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martes, 28 de abril de 2015

Cato's Story

Hoola tributos! Pues bien, aquí teneis, es parte de LJDH desde el punto de vista de Cato (El final) Lo escribí por un concurso y bueno, aquí teneis:3
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-¡Cato!- Un chillido recorre la arena y hace que me detenga en seco -¡Cato!- No es un chillido normal, definitivamente ese chillido no ha sido como los otros. Sigo caminando, ignorando el chillido hasta que lo vuelvo a oír.
-Cato...- susurra alguien que suena mucho más cercano -Cato despierta, acaba de sonar un cañonazo- Lentamente, abro los ojos y vuelvo a la realidad. Había soñado que estaba en casa pero aún no, falta un poco más, solo un poco más. -Solo un poco más...- susurro sin darme cuenta.
-Un cañonazo Cato, ha sonado un cañonazo- Clove se me acerca hasta tenerla casi a un palmo de mi cara -¿Sabes lo que eso significa? Quedamos seis Cato, solo seis-
Me froto un ojo y me estiro. Al moverme, una ráfaga de aire frío entra en la tienda de campaña y me acerco a Clove. -Hmmm- me aclaro la garganta -¿Quienes quedan? Katniss, el chico amoroso... ¿Quien más?-
-La chica pelirroja y Tresh- me contesta emocionada -Solo quedan cuatro, cuatro personas que hay que eliminar. Estamos llegando al final del juego Cato- Sonrío y le doy un beso para seguir con la estrategia de los amantes -Estamos a punto de ganar el juego de nuestras vidas- le abrazo y recuerdo a Teddy. No se que le parecerá esto, pero definitivