya a más de la mitad, me doy cuenta de lo verdaderamente dificil que va a ser esto. Casi todos creen que como es el primer año no harán nada y únicamente consigo tres, tres de veinticinco. Con la otra mitad tampoco tengo tanta suerte y al final acabo la lista de patrocinadores del 14 con cinco patrocinadores.

-No es un año bueno- repite Gonzalo -Nada bueno-
Suspira y mira al techo embobado -Voy a llamar yo a los míos, Paula, haz tu lo mismo- dice mientras coge el teléfono.

-¿Cuantos?- pregunto cuando terminan de llamar a todos -Tres- contesta Gonzalo -Uno- dice Paula
-Genial, tenemos nueve- digo apuntándolos todos en la nueva agenda. Intento no desanimarme, pero esto está dificil. Espero que con las puntuaciones mejore la cosa.

-Mira que cosa mas guapa!- grita Sophie mientras baja por las escaleras con Nico en brazos -Ya estamos todos listos!- dice cuando bajan Andrew, Liz, Mateo y Pablo tras ella -Vamos, hay que coger una limusina- Me doy cuenta de que Nico se queda mirándo a Liz y se asusta un poco -Se parecen, ¿verdad?- digo sonriendo -Yo tambien lo creo- le doy la mano y seguimos a Sophie hasta la limusina, que en media hora nos deja en la puerta del Capitol Knights.

-Bienvenidos- dice un extraño camarero -Pasen por aquí- y los nueve le acompañamos hasta una mesa circular enorme. Nos sacan de todo, maravillosos manjares cocinados al más alto nivel y con las técnicas más vanguardistas del momento. Cuando estoy realmente lleno, me aparto de la mesa y adopto una posición más relajada. Cuando terminamos dejamos a Sophie, Mateo, Pablo y Gonzalo con Nico y yo me voy con Paula a enseñarles la playa a Andrew y Liz, que está a solo veinte metros.

-Vamos, descalzaos- digo sonriente al llegar a la arena -Venid-

Descalzos pisamos la fría y fina arena que se escurre por nuestros pies. Corriendo, vamos a la orilla del mar a meter los pies en el agua aunque yo me quedo sentado en la orilla observándoles disfrutar. Este lugar me trae muy buenos recuerdos que nunca volveré a vivir y eso me hace estar de bajón, además, me siento diminuto e indefenso bajo el inmenso manto nocturno con todas sus estrellas y galaxias. Con cuidado me tumbo sobre la arena y observo todo, es demasiado perfecto para ser algo natural. Aunque, al fin y al cabo, las cosas más bellas y perfectas te las encuentras en la naturaleza. Mientras contemplo las estrellas, con las risas de fondo y esta brisa tan suave, consigo evadirme de la realidad en la que vivo para volar a través de las estrellas. ¿Como puede algo tan antiguo seguir impresionando a la gente?

(TRAJE DE LIZ)

(TRAJE DE ANDREW)



domingo, 7 de junio de 2015

Capítulo 43

Hoola tributos!
Bueno, aquí estoy! Me esperabais? Seguro que no, esto de haber estado tan ausente habrá hecho que muchos os olvideis de mí. Pero oye, lo importante es que he vuelto y ya he acabado todos los exámenes (Por fin)
Y bueno, que aquí os dejo el capítulo:D
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-Buenos días- dice Sophie con un alegre tono de voz -Arriba! Te espero en media hora para desayunar- y cuando está a punto de salir de la habitación dice -Ah, y no te preocupes por lo de ayer, ya está todo arreglado- y cierra la puerta con suavidad. Sin darme cuenta se me cierran otra vez los ojos y me despierto un rato después, miro el reloj y exclamo -Solo me quedan diez minutos!- mientras salto a toda prisa de la cama y me pongo un pantalón corto por encima de la rodilla y una sudadera verde oscuro, como el año pasado. Me pongo el brazalete y el colgante, me despeino un poco y corro a desayunar.

-Justo a tiempo!- exclama Sophie mirándo el reloj dorado que luce en la muñeca -Ya podeis empezar- dice y hace ademán con los brazos como para invitarnos a comer de los suculentos manjares que cubren la mesa. Todos se lanzan a por las cosas más deliciosas pero yo no estoy de humor, ni mucho menos con apetito para comer, así que me limito a apollar mi cabeza sobre mi brazo y a untar una galleta en el café hasta que se rompe. Cuando terminan de comer me bebo el café de un trago y nos despedimos de ellos puesto que vamos a trabajar con Liz en una habitación separada para enseñarle algunas cosas antes de llegar al Capitolio.

-Bien- dice Gonzalo -Te he conseguido un arco y una diana, comenzaremos practicando un rato y luego probaremos algunas cosas- Gonzalo es el experto en Arcos, así que Paula y yo nos limitamos a sentarnos apollados en la pared y verle disparar una y otra vez. No siempre acierta, pero es realmente buena. Cuando termina con el arco decidimos enseñarle a usar el hacha y los cuchillos por si acaso, igual no encuentra un arco en la cornucopia por lo que tendrá el triple de oportunidades. Los cuchillos no se le dan mal, aunque tampoco es su punto fuerte y el hacha mejor lo descartamos. De ninguna manera va a conseguir hacer algo con un hacha, y por mucho que lo intento no lo consigo. -Definitivamente, no uses el hacha- digo sonríendo, la primera vez que sonrío desde ayer. -Dedicate al arco, tienes futuro- Y nos reimos a carcajadas.

Una vez terminamos con las armas decidimos ver las cosechas, que ayer se nos olvidaron. La verdad es que no hay nada especial, un voluntario en el uno y uno del cinco con aspecto mortífero. Luego llega ella y causa un gran revuelo, una voluntaria en un distrito que es su primer año.

-Tenemos posibilidades- dice Gonzalo con un tono optimista -No hay muchos voluntarios- dice.

La verdad es que con esta actitud no voy a ningún lado así que decido cambiar radicalmente y me pongo las pilas. Pido un café y me lo tomo de un trago, en un momento recupero fuerzas y me esfuerzo todo lo que puedo en estar al cien por cien. Le hablamos de alianzas y de estrategias, al parecer tiene la mente abierta a posibles alianzas lo cual le facilitará bastante las cosas.

-Bien, yo creo que esta mañana ha sido muy productiva- sonrío -Mañana llegamos al Capitolio, entonces te tenemos que preparar para eso- dice Paula pero le corta Gonzalo para ir a comer. Decidimos tomar algo rápido para ir a ver unos juegos por sí Liz encuentra alguna estrategia así que nos comemos unos sándwiches de pavo y queso y pedimos unas palomitas para ir a ver los juegos. Nos acomodamos en los amplios sofás de tela y elegimos unos juegos, los cuatrigésimo quintos. En ellos una chica del cuatro consigue salir vencedora después de haber asesinado con sus cuchillos a trece de los veinticuatro tributos.

-Espero que no haya nadie así- dice Liz temerosa -Espero superar al menos el baño de sangre...- y traga saliva. La verdad, es que me extraña mucho su actitud. Lo de que es una luchadora y todo eso ya lo sabía, pero no demuestra miedo, no parece temerle a la muerte. -No consigo entenderlo- digo yo -¿Como es que no tienes miedo Liz?- pregunto mientras me rasco la cabeza.

-Si que lo tengo- dice -Muchísimo- y rompe a llorar en mi hombro -No voy a ser capaz- dice entre llantos -No volveré a ver a mi madre, y cuanto antes me lo meta en la cabeza mejor- y sale corriendo para su cuarto.

-Dejadme a mí- digo yo -Voy a hablar con ella- mientras me pongo de pie

-La conoces no?- pregunta Gonzalo -Más o menos- contesto yo -Ahora vuelvo- digo mientras me dirijo al pasillo. Cuando estoy frente a su puerta, llamo suavemente y entro.

-Liz...- suspiro -Lo siento mucho- digo sincero -Vas a volver, se lo prometí a tu madre y te lo prometo a tí- digo mientras le miro a los ojos, iguales que los de Paula. Esque es igual, cuando la miro... la veo.

-¿Como voy a salir?- pregunta desesperada -Yo no mato, hay asesinos ahí-

-No todos los juegos se ganan matando- digo serio -Mira Peeta Mellark, ha ganado dos veces y creo recordar que solo ha matado a dos tributos- le limpio una lágrima -Aunque también ayuda- le sonrío y consigo hacer que se ría -Además, ya te salvé la vida una vez ¿no?- me rio -Puedo hacerlo una vez más, pero tienes que seguir nuestros consejos-

-Muchas gracias- suspira sincera -Voy en cinco minutos, esperarme en el salón-

-Viene en cinco minutos- digo cuando llego al salón -¿Que teneis pensado hacer ahora?- pregunto curioso -Ética personal y bueno... halagamientos, por así decirlo- y nos reimos -Somos expertos en eso no?- y rio, mientras imito a la voz que pongo al estar con la gente del capitolio -Oh! Que sombrero mas fabuloso!-

-Ya estoy- dice ella secándose un ojo -Vamos a ello- y se sienta en uno de los sofás, rápidamente Paula le pide un chocolate para que esté mejor y le damos algunos consejos para mañana.

-Cuando salgas del tren- digo paciente -Solo sonríe y saluda con la mano, como si esto no fuese contigo- hago el gesto de sonreir y saludar -También sacate fotos con ellos, y hablales- dice Paula -Tienes que parecerles adorable-

-Les vas a encantar, ya verás- decimos los tres al mirarla -Necesitamos que pongas de tu parte, necesitamos muchísimos patrocinadores para tí- digo yo -Cualquier cosa puede servirte de mucho, desde una pequeña manta hasta una simple cerilla- digo recordándo consejos de Johanna -Tenemos que hacer un trabajo muy duro si queremos sacarte-

-Por ahora este año está siendo malo para nosotros- dice Gonzalo revisando su agenda electrónica -Las probabilidades no están a favor del distrito catorce- traga saliva -Pero aún no os han visto- grita Paula optimista -No hagas caso a eso aún, el año pasado me dijeron que tenía el 2% de probabilidades, es decir, que moriría en el baño de sangre- dice recordando en un tono que va en decadencia -¡Pero mirame! ¿Aquí sigo no?- y le da una palmada en el hombro -Todos tenemos posibilidades, olvidate de lo que digan...-

-Vale- dice Liz con un tono inseguro -¿Algo más?- pregunta antes de levantarse. Los tres negamos con la cabeza y le dejamos marcharse a su cuarto, tras esto nos quedamos hablando de posibles patrocinadores y de futuras estrategias hasta que llegan Mateo y Pablo.

-¿Que tal con Andrew?-

-Tiene futuro- dice con un suspiro Mateo -Es prometedor...- y le mira a Pablo, el cual asiente

-¿Hay algún problema?- pregunto yo al ver esas caras

-Dos palabras- dice Pablo y deja a Mateo terminar -Trágicos amantes-

-No- grito yo -No dejare a Liz jugar a ese juego, nunca sale bien- y miro a Gonzalo y Paula que me dan la razon -No queremos enfadar más a Snow, hacerle olvidar la idea- dice Gonzalo apollándome

-Sabría que diríais eso...- masculla -Bueno, por lo demás, ¿Que tal va todo?- pregunta Pablo curioso

-Se hace raro- contesta Paula -Entrenar a alguien para no morir siendo ella mayor que tú- y asiento, a mi tambien se me hace raro hacer de mentor teniendo a un tributo casi de mi edad. A parte de las torturas que se viven en la arena, las torturas de ver morir cada año dos personas a las que tienes que aconsejar son también horrorosas.

-¿Cenamos?- pregunta Sophie, que ha estado todo el día desaparecida -La mesa está lista, voy a llamar a los tributos- y nosotros vamos al comedor. Cuando llegan los tributos acompañados por Sophie cenamos suculentos manjares que solo con verlos ya te llenan. Decido tomar un plato de pasta de un extraño color verde y unas chuletas de cordero acompañadas con puré de patatas, yo como con moderación, pero Andrew y Liz han decidido comer todo lo que puedan para ganar algo de peso. Me fijo en lo que come Liz, un plato de pasta, otro de ensalada, una sopa y unos lomos de salmón a la naranja, de postre toma natillas de chocolate y algo de tarta. Estoy completamente impresionado de su capacidad pero decido darle un consejo, me acerco a su oído y le susurro

-Procura no comer mucho- digo -Por muy bueno que esté todo, esto te está agrandando el estómago, si vas a la arena con un estómago más grande del que estás acostumbrada, morirás de hambre- ella asiente -Mañana procura comer menos- me aparto de su oreja y le sonrío.

-Que le has dicho- consigo leer en los labios de Gonzalo que está frente a mí -Que no coma tanto- le contesto sin emitir sonido alguno, unicamente moviendo mis labios.

Cuando acabamos de cenar me pido un capuccino que me tomo con tranquilidad frente a la televisión. En ella hay un programa en el que Caesar habla de las historias de los tributos y esta noche le toca al chico del uno, el voluntario. Al final acabamos los ocho pegados al televisor intentando sacar el máximo posible de información sobre el chico, una vez acaba, cada uno se va a su habitación pero antes le doy un fuerte abrazo a Liz. Se lo duras que son las noches, un abrazo no hará mucho, pero la reconfortará.

Grito, corro, lloro... a pesar de todo, no consigo despertar de las pesadillas. Esta noche, con todos los recuerdos del tren, he vuelto a la angustia de la arena. Esa sensación en el cuerpo de estar a un paso de morir, y si das el paso equivocado, los juegos te lo devuelven quitandotelo todo. Me siento apollado en la pared y jadeo, con la cabeza apollada sobre las manos cubriéndo mi cara.

-No quiero- digo sin haber recuperado la cordura -No quiero ir a los juegos-

Mientras mi mente está haciendo estragos en mi cuerpo, aparece Liz asomándose por el marco metálico de la puerta. Sin que yo me de cuenta se coloca a mi lado y me da un suave beso en la cabeza, haciendo que olvide todo.

-Si sales de ahí- digo aún temeroso, con un temblor incontrolado en las manos -Procura buscar la forma de evitar las pesadillas- niego con la cabeza al recordar la sangre que manchaba mis manos -O igual es mejor que no vuelvas- suspiro profundamente -Así no te tendrás que arrepentir de lo que has hecho-

-Procuraré salir lo más parecida a la Liz del distrito catorce- dice -Tengo demasiado miedo, no ser capaz de hacer nada...- deja caer una pequeña lágrima sobre mi almohada -Y mi familia, no pueden perder otro miembro...-

-No lo harán- digo serio -Lo prometo- la miro a los prófundos ojos verdes que te atrapan y siento la tentación de besarla, lentamente me acerco y la beso. No siento lo que sentí al besar a Paula, aquella sensación de dejar de lado a María ya no está. Lo que siento con ella es como besar a María, ella me llena por dentro y no puedo perderla. Sería como perder a alguien dos veces solo que ahora mi cuerpo no lo soportaría, y ya no hablemos de mi mente.

-Lo siento- dice apartándose -No deberíamos hacer esto más difícil, yo voy a morir, y si lo hago sufrirás- dice alejándose -Nos vemos mañana- y me sonríe antes de irse.

-Nos vemos mañana- susurro aunque ya se haya ido.

Me acabo de dar cuenta, la vida me ha regalado otra oportunidad. No salvé a María la primera vez y ahora me ha puesto otra prueba realmente dificil, esta vez tengo que hacer lo que sea. Y si no consigo sacarla, haré todo lo que esté en mi mano para salvar a Andrew. Ese chico tiene algo, quiero sacar a Liz, pero se a ciencia cierta que el va a ganar estos juegos. -Andrew O'conell, tu vas a ganar estos juegos- consigo decir antes de caer rendido.

domingo, 17 de mayo de 2015

Noticia muy pero que muy importante!

Hoola tributos!!
Bueno, siento que esta semana no haya subido capi (ni la anterior) Pero he tenido un problemilla. Mi portátil se ha roto y ahí tenía escritos todos los capítulos. Lo llevé a arreglar y me dijeron que no era nada grave pero aún no lo tengo, por lo que no puedo subir capítulo. Por el momento sigo escribiendo el capítulo que tocaba subir para intentar subir algo, en cuanto lo tenga os juro que lo subo (Pero comprendedlo, los exámenes no dejan mucho tiempo aunque haré lo que pueda) Y pues nada más por ahora, solo que pronto volveréis a recibir noticias mías con el capítulo:D

domingo, 3 de mayo de 2015

Capítulo 42

Hoola tributos!
Bueno, esta vez no se me va a pasar (más que nada porque no tongo nada preparado como castigo y me niego a desvelar parte de la trama^^) Aquí os dejo uno de los mejores capítulos que he escrito, sin lugar a dudas, me encanta *---*
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Han pasado tres meses, tres largos y calmados meses. Parece mentira que mañana sea la cosecha, la primera cosecha de este distrito y mis primeros juegos como mentor. Me paso el día en casa, muerto de los nervios y con una taza de café constantemente. Hago llamadas, envío cartas, recibo llamadas, trazo planes... Tengo que calmar mis nervios por lo que me preparo una tila bien fuerte, y me la tomo de un trago. Ahora estoy más calmado, pero las mariposillas del estómago permanecen ahí por lo que me voy a la cama a dormir un poco.

-Nacho despierta!- dice Gonzalo zarandeandome -Es la mañana!- grita -Los juegos empiezan hoy...- ahí pierde la fuerza, lo dice como con tristeza.

-¿Cuanto queda antes de la cosecha?- pregunto angustiado -Cuatro horas- dice él riéndose -Sabía que te íbas a quedar dormido y por eso vine antes- se ríe aún más

Me ducho rápidamente y me visto con una chaqueta negra desabrochada y unos pantalones blancos. Le pido a Gonzalo que me espere abajo y saco las cartas de María y Mamá que me guardo en el bolsillo, también me pongo el brazalete y la cadena con la foto de mamá, cuando ya estoy mentalmente preparado me despeino el pelo resaltando las mechas de diferentes colores que me puso mi equipo de preparación y bajo a tomarme un café con pastas para desayunar, y al recibir el aviso de que ya está todo preparado salimos al centro de la aldea de los vencedores y esperamos a los demás vencedores. Cuando todos estamos preparados, nos damos un fuerte abrazo y junto con Sophie, que llega minutos más tarde, nos dirijimos a la plaza central. Antes había niños, tiendas de golosinas... ahora únicamente hay un altar elevado frente al edificio de justicia y en el aire se ondean unos banderines de colores, como si esto fuese una fiesta. Nosotros cinco nos sentamos en unas sillas a la derecha junto con el alcalde y en el centro se coloca Sophie, con unas grandes bolas transparentes con los cientos o incluso miles de nombres en las papeletas a ambos lados. Cuando dan las doce, la plaza se empieza a llenar y veo a los jóvenes del distrito catorce ocupar sus puestos con la mirada perdida, ellos saben que no tienen oportunidades, está clarísimo que morirán. Algunos me miran con cara de pena, otros simplemente no están atentos a lo que pasa, solo esperan a que termine todo.

Cuando encuentro a Liz con la mirada, perdida entre la multitud de chicas de un año menos que yo le susurro algo para calmarla. Únicamente muevo los labios para que me entienda -Tranquila- sonrío -Te veré a la vuelta de los juegos-

-Distrito catorce!- dice Sophie cuando ya está todo lleno -Bienvenidos a los juegos del hambre! Primero veremos un vídeo traído del Capitolio y luego daremos paso a la cosecha- sonríe y da paso al vídeo al que no hice mucho caso en mi cosecha, ahora aprovecho para verlo. En él hablan de los días oscuros, del tratado de traición y de los juegos del hambre. Cuando termina el vídeo la tensión se palpa en el ambiente y hay algunos llantos contenidos -Primero las damas!- grita Sophie y introduce su delgada y pálida mano en la urna de cristal, remueve las papeletas y coje una del fondo.

-Merianne Lastage- grita y lo repite esperando a que suba al altar. -¡Volunt!- grita una chica cuando Merianne ha llegado al altar pero acto seguido su amiga le pega un codazo dejándole sin respiración para que no pueda presentarse voluntaria. La otra chica grita -Voluntaria- para evitar que su amiga fuese como voluntaria al matadero. Es muy valiente por su parte, eso que ha hecho por su amiga... le ha salvado la vida, rápidamente Merianne baja algo asustada y se vuelve a colocar en su parcela con las chicas de trece. Entonces la voluntaria sale de la fila y justo a tiempo Paula me tapa la boca y consigue ahogar el grito que suelto -Es Liz!- digo para mis adentros y dejo que el mundo se me caiga encima. Muy despacito camina y se coloca a la derecha de Sophie, la cual saca otra papeleta y la lee -Andrew O'conell- dice con una fingida sonrisa y espera a que ese Andrew suba y se coloque a su izquierda, unos segundos después un chico alto y escuálido con el pelo negro azabache camina con paso decidido y le da la mano a Liz. -¡Felices juegos del hambre! ¡Y que la suerte esté siempre, siempre de vuestra parte!- grita Sophie con un aire monotono, supongo que ella tambien estará cansada de siempre lo mismo.

Cuando terminamos se llevan a los tributos al edificio de justicia, para despedirse de sus respectivos familiares. A nosotros tambien nos meten en salas por si hay alguien que quiera decirnos algo, la verdad es que sí espero una visita pero no se si vendrá. Unos minutos más tarde un agente de la paz abre la puerta y dice serio -Teneis tres minutos- Entonces entra Mad, con los ojos rojos y lágrimas a la altura de la boca.

-Mad, te lo prometo- digo mirándole a los ojos -Haré todo lo que pueda- y le sonrío -Si la vida te da razones para llorar, demuestrale que tienes mil razones para reir- sonrío recordando aquella frase de María y le digo -Demuestrale eso a la vida- Cuando se va por la puerta, justo antes le digo -Por cierto, cuidame mucho a Zeus- y sonríe. Con cuidado me levanto del sillón de terciopelo rojo y me dirijo a las habitaciones de despedida de los tributos, cuidadosamente llamo a la puerta y entro. Me siento en el sofá a su lado y le calmo las lágrimas.

-Eso que has hecho... ¿La conocías?- pregunto a Liz

Ella niega con la cabeza y continúa llorándo -La que se quería presentar era mi mejor amiga- dice entre llantos -Eran hermanas, al nacer las dejaron en el orfanato y las adoptaron dos familias diferentes- se seca las lágrimas -Merianne era de la zona comercial y Sue era mi amiga, ella vivía a tan solo tres casas de mí-

-Todo va a salir bien...- le digo tranquilizador y unos agentes de la paz me llaman para salir -Nos vemos en el tren- le digo con una sonrisa. Cuando me han sacado me obligan a volver a mi sala así que me siento en el sofá y acaricio el terciopelo, en silencio, intentando no pensar en nada ya que la sensación actual es como si yo fuese un tributo. Aquí, encerrado, a fin de cuentas, obligado.

-¿Vamos?- pregunta Sophie asomándose por la puerta -Vamos- le digo y la sigo a través de los pasillos para buscar a los demás. Una vez estamos los ocho, nos montamos en un coche que nos lleva a la estación de tren donde multitud de camaras y periodistas se tiran sobre nosotros. -Sonreír y saludar- resuena en mi cabeza la voz de Sophie y le hago caso, incluso beso a gente, todo sea por conseguir patrocinadores. Una vez hemos acabado, entramos en el tren y se cierra la puerta, aquí comienza nuestro viaje.

-Encantado de conoceros- dice Gonzalo con una gran sonrisa intentando animarles -Lo mismo digo- digo yo -Ahora id a vuestras habitaciones, nos veremos a la noche para hablar de vosotros- digo amable y les dejo irse, creo que es lo mejor, que se adapten a la situacion y cuando estén más calmados hablaremos.

-Buena idea- dice Paula -Sophie, ¿Cuantos días hay desde aquí al Capitolio?-

-Dos- dice ella revisando su agenda -En dos días volveremos a estar rodeados de lujos y de manjares- dice soñadora -¿No estais nerviosos?-

-Muchísimo- digo yo -Yo tambien- dice Pablo -He dormido poquísimo- y sonríe. Ahora estamos juntos en esto, hay que sacar de allí a uno de estos dos, confío en mí para sacar a Liz. -Nos vemos en la cena- dice Mateo -Me voy a mi habitación, necesito estar solo- Yo hago lo mismo que él y me voy a mi habitación, alli me desvisto y me meto a la ducha, aquella ducha con botones del año pasado. Pulso el botón de la vainilla y me relajo todo lo que puedo antes de comenzar otra vez con esta pesadilla, esto va a ser superior a mí... ver como se matan desde tan cerca... no se si seré capaz. Una vez cae la noche, me visto con una camisa blanca y unos pantalones rojos y voy al comedor, antes de entrar me remango las mangas de la camisa sin darme cuenta, dejando al descubierto el brazalete y entro a la misma habitación con una lámpara colgante de diamantes y mesas llenas de comida, la misma habitación que el año pasado me producia repugnancia. Esta sensación de volver a estar aquí me produce un fuerte escalofrío pero lo disimulo con un falso estornudo y me siento a la mesa entre Gonzalo y Paula. Con la llegada de Sophie comenzamos a comer y verles comer con esa desesperación me produce tristeza, los pobres lo han tenido que pasar fatal...

-Estoy lleno- dice Andrew -Llenísimo- dice mientras se frota la barriga

-Lo mismo digo- dice Liz -Todo estaba buenisimo- y deja con cuidado los cubiertos sobre el delicado plato de porcelana. Toma aire y se prepara para lo que viene, hablar de los juegos.

-Bien, lo primero será el reparto de mentores- dice Mateo -Las damas primero- y señala a Liz que me nombra a mí. Andrew elige a Mateo, se nota que busca ganar y quiere a los fuertes. Gonzalo es la segunda elección de Liz, y Pablo la de Andrew. Al final, Liz se queda también con Paula.

-Bien- dice Paula -Segunda pregunta, ¿Juntos o separados?- y les mira a ambos.

-Separados- susurran los dos -No nos conocemos tanto- dice Liz -Como para confiarnos la vida el uno al otro- termina Andrew la frase. La verdad es que me caen bien, realmente bien. -Esto significa que estaremos separados- dice Paula mirándo a Pablo y Mateo a los ojos -Mucha suerte chicos- les damos un abrazo y les deseamos suerte, tras esto, nos vamos a otra habitación para estar los cuatro solos y hablar con Liz.

-Aquí- digo cuando encuentro la habitación acristalada repleta de lujos -Vamos, pasad- digo con una fingida sonrisa que intento mantener en todo momento. Hago hueco a los tres en un sofá y yo me siento en una pequeña silla acolchada de lino verde, el mismo material del que estaba hecho el sofá de mi casa -Estaba- recalco en mi cabeza.

-Bien, pasemos a las habilidades- digo -Sabes hacer algo?- Pregunto a Liz -Cualquier cosa, podríamos venderte con algo que sepas hacer bien- dice Gonzalo

-Una vez tuve un arco de juguete- dice con un tono soñador -Papá...- traga saliva -me lo regaló...- Si no recuerdo mal su padre murió en la montaña, sé lo duro que es hablar de un fallecido.

-¿Sabes usarlo?- pregunta Paula dudosa -El arco es dificil-

-Tengo una puntería exacta en una distancia de quince metros- se sonroja -A partir de ahí ya no soy exacta- sonríe y me hace sonreír a mí también -Algo más?- preguntamos los tres a la vez y nos reímos

-Soy rápida- dice y recuerdo aquella vez que intenté seguirla por la Zanja -Doy fé de ello- digo riéndome -Corre más que yo y es cien veces más escurridiza- y todos reimos. La verdad es que Liz tiene muchísimas aptitudes, podemos hacer un gran trabajo con ella.

Tras media hora mas de charla decidimos irnos a la cama, aunque yo necesito estar solo aquí. -Id vosotros- digo con la misma sonrisa fingida de antes -Ahora voy yo a mi cuarto- Cuando ya estoy solo me levanto y camino lentamente por la sala, acaricio las paredes... es imposible no venirse abajo. De un momento a otro pierdo las pocas fuerzas que tenía y caigo de rodillas al suelo. -Por qué- grito mientras lloro y pego con la mano en el suelo -Por qué te fuiste- inspiro con dificultad y me quito los mocos de debajo de la nariz -María, te necesito más que nunca- susurro -Necesito volver a verte!- grito con rabia y me pongo de pie a despotricar contra el capitolio. En un énfasis de rabia, rompo un jarrón de porcelana china y me siento tan aliviado que comienzo a romper lo que veo a mi paso -Me quitasteis a María- grito -Lo vais a pagar más caro que esto- y pego una patada a una silla. Cuando consigo tranquilizarme me voy a mi cuarto, me pongo un pijama de seda y me meto en la cama, esperando que mañana sea otro día. Otro terrible día aquí. La verdad es que no me importa estar aquí como mentor, lo que me importa es el hecho de haber estado aquí con ella hace exáctamente un año y que este año ya no esté, ni el siguiente, ni ninguno. Solo queda un cañonazo, su muerte se redució a un simple cañonazo que no pude evitar y no pararé hasta que otro anuncie la mía. Porque a eso se reducen las vidas de los desafortunados cuyos nombres salen elegidos, están predestinados a morir sustituidos por un frío cañonazo. Y los que consiguen volver, se van con el corazón atravesado por las balas de los veinticinco cañonazos que han tenido que sonar para dejarle ir. Veinticinco BOOMS con veinticinco historias detrás, todas ellas a cambio de una. Pero así es el juego al que estamos obligados a jugar, un juego que no se limita a declarar ganadores o perdedores, es un juego que va más allá y declara vivos y muertos. ¿Quien diría que un simple juego, algo de niños, fuese tan atroz?

martes, 28 de abril de 2015

Cato's Story

Hoola tributos! Pues bien, aquí teneis, es parte de LJDH desde el punto de vista de Cato (El final) Lo escribí por un concurso y bueno, aquí teneis:3
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-¡Cato!- Un chillido recorre la arena y hace que me detenga en seco -¡Cato!- No es un chillido normal, definitivamente ese chillido no ha sido como los otros. Sigo caminando, ignorando el chillido hasta que lo vuelvo a oír.
-Cato...- susurra alguien que suena mucho más cercano -Cato despierta, acaba de sonar un cañonazo- Lentamente, abro los ojos y vuelvo a la realidad. Había soñado que estaba en casa pero aún no, falta un poco más, solo un poco más. -Solo un poco más...- susurro sin darme cuenta.
-Un cañonazo Cato, ha sonado un cañonazo- Clove se me acerca hasta tenerla casi a un palmo de mi cara -¿Sabes lo que eso significa? Quedamos seis Cato, solo seis-
Me froto un ojo y me estiro. Al moverme, una ráfaga de aire frío entra en la tienda de campaña y me acerco a Clove. -Hmmm- me aclaro la garganta -¿Quienes quedan? Katniss, el chico amoroso... ¿Quien más?-
-La chica pelirroja y Tresh- me contesta emocionada -Solo quedan cuatro, cuatro personas que hay que eliminar. Estamos llegando al final del juego Cato- Sonrío y le doy un beso para seguir con la estrategia de los amantes -Estamos a punto de ganar el juego de nuestras vidas- le abrazo y recuerdo a Teddy. No se que le parecerá esto, pero definitivamente si consigo salir de aquí no podré volver a mirarle a la cara.
Durante el resto de la mañana únicamente aguantamos escondidos en la espesura del bosque. Más o menos a media mañana alguien de nosotros seis enciende un fuego porque veo como una columna de humo se alza entre unos árboles cerca de donde pasaba el río pero me resisto a ir. A estas alturas corremos más peligro y si hemos conseguido llegar hasta aquí no pienso echarlo todo por la borda, me niego a morir a manos de un tributo del doce. Únicamente recojo todo el campamento, escondemos las lanzas que no vamos a utilizar en un hoyo que consigo hacer en el suelo y ayudo a Clove a levantarse antes de marchar sin rumbo fijo. Con una espada en mano, la mochila cargada a la espalda y Clove cubriéndo nuestros pasos por detrás. Parece mentira, la quiero tanto que incluso soy capaz de confiarle mi vida. Si ahora nos atacan, confío plenamente en que consiga salvarme de la persona que venga por detrás.
-¡Quieta!- grito y la empujo al suelo. Veo como la maleza se va moviendo lo cual, significa que alguien se acerca a nosotros. Empuño la espada, me preparo y cuando sale el cuerpo de la maleza, me caigo hacia atrás del susto. Es un ciervo, solo un pequeño cervatillo que corre asustado para escapar de mí.
-Déjale- ordena Clove poniéndose en pie -Baja el arma- Y entonces me doy cuenta de la fuerza con la que empuño la espada para protegerme. Me doy cuenta de lo indefenso que soy, de lo difícil que es intentar mantener la fachada que me caracteriza siendo por dentro un alma aterrorizada. -Está bien...- digo refunfuñando -¿Cuanto más crees que nos queda aquí?- pregunto -Me quiero ir a casa Clove-
-Sí, a casa...- contesta ella en tono soñador, como si fuese un imposible, algo que ella y yo sabemos que es la tarea más dura del mundo. -Salir de aquí con vida...- susurro y comienzo a reirme mirándo a Clove. -Definitivamente has perdido la cabeza Cato- y ella rie conmigo.
[...]
-¡ATENCIÓN TRIBUTOS! ¡ATENCIÓN!- La inconfundible voz de Claudius Templesmith retunda en la arena -ESTA NOCHE SE ORGANIZARÁ UN BANQUETE EN LA CORNUCOPIA- él calla y yo le miro a Clove que asiente con la cabeza, como si estuviera ansiosa. -UNA COSA MÁS: PUEDE QUE ALGUNOS ESTÉIS YA RECHAZANDO MI IDEA PERO NO SE TRATA DE UN BANQUETE NORMAL. CADA UNO DE VOSOTROS NECESITAIS UNA COSA DESESPERADAMENTE. EN LA CORNUCOPIA, AL ALBA, ENCONTRARÉIS UNA MOCHILA CON EL NÚMERO DE VUESTRO DISTRITO. PENSADLO BIEN ANTES DE DESCARTARLO, PARA ALGUNOS SERÁ VUESTRA ÚLTIMA OPORTUNIDAD- Vuelvo a mirar a Clove y esta vez ella me mira a mí. Únicamente viendo ese brillo en sus ojos, esa sonrisa, la forma en la que respira... no me hacen falta palabras para saber lo que pensamos ambos.
-Pero, ¿Qué necesitamos tan urgentemente?- me pregunta Clove.
-No tengo ni idea- digo sincero -Tú estás bien, ¿No?-
-Completamente- dice ella sarcástica -Necesitaba este cambio de aires, el distrito dos ya me cansaba- y rie, con una risa de niña pequeña e indefensa.
Increíblemente rápido, la tarde se nos echa encima mientras ambos descansamos a la sombra de un gran roble. El sol, ya naranja, desciende desde la cumbre de la montaña e ilumina todo el bosque. Ya huele, huele a casa. La atmósfera que se respira es digna de los juegos del hambre, toda la arena está iluminada de un tono naranja rosáceo y si miras a tu alrededor, hay polen flotando por todas partes, lo que hace que parezca que el aire tiene brillantes. El olor, un inconfundible olor a bosque en el que, cualquier persona del distrito dos es capaz de distinguir los distintos tipos de árboles
-Pino, Roble, Encina, Secuolla...- digo sonriendo y miro al cielo -Papá...-susurro -Aún me sigo acordando, que sepas que te hecho de menos, allí donde estés-
Además, estar aquí con ella lo hace mejor aún. Llevamos ocho años entrenando juntos y ella se ha convertido en mi máximo pilar, en mi único apoyo aquí y en el distrito. Con sutileza, me siento a su lado y la rodeo con el brazo. -Te quiero. Lo sabes, ¿No?- A lo que ella me mira y se sonroja, quedándose sin palabras aunque no se si por la inmensidad de la arena o por las palabras que le he dirigido. -Yo tambien- consigo entender.
-¿Quieres cenar?- le digo rompiendo el silencio, casi una hora después cuando el sol ya se ha ocultado -Tenemos una lata de conserva- digo y al instante la abro. Meto el dedo y pruebo lo que hay dentro -Albóndigas con tomate- le digo ofreciéndole la lata. Mientras ella come, yo me dedoco a mirarla comer y hago que se sonría. En cuanto termina se estira y se pone cómoda en el árbol. -¿Dormimos un poco?- le pregunto -Tenemos tiempo de sobra hasta que sea el banquete- Así que decidimos hacer turnos. Ella duerme primero y yo me siento a los pies del árbol con un cuchillo y mi espada. No se si es mejor tener las gafas con las que puedo ver en la oscuridad o no tenerlas aunque habrá que superar el miedo. Todo transcuye con normalidad hasta que despierto a Cloe y le dejo las armas. Yo subo a la copa del árbol y me duermo sobre una rama bien gruesa
[...]
-Psst- Alguien zarandea el árbol -¡Cato! ¡Despierta o llegaremos tarde!-
En un instante adapto la visión y me incorporo en la rama. Con cuidado bajo, y al llegar abajo me acerco a Clove. Llevamos ya unas semanas aquí pero ella está genial, a pesar de todos los rasguños, la sangre seca y el pelo sucio está magnífica. Tiene un brillo especial, no se si es la luna o qué pero lo único de lo que estoy seguro al mirar sus ojos es que tienen un brillo. Al mirarlos veo las estrellas y es como si volviera a estar en casa, a salvo -A salvo...- repito inconscientemente.
Con paso rápido, caminamos hacia la Cornucopia intentando seguir uno de los senderos que tantas veces hemos recorrido en busca de tributos. Oigo pasos como a un kilómetro de aquí, son rápidos y puedo deducir que es únicamente una persona. Al llegar a la Cornucopia, llega el momento que ambos esperábamos.
-¿Quien va?- le pregunto -¿Voy yo?-
-No, tú no vas a ningún lado- me contesta seria -Soy mil veces más rápida que tú, además, si alguno escapa puedes acabar tú con él- Dice y me guiña el ojo -Y si no escapa... te prometo que te la guardo-
-No me hace falta- digo pensando en Katniss -Únicamente da un buen show si la pillas- Y mientras esperamos a que amanezca, con un silencio sepulcral, la abrazo con la excusa de compartir algo de calor. Sé perfectamente lo poco que le gusta mostrar sus sentimientos, así que me trago mi orgullo y dejo que ella decida lo que quiere hacer. Ojalá podamos volver a casa hoy, no sé, tengo el presentimiento de que hoy volverémos ambos a casa.
-Observa- me dice cuando una mesa con cuatro bolsas aparece en un agujero en el centro del área de la cornucopia. -Es mi turno- coje sus cuchillos y se guarda uno de ellos en la bota, otro en el cinturón y el último empuñado con fuerza. -Cato- me llama casi ineludiblemente -Yo...- se ruboriza y se toca un mechón de pelo -Te quiero muchísimo Cato- y se pone de puntillas para darme un beso. Un largo y profundo beso que hace que vuelva a la realidad. Entonces, me tumbo escondido en un matorral y vemos a la chica pelirroja correr desde el interior de la cornucopia hasta la mesa, cojer su mochila y salir pitando antes de que cualquiera de nosotros lo hiciéramos. Cuando la chica está huyéndo, Katniss Everdeen sale disparada hacia la mesa y en cuanto lo hace ella, lo hace Clove.
-Cierra los ojos- me obligo a mi mismo -Todo será mucho más fácil si los cierras-
Y entonces un terrible chillido me recorre el cuerpo. Siento una rara sensación de deja vu y lo vurlvo a oir. -¡CATO!- es ella, es Clove -¡CATO! ¡SOCORRO!- Instintivamente abro los ojos y me pongo en pie. La escena me aterroriza. Puedo ver a Katniss Everdeen con una buena herida en la frente de la que sale abundante sangre junto con Tresh sujetándo a Clove contra la Cornucopia. Corro hacia ellos pero mientras lo hago veo como Katniss sale corriendo y Tresh aporrea la cabeza de Clove con una piedra hasta dejarla prácticamente inconsciente. Después, él sale corriendo hacia los campos de trigo y justo cuando llego Clove está aún despierta.
-Clove- susurro entre lágrimas -Clove por favor, no me dejes. No me dejes aquí Clove- noto como el sabor a sal de las lágrimas inunda mi boca y únicamente me permite producir sonidos ineludibles. -Clove te lo suplico, no quiero quedarme solo aquí-
-Cato...- consigue decir -Yo te...-
-Yo tambien- le digo y la beso. Igual que una princesa besa a su rana para que se convierta en príncipe en esta historia es el príncipe el que besa a la princesa para que reviva. -No te vayas, te necesito- me limpio las lágrimas y le limpio la sangre que sale del cráneo. Sé que le quedan unos segundos más en este mundo, solo unos segundos.
-Clove, en unos segundos te voy a perder para siempre- le digo -Esto es horrible, saber que voy a perderte...- se sueno los mocos -Clove no me olvides allí arriba, te juro que yo no lo voy a hacer aquí abajo-
-No lo haré- dice e intenta mover los músculos de la cara para sonreír pero no lo consigue por lo que con el dedo le muevo los labios para ayudarla a sonreír.
-Voy a intentar retrasar el momento de reencontrarnos todo lo posible, tú espérame-
-BOOM- Un cañonazo resuena y hace eco por toda la arena. Ya no quiero vivir, ya no quiero volver a casa. -Ya no quiero jugar a este juego- digo en voz alta mirándo al cielo, sabiendo que debo de tener una cámara grabándome. Con cuidado cojo uno de sus cuchillos y lo aprieto contra mi pecho, intento atravesarme pero cuando me doy cuenta de lo que estoy haciendo me grito y lanzo el cuchillo a la bolsa. Un sonido metálico lo repele y es entonces cuando entiendo que es lo que necesito. Una armadura para protegerme de las flechas de Katniss Everdeen.
-Tengo que acabar con esto- me digo a mi mismo -Ahora estoy solo, tengo que hacerlo por ella- Así que corro y me adentro en los campos de trigo que son incluso más altos que yo y tengo que hacer fuerza para avanzar con dificultad. Media hora más tarde he atravesado el campo y he llegado a un llano donde veo a lo lejos un barranco. Más o menos a una hora de aquí hay un molino de viento por lo que emprendo la marcha y cuando llego el sol ya está en lo alto. -Serán las doce- me digo a mi mismo. Entonces, sin previo aviso, un cuchillo atraviesa el aire y me pasa a escasos centímetros de la pierna. -Tresh- grito -Baja y lucha como un hombre-
-Aquí me tienes- dice y sale por la puerta -Esto es tú y yo Distrito dos. Aquí nosotros somos los fuertes-
-Tú mataste a Clove- digo empuñando mi espada y uno de los cuchillos de Clove. -Y yo haré lo mismo contigo- Corro hacia él con las armas en alto y gritando como un poseído hasta que cuando llego a él, le lanzo el cuchillo y se lo clavo en el hombro. Él agita su guadaña y me hace un corte en el pecho haciendo que sangre, le empujo y me tiro sobre él. Intenta zafarse de mi puño hasta que consigo impactar en su cara y le rompo la mandíbula. Tresh grita, yo solo continúo hasta que se invierten los papeles, ahora es él quien está encima y me rompe una pierna al dejarse caer sobre mí. Entonces rodamos, rodamos muchísimo mientras intentamos pegarnos hasta que llegamos al final de la llanura, al barranco. Yo le agarro, el me agarra y le empujo haciendo que caiga con él. No, no puedo caer. Hago contrapeso y evito que ambos nos caigamos por el barranco. Entonces, mientras yo me estoy poniendo en pie él me empuja y ambos caemos. Los dos estamos unos segundos precipitándonos al vacío hasta que me consigo agarrar a un saliente de la pared.
-Lo siento Tresh- digo cuando le veo agarrado a mi zapato -De verdad, tú no mereces morir así- Con cuidado deslizo el pié fuera de la bota y se cae junto con Tresh. Intento no mirar, pero es imposible no escucharle gritar y escuchar su llegada al suelo. Como un huevo, como el huevo de un pájaro, Tresh ha acabado espachurrado contra el suelo. -BOOM-  Con una habilidad increible, yo escalo la pared hasta llegar arriba donde consigo arrastrarme hasta la casa con la pierna sana. La otra está imposibilitada, así que al llegar busco cuerda y un palo de madera para hacer una especie de férula. Gracias a ella consigo andar, muy despacito pero ando.
-Quedamos tres, solo tres- me digo y me encamino hasta la Cornucopia. Al llegar, ya casi es de noche así que me adentro en la espesura del bosque hasta que veo a Katniss y al chico amoroso correr hacia mí. Pero no se paran, siguen y pasan de largo hasta que entiendo lo que pasa. -¡Mutos!- grito con todas mis fuerzas y corro con ellos. Subo el primero y esquivo un par de flechas de Katniss hasta que consigo cojer a Peeta, lo agarro por el cuello, mi arma más mortífera.
-Puedo hacerlo una vez más- digo en voz alta mientras él se pone morado -Solo una vez más- y entonces él dibuja en mi mano un circulo. Parece que me cuesta más a mí que a ella darse cuenta, al fin y al cabo, este era su show y ellos tenían que ganar. Con la mano atravesada caigo de lo alto del cuerno plateado y la manada de mutos se me echa encima, suerte que llevo la armadura. Minutos después, sigo aquí tirado pero la armadura ha desaparecido, ahora los perros me muerden con fuerza y solo puedo gritar, gemir y aguantar hasta que esto pase, hasta que vuelva a reencontrarme con Clove. Mi cara, mis brazos, mi pecho... Mi cuerpo en general, todo está destrozado por esos asquerosos y no puedo hacer nada. Nada de nada hasta que mientras amanece, consigo vislumbrar a Katniss y le pido un favor, mi última súplica
-Mátame- Y lo siguiente sucedió muy rápido. Ví la flecha volar y atravesó mi cabeza. Ahora sí, ya estoy muerto y no sufro. Mi cuerpo ya no me pertenece, ya no siento a los perros arrancarme trozos de carne, ya no siento nada. He entrenado durante años para venir aquí y al final, mi orgullo me ha vencido y me ha costado caro. No volveré a ver a mamá ni a papá, ni a Teddy, ni a nadie. Solo a Clove, ahora podré estar con ella para siempre, podré ser feliz. ¿Quien diría que morir podría ser algo tan deseado? Gracias a Katniss ya voy a reencontrarme con ella y solo puedo pensar -Gracias Distrito doce- Antes de que un seco cañonazo me reemplace como ha hecho las veintidos veces anteriores. Clove, Glimmer, Marvel, Rue, Tresh, La chica pelirroja, El chico cojo... Volveré a reunirme con ellos y espero que sepan perdonarme. Solo espero que sepan perdonar al que les arrebató la vida aunque, si yo lo he hecho con Katniss, supongo que ellos podrán hacer lo mismo.

En memoria a los tributos caídos de los que todos los lectores nos enamoramos.

lunes, 27 de abril de 2015

Capítulo 41

Hoola tributos! Bien, como era de esperar me he vuelto a retrasar y esta tarde subiré otro relato. No es un capitulo pero puede que lo disfruteis igual:3
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-Nacho- me llama Sophie -Nacho por favor, despierta- escucho mientras me abraza.

-Hmmm- digo yo -Estoy muerto?- pregunto.

Abro los ojos y estoy junto con Liz en el hospital del distrito. Tengo puesto algo en la boca para respirar que me da la sensación de estar asfixiándome pero no me lo quito. A mi derecha están los demás vencedores, a la izquierda Sophie y frente a mí una silla con mi hacha ensangrentada, la soga y la brújula. La cabeza me da vueltas y me vuelvo a dormir. Vuelvo a mi estado de letargo hasta que me encuentro con la suficiente fuerza como para levantarme.

-Cuanto llevo dormido?- pregunto -Dos semanas- es la respuesta que recibo de Gonzalo, el único que está en la sala -Por fin despiertas- dice el alegre -Han pasado muchas cosas estas dos semanas, la chica pelirroja despertó y el hombre al que salvaste está vivo- se calma -La montaña ardió durante días Nacho, era una lucha continua, todos ayudábamos en lo que podíamos...-

-Muchas gracias Gonzalo- me quito la máscarilla de la boca y sonrío -Tengo ganas de irme a casa-

Después de una semana de rehabilitación y de reposo ya me puedo ir a casa, donde encuentro a Mad, que se me echa encima y me llena la cara de besos. -Has salvado a Liz- llora -Te debo la vida-

-Estamos juntos en esto- digo serio -Todos tenemos que ayudarnos- Toso y me siento, inhalé muchísimo humo y aún no estoy del todo recuperado -Me voy a ir a la cama- le digo a Mad algo cansado -Avísales si vienen de que estaré durmiendo-

-Pero estas bien ¿No?- pregunta preocupada y yo le contesto que sí, con una sonrisa fingida. Con calma voy a mi cuarto y me pongo el pijama. Destapo el grueso edredón y me meto bajo él, no tardo ni medio minuto en dormirme.

-Nacho!- me grita alguien -Nacho despierta!- noto como camina apresurado por la habitación, no se está quieto -Nacho por favor...- No puedo abrir los ojos, estoy realmente cansado. Tras varios minutos hago un esfuerzo y me incorporo -Gonzalo?- pregunto al ver a alguien frente a mí, aún veo borroso pero en unos segundos se me pasa. -Nacho, hemos descubierto lo que te pasa- dice alegre -El café-

-Café? Claro eso es!- digo -Mi cuerpo ya estaba acostumbrado a tomar café y no dormir tanto, pero como he estado indispuesto unas semanas no he podido tomarlo y mi cuerpo se duerme -Ten, toma- dice sujetando una ardiente taza humeante de café -Te ayudará a mantenerte despierto, tienes que tomarte al menos uno cada día-

-Gracias- susurro con un fino hilo de voz - Necesito estar a tope para los juegos, tengo que desengancharme al café- digo serio -No, no puedes desengancharte. Lo necesitas.- sonrío y le doy las gracias. Un rato después vuelvo a estar casi tan activo como antes así que me visto y voy a la Zanja, a ver a Liz. La canción del árbol del ahorcado resuena en mi cabeza desde que se la canté a ella, voy caminando por la nevada calle, con la mirada perdida y sin un verdadero rumbo, solo espero encontrar la casa. Al llegar, Mad sale corriéndo a mi encuentro en la calle, rápidamente me invita a entrar y me prepara un té. Tras tomárnoslo subo al piso de arriba donde duerme Liz pacíficamente.

-María...- susurro sin darme cuenta -Se que la cuidas desde allí donde estés, se su ángel de la guarda- Me acerco a su cama y le acaricio la mejilla, ella abre un ojo y me sonríe. Yo hago lo mismo, pero se vuelve a dormir así que bajo abajo y me despido de Mad. No me apetece nada ir a casa a volver a dormir sin saber cuando despertaré así que decido darme una vuelta por las calles teñidas de blanco y entro en el mercado negro para la gente de la Zanja. Hasta hoy nunca había entrado aquí, era un sitio que me daba cierto respeto pero hoy no tengo nada mejor que hacer por lo que entro y atravieso los distintos puestos donde venden todo tipo de cosas. Decido comprar un poco de leche de cabra a un joven de pelo oscuro cuya única familia parecen ser esas cabras y al salir, me fijo en una señora que tiene todo tipo de baratijas. Me acerco y le compro un collar dorado con una placa con algo grabado en ella.

-Que significa?- le pregunto a la anciana -Lo de la placa-

-Tempus fugit...- dice soñadora -El tiempo vuela- Y me la deja sobre la palma de la mano, después me cierra los dedos envolviéndo así el colgante entre mis cálidas manos. Al caer el sol, la mayor parte de la gente se va a sus casas por miedo a los estrictos agentes de la paz así que hago lo mismo. No estaría bien que un vencedor fuese pillado aquí, rápidamente emprendo mi marcha hacia la aldea de los vencedores y en menos de media hora ya estoy frente al fuego, tomándome a sorbitos un fuerte café espumoso mientras veo las últimas noticias en el capitolio y en los distritos. Al terminar, le pongo a Zeus algo de comida y yo me voy a dormir aunque con cierto miedo de volver a despertarme dentro de una semana.

A la mañana siguiente me despierto cuando los primeros rayos de sol atraviesan la delgada cortina roja que cubre el ventanal. La luz que atraviesa la cortina entra teñida de rojo así que las paredes de mi habitación se iluminan de un color rojo anaranjado precioso. Me levanto de la cama y camino lento hacia el cuarto de baño, abro el grifo de la bañera aún medio dormido y cuando ya está llena y humeante me meto dentro y disfruto de la preciosa vista invernal del distrito catorce. Al empezar a escuchar los sonidos de los camiones que llevan a los trabajadores a la montaña decido salir a preparar algo para desayunar y llevárselo a Mad. Mientras silbo la canción que ronda mi cabeza desde hace días preparo un zumo de naranja que meto en una botella, también preparo chocolate para los pequeños y algo de bollería que meto en una bolsa. Lo guardo todo en mi bolsa de caza y emprendo otra vez el rumbo hacia la Zanja, al llegar todos me reciben calurosamente, pero Liz sigue en la cama así que siento a los pequeños a la mesa y junto con Mad nos tomamos todo lo que he traido. Ellos nunca habían probado estos manjares y ver como el pequeño Toby se chupa los dedos manchados de chocolate no tiene precio, entre los cinco acabamos con todo el chocolate y los bollos y guardamos el resto del zumo en el pequeño armario donde guardan lo poco que tienen para comer. Al terminar decido subir a ver a Liz que continúa dormida, intento despertarle pero no lo consigo nada. Le coloco suavemente el colgante que compré al rededor del cuello y me vuelvo a ir, me despido de todos ellos y vuelvo a casa de Paula a ver si quiere hacer algo conmigo. Por sorpresa no está en casa así que atravieso la verja supuestamente electrificada y voy al bosque esperando encontrarme con ella. No me gusta la sensación de estar en el bosque sin armas, solo llevo encima el brazalete que me califica como vencedor y la brújula aunque, ya no hay nadie corriendo por ahí con una espada buscando mi muerte.

-Zas- me agacho y un cuchillo se clava en el árbol de detrás de mí, a la altura de mi cabeza. Al parecer si que intentan matarme -Eh! Cuidado con eso!- grito algo enfurecido y veo a Paula quitarse una venda negra de los ojos -De verdad tienes tanta puntería con los ojos cerrados?- pregunto verdaderamente asombrado y ella se ríe mientras lanza otro justo al lado del anterior -Has mejorado muchísimo- digo mientras recojo los cuchillos del árbol -Para ser una chica del seis- y le pongo cara de burla.

-Cuidado, no vaya a ser que una chica del seis te mate- dice riéndose y me saca la lengua -¿Que haces aquí?- pregunta -¿Quieres practicar?-

-No soy muy bueno con los cuchillos- digo inseguro -Si me quieres ayudar...- Acto seguido se coloca detrás de mi, con sus brazos mueve mis brazos y lanzamos el cuchillo al árbol más cercano. Luego me deja probar a mí solo pero en vez de darle a un árbol que era mi objetivo le doy a una ardilla que corría medio metro más a la derecha -¿Tampoco está tan mal no?- digo riéndome -Anda, recoje la ardilla y vamos a comer algo-

Volvemos a su casa y preparamos algo para comer, tomamos una sopa de picadillo y un rostbeef con puré de patatas. Después de comer vamos al salón y mientras nos tomamos un delicioso helado de tres sabores vemos una película del Capitolio, es bastante mala pero al final nos enganchamos e incluso veo a Paula llorar cuando muere el protagonista. Al caer la noche me vuelvo a mi casa y decido irme a la cama sin cenar, corro las cortinas y me pierdo entre las densas sábanas que me atrapan como arenas movedizas.

martes, 21 de abril de 2015

Capítulo 40

Hoola tributos!
Ya estoy aquí! La espera ha sido larga pero aquí me teneis. Siento muchísimo no haber podido subir antes (cuestiones de tiempo, como de costumbre) y creo que esto empieza a afectar a los seguidores del blog (Las visitas han bajado muchísisisisimo!) Así que voy a procurar volver a como estábamos antes y subiré, OBLIGATORIAMENTE, capítulo cada domino o sino me impondré un castigo (Ya sea revelando algo de la trama o subiendo capítulo diario^^) Bueno, aquí os lo dejo:3
PD: Vuelve la acción y es más largo:D
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Me levanto como todos los días y me tomo un buen café. Cuando ya estoy lo suficientemente despierto como para ponerme a ordenar la casa, llaman al teléfono.

-Que raro...- pienso -A esta hora nunca suelen estar despiertos-

-Buenos días Ignacio- dice una voz que me resulta muy familiar -¿No sabes quien soy?-

-Snow...- digo cuando me doy cuenta -Que quiere?-

-Cuantas prisas!- dice riéndose maléficamente -Bien, vayamos al grano. Creo que será mejor que nos llevemos bien ¿no?- se calla para dejarme hablar pero yo no digo nada así que continúa -Bueno, veo que estás de pocas palabras. Lo que quiero es que grabes un vídeo, un spot, en el que calmes a los distritos. Supongo que ya sabrás que la avalancha causó el mísmo efecto que las jaulas de noche de los septuagesimo cuartos juegos del hambre-

-Algo me olía, sí- digo recordándo los distritos en el tour de la victoria -Se emitirá también en el Capitolio?-

-Por supuesto, aquí la gente tambien esta...- hace una pausa -Alterada, por así decirlo- Siempre busca las palabras con muchísimo detenimiento -Si no me veré obligado a meter a los del Capitolio en los juegos-

-Mas gente no por favor- digo suplicando -Le juro que haré lo que pueda-

-Eso espero, por vuestro bien- un escalofrío me recorre el cuerpo -Le mandaré el discurso a vuestra representante, Sophie-

Y cuelga. ¿Por que todo depende siempre de mí? Si no lo hago bien morirá más gente, no puedo cargar con más muertes. La chica del uno, el del once, el del doce, mi padre, la gente del pueblo, incluso María, no la maté yo, pero si que soy culpable de no haber ido en vez de ella. Durante el resto de la mañana juego con Zeus y limpio un poco todo, no creo que tenga tiempo para tener la casa en orden todos los días, por lo que me apunto que tengo que ir a la Zanja a buscar a alguien para que limpie por mí. Si tengo tiempo iré a la tarde.

-Toc Toc- golpean en la puerta y cuando me dirijo a abrir Sophie, Paul, Gilly, Flora y Blonda ya han invadido mi casa -Estas echo un asco!- dicen Gilly y Flora mientras dan vueltas a mi alrededor -Tenemos trabajo! Manos a la obra-

Entre las tres me arrastran al baño y me meten en la bañera junto con unos potinges morados y verdes. Me rascan toda la piel y al salir estoy rojo como un cangrejo, posteriormente se va pasando y me quedo de un color bronceado precioso, no es marrón pero tampoco es blanco. Una vez fuera me afeitan las piernas y el cuerpo, me arreglan el pelo dándome las mechas rubias y marrones que me acostumbran dar y por último me arreglan las uñas de las manos. Me ponen unos polvos por la cara y Paul me enfunda en un traje blanco, al parecer porque quiere que parezca lo más bueno y anti-rebelde posible. Si no recuerdo mal fue el traje que vistió Peeta cuando Snow le pidió que calmara a los distritos, a los rebeldes.

-Estás maravilloso- dice Sophie cuando terminan -Que orgullosa se sentiría tu madre-

-Gracias Sophie- digo sincero -Estoy algo nervioso, si te soy sincero no se si voy a ser capaz de salir en antena-

-Claro que sí- dice animándome -Tu puedes hacer cualquier cosa- Mientras me lleva a la zona donde vamos a grabar el spot yo sonrío pensando en ella, siempre en su mundo de luz y color y tan ajetreada como si fuera realmente importante esto que hacemos. Me alegro de que gracias a nuestro éxito ella haya conseguido el suyo, después de todo lo que el Capitolio le hizo... - Salimos en directo en tres, dos, uno...- dice mientras me da unos retoques en el pelo y me da una sonrisa de buena suerte justo antes de empezar la conexión.

-Hola habitantes de Panem- digo sonriente mientras leo lo que tengo que decir en una pequeña pantalla -Para el que aún no me conozca soy Nacho, uno de los vencedores de los centésimos juegos del hambre. Participé como un tributo del siete y salí como vencedor del catorce junto con otras cuatro personas. Lo sé, sé que pensaréis que desafié al Capitolio y que si un simple tributo que hace seis meses no había estado aquí aún puede hacerlo, ¿Por que vosotros no? Pero yo no fuí consciente de lo que hacía- aún no me creo que esté diciendo esto para Snow -Yo unicamente pensé en salvar mi pellejo, sí, en mí. Recuerdo perfectamente aquella noche que hice yo la guardia, esa noche me dió tiempo para pensar un plan. El plan era detonar la montaña para crear un alud y acabar con el máximo posible de tributos que pudiera, al llegar abajo pretendía esconderme y esperar a que alguien hiciese el trabajo sucio por mí. Pretendía que alguien asesinara a Gonzalo si la avalancha no lo había hecho ya y después terminar yo el trabajo, matar al último tributo. Lo que pasó fué muy diferente, mientras era arrastrado por el manto de nieve, creí haber acabado con Gonzalo cuando cayó una roca pero por suerte no fué así. Al llegar abajo la avalancha no frenó e impactó contra la cúpula, haciéndo que una descarga eléctrica recorriera todo y nos dejó en un estado de shock- Miro a Sophie, que me levanta los pulgares diciendome que lo estoy haciendo genial -Gente de Panem, de verdad queremos esto? Ya vimos que es lo que pasa después de cada rebelión, además, no podemos permitirnos una guerra. Una guerra podría costarnos la extinción de este planeta- A cada palabra odio más a Snow -Hay gente que nos importa, gente que depende de nosotros y si morimos se quedarán solos. Tampoco los vencedores estamos a salvo, la guerra arrasa con todo, sin importar raza, genero, ideología, estatus social... no hay vencedores, solo supervivientes. Panem hoy, Panem mañana, Panem siempre.- Se corta la conexión y escucho a Sophie aplaudir, espero que esto le guste a Snow y que ayude a calmar los distritos. Cuando terminamos todo y lo recogen, se van y solo se queda Sophie, que me da conversación durante un rato.

-Riiing, Riiing- suena el teléfono -¿Digame?-

-Nacho!- reconozco esta voz, es Johanna -Johanna- digo alegre al telefono -Que alegría-

-Acabo de ver tu discurso- dice -¿Te ha obligado?-

-Sí- digo suspirando -Crees que...-

-Calmará a la gente?- termina ella mi pregunta -Puede que sí, por nuestro bien- suspira -No sobreviviríamos a otra guerra-

-No, no estamos preparados...- digo -¿Que tal todo por allí?-

-Ya hablaremos- dice buscando las palabras -Aquí puede cortarse- lo he pillado, nos espían -Te prometo que hablaremos!-

-Bueno, vale- digo triste -Hasta pronto-

-Bueno, suerte en los juegos!- dice para animarme -Nos veremos muy pronto Nacho-

-Igualmente Jo- me río -Hasta pronto- y cuelgo el telefono

Cuando termino le cuento a Sophie que era Johanna la que estaba al teléfono. Ella me pregunta por Johanna pero tampoco me ha dado tanta información de como le va todo, cuando da la tarde decido ir a la Zanja a buscar a alguien para que limpie mi casa. Me pongo el abrigo de piel colgado en el perchero al lado de la puerta y atravieso el valle para llegar allí. Paseo lentamente entre las casas viendo a las familias y me detengo frente a una casa, una casa en la que a través de la ventana puedo ver a una madre que cuida de cuatro hijos y uno de esos hijos es la chica pelirroja del otro día.

-Hola, se puede?- digo mientras me asomo a la puerta -Soy Nacho, de la aldea de vencedores-

-Adelante, no te quedes ahí- dice la madre sonriente -Soy Madeline, ¿Quieres tomar algo?-

-No gracias- digo amable -Venía a pedirle una cosa, Me pregunto si le gustaría trabajar como limpiadora de mi casa- sonrío -Solo sería por las mañanas, le pagaré bien y mi casa está a solo veinticinco minutos de aquí-

-Sería maravilloso- dice con un brillo especial en los ojos -Me vendría realmente bien-

-Maravilloso- digo alegre -Entonces le espero mañana Madeline?-

-Por supuesto- sonríe -Y llamame Mad por favor-

-Entonces la espero mañana Mad- sonrío amablemente y me dirijo hacia la puerta, de repente la chica pelirroja sale cuando yo ya estaba caminando por la fría y oscura calle.

-Me llamo Liz- dice -Muchas gracias Nacho- me da la mano -Has hecho muy feliz a mi madre, desde que mi padre bueno... digamos que desapareció-

-No hay de que- digo y me giro -Un placer Liz- y sigo caminando, sin detenerme, hasta llegar a la zona comercial. Decido comprar unos caramelos de limón mientras paso por delante de la tienda de golosinas y también compro unos de café, me vuelvo a poner en marcha hacia la aldea de los vencedores. Para mi sorpresa me encuentro un ambiente estupendo, Gonzalo está leyendo un libro frente al fuego, Pablo y Mateo están jugando al ajedrez y Paula está acariciando a Zeus mientras ve la televisión.

-Que sorpresa!- exclamo -Así que habeis decidido seguir mi consejo y venir!-

La verdad es que prefiero la casa así de llena que como estaba antes. Ahora me da hasta gusto entrar porque hay gente dentro, antes estaba yo solo y eso no me gustaba. Charlamos un rato y cuando da la hora de cenar cada uno se va a su casa así que yo me preparo un huevo frito para cenar y me voy a la cama.
...

-Buenos días- me despierta Mad al abrir la ventana -Tienes el desayuno abajo-

Bajo las escaleras aún dormido y me como las tortitas que me ha preparado con sirope junto con un buen café hirviendo. Al terminar subo a mi cuarto, cojo el hacha y la bolsa de caza y me voy al bosque. Atravieso la valla eléctrica y camino siguiendo los indicios de un animal, cuando llego al lago, me encuentro con dos castores.

-Allá vá- digo para mis adentros -Levanto el brazo y lanzo el recien afilado hacha, que corta el viento y mata a uno de los castores de un solo golpe, el golpe mortal. Rápidamente recupero mi hacha y atravieso al otro; echaba de menos esto, cazar... Lo necesitaba. Esta sensación de tener un arma entre los dedos y sentirte poderoso, sentirte superior al poder del mismisimo Snow. Guardo el botín en mi bolsa de cuero y vuelvo a tiempo antes de que Mad se vaya, le pago lo que habíamos acordado más uno de los castores.

-No se si puedo aceptarlo...- dice ella insegura -Muchísimas gracias, has dado el empujón necesario a mi familia-

-No hay de que- sonrío -Tu tambien me has ayudado mucho- digo al ver que la casa está irreconocible -Mañana a la misma hora-

Cuando se va como una manzana y pongo a asar el castor para la cena. Preparo tambien una ensalada y una salsa para la carne. Hacia las seis viene Gonzalo con su libro junto con Paula, a los pocos minutos llega Mateo y por último Pablo. Preparo un té y nos lo tomamos mientras nos contamos las últimas novedades del día, fantaseamos sobre los próximos juegos, para los cuales quedan únicamente cuatro meses y cuando desaparece el sol cenamos el castor que he cazado a la mañana. Tras la cena nos tomamos unas copas y todo va bien hasta que escuchamos una sirena.

-¿Que pasa?- preguntamos a la vez, el telefono de casa está venga sonar y al asomarme por la ventana veo la montaña de donde sacan el azucar en llamas. -Un incendio- digo asustado -Hay que hacer algo, yo voy- Subo las escaleras a todo correr y me pongo el abrigo de piel, cojo el hacha, la soga y la brújula. La fuente se queda muy sola junto con las cartas así que me la llevo tambien por si acaso.

-Vamos?- digo al bajar pero no me encuentro a ninguno -Salgo a la calle y ahí está Gonzalo, con las gafas de ver en la oscuridad y su arco. Pablo y Paula, con dos mochilas y un par de cuchillos y Mateo, con solo una bolsa vacía. -Daros prisa, vamos a separarnos- digo organizándo todo -Mateo, Pablo- les miro -Quiero que vayais al pueblo a ayudar con todo lo que podais, calmad a la gente y ayudadles- ahora miro a Paula y Gonzalo -En cuanto a nosotros, vamos ahora mismo a la montaña. Rápido, seguidme- digo mientras me dirijo a la valla eléctrica de detrás de la aldea de los vencedores.

-Nos llevará una hora llegar hasta allá si vamos por este camino- dice Paula -Tenemos que aumentar el ritmo- Aunque si ya es dificil avanzar entre la maleza, hacerlo corriendo es muy complicado. Decidimos que yo vaya delante para despejar el camino con mi hacha y así llegamos a la carretera central, la que lleva a la montaña, pero está enteramente custodiada por Agentes de la Paz.

-Seguidme- dice Gonzalo -Tenemos que subir ahí sea como sea, hay trabajadores y niños haciendo los turnos de noche-

Nos escondemos en uno de los camiones que suben y no tardamos ni cinco minutos en llegar al foco del incendio. Allí arriba nos separamos y intentamos cubrir la mayor parte de zona, para buscar gente que se ha quedado atras.

-Nos vemos al amanecer- les digo -Mucho cuidado-

Esto es como estar otra vez en los juegos, yo solo, con mi hacha en la montaña. Pero esta vez no hay nadie esperando oír mi cañonazo, esta vez yo espero que no muera nadie, espero no oír ningún cañonazo. Corro gritando por el monte para ver si alguien necesita ayuda, no se si es mejor no oír nada o oír a alguien.

-Socorro!- grita un hombre -Auxilio!-  Está cerca, lo escucho -Voy a rescatarle!-

Corro siguiendo su voz y descubro al hombre debajo de un tronco, un tronco enorme le bloquea la pierna. -No se puede mover- susurro pensativo -Voy a sacarle!- Cojo mi hacha y con toda la fuerza que tengo impacto contra el tronco, es demasiado grueso y solo consigo hacerle una pequeña muesca aunque no me doy por vencido, sigo cortando el tronco hasta que me detiene

-Eh chico- suspira -Dejame aquí, no vamos a conseguir nada-

-Me niego- digo -Intente no gritar ¿De acuerdo?-
 Creo que se ha dado cuenta de lo que le voy a hacer. Desde cerca, presiono el hacha contra su pierna, comienza a sangrar y el hombre grita pero yo no me detengo. -Ahora!- grito -Grite todo lo que pueda!- Y el señor comienza a gritar, yo le atravieso la pierna haciendo que se le vea toda la carne y el hueso, todo se tiñe de carmín. Le ato con una liana y aprieto para cortar el flujo de sangre, al terminar sigue brotando sangre a chorros así que le ayudo y me lo llevo a la carretera principal, donde unos sanitarios lo cuidan. Rápidamente vuelvo al bosque y sigo gritando -HAY ALGUIEN AHÍ!- a cada paso que doy. Cuando estoy realmente al final, casi a punto de llegar al límite del distrito, una voz femenina llama mi atención -Donde estás!- grito fuertemente -Estas por aquí?-

Otra vez la voz, esta vez más cerca. La sigo hasta que me encuentro con la chica, la única persona que no quería encontrarme aquí -Liz...- susurro al darme cuenta de quien es -Liz! ¡Soy yo!- corro a su lado, está sentada en el suelo y no se mueve -El dióxido de carbono, has inhalado demasiado- me siento a su lado y me quito el abrigo, le cubro la boca y la nariz con el pero el humo también me afecta a mí y caigo al suelo.

-Me tengo que levantar- me digo a mi mismo -Venga-

Con cuidado saco la fuente y la clavo en el suelo, poco a poco comienza a brotar agua de esta y la recojo formando un cuenco con las manos para hacer beber a Liz. Tambien bebo yo y me mojo la cara, lo mismo que le hago a ella. Todo esto me lleva demasiado tiempo y hace que el dióxido de carbono vuelva a actuar y caigo al suelo, a punto de rendirme.

Me pongo de pie y cojo a Liz como puedo, entre los dos, aunque inestablemente conscientes, caminamos a traves de la montaña hasta que ella cae al suelo. -Venga, levanta- le digo, pero no contesta así que la cojo en brazos y avanzo más despacio -Cantame- me dice -El árbol del ahorcado- Es esa canción que se me quedó en la cabeza en uno de los videos rebeldes de Katniss Everdeen, aquella canción entró en mi cabeza y permaneció allí meses. -Por supuesto- le digo a Liz entre tosidos

-Vas a venir al árbol donde ví,
A un hombre ahorcado que a tres hizo morir,
Cosas extrañas pasan al anochecer,
En el árbol del ahorcado te veré.-

Cuando logro ver la luz de los camiones y los focos de los agentes de la paz me caigo al suelo, justo antes de que uno de ellos me viera.

domingo, 12 de abril de 2015

Capítulo 39

Hoola Tributos! Bueno, aquí teneis el capítulo 39 que más que ser un capítulo es un relato breve. No tiene trama alguna pero bueno, simplemente he creido conveniente escribirlo para hacer un recuerdo de María. Al ser corto, os prometo que subiré el siguiente antes de tiempo (espero) Disfruutad y suerte los que empezais mañana las clases de nuevo!
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Cuando me despierto, me pongo un pantalón color mostaza y una camisa azul vaquero. Es imposible que no se me caiga una lágrima hoy. Con sumo cuidado voy a las habitaciones de los demás a ver si siguen dormidos y solo falta Gonzalo. Bajo las escaleras paso a paso y al llegar abajo le saludo.

-Buenos días Gonzalo- digo en un estado de depresión

-Hola Nacho- Sonríe, a sabiendas de lo que me pasa -¿Café?-

-Por favor-

Hoy hacen seis meses desde el asesinato de María, parece mentira, medio año ya. Se me acelera el corazón de solo pensar lo cerca que estuve yo de la muerte y ella pues bueno, digamos que estuvo demasiado cerca. Hace un año nunca habría imaginado que sería como soy ahora y que habría vivido lo que he vivido hasta ahora. Tras un rato de largo silencio el habla.

-¿Cómo es posible que una misma persona te haga sentir de lo mejor y al mismo tiempo por cualquier error te haga sentir de lo peor?

Y yo le respondo

-Se llama amor- sonrío -¿tu no lo sientes?-

-¿Sentir qué?- pregunta

-Ese dolor en el pecho, que sabes que no es físico. Esa cosa que no te deja pensar en nada más y provoca que las lágrimas salgan sin poder detenerlas, ahogando cualquier sonido reconocible de tu boca-

-No...- susurró él -Yo no...-
-Eres fuerte- sonrío
-¿Por que piensas eso?-
-Nunca te vi llorando- digo sincero
-Eso no significa que sea fuerte- dice él
-Ah no?- Pregunto yo
-No, significa que soy orgulloso- Se ruboriza
-Y entonces para tí que significa ser fuerte?-
-Tener una sonrisa en la cara cuando todo se desmorona- y él sonríe

Y ahí, fué la primera vez que sonreí sabiendo todo lo que quedaba por delante. Es una locura odiar a todas las rosas porque una te pinchó, renunciar a todos tus sueños porque uno no se realizó.

Como cada mes cojo una amapola dorada, su carta y me dirijo hacia el bosque para rezar por ella. Instintivamente mi cabeza comienza a pensar y comienzo a cantar una canción.

"I keep, going to the river to pray
Cause I need, something that can wash out the pain
And at most, I'm sleeping all these demons away
But your Ghost, the ghost of you it keeps me awake"

El camino se me hace cortísimo y en unos minutos llego al bosque. Dejo las únicas pertenencias que me recuerdan a los juegos, la brújula y el brazalete, y me adentro entre la espesura de los frondosos árboles. Cuisadosamente sigo el trayecto que se ha formado en las seis últimas veces que he pasado por aquí, cuando llego al río, subo por él y al llegar al nacimiento de éste una hora después encuentro la lápida gris sobre la que está escrita su nombre.

-En memoria de María Solt, tributo femenino de los centésimos juegos del hambre- leo en voz alta y me desplomo. Bajo la piedra gris hay cinco amapolas doradas, con cuidado coloco la sexta y me alejo un poco. Veinte metros a la derecha está la chica del cuatro, compañera de Gonzalo y a la izquierda la chica del uno.

-Perdóname...- susurro mirándo su lápida -Yo te maté- intento contener las lágrimas pero es imposible. Tengo a mi derecha la chica a la que amaba, que no la volveré a ver más y a la izquierda la primera chica que maté, una chica jóven a la que arrebaté la vida. Me siento frente a la lápida de María y cierro los ojos, intento imaginarla ahora allá donde esté, seguro que estará bien y me estará cuidando. Leo su carta en voz alta y al terminar, me la guardo en el bolsillo y me despido de todos los tributos caidos haciendo el símbolo del distrito doce, levanto el índice, el corazón y el anular y dejo recogidos el pulgar y el meñique. Así permanezco un rato en silencio, dejándo las lágrimas caer lenta y silenciosamente por mis mejillas. Una vez decido irme, recorro el camino de vuelta y recojo el brazalete y la brújula y vuelvo a atravesar la verja electrificada. Para cuando vuelvo a casa ya se han ido todos y Zeus sale a mi encuentro. El resto del día transcurre normal, se me escapan algún par de lágrimas más que contrarresto con varias tazas de café para detener mis emociones. A la tarde decido dar una vuelta por la plaza y cuando comienza a nevar me vuelvo a casa y ceno algo ligero. Una vez he cenado, enciendo la chimenea, preparó un chocolate caliente y escojo uno de los libros de la estantería. No son míos ya que venían con la casa, pero no tengo nada mejor para leer así que me zambullo en la lectura de uno de ellos sobre piratas, orcos, hadas y príncipes sin princesa. Poco a poco, sorbo a sorbo y página a página, me quedo dormido con el libro en mis brazos y Zeus en mi regazo.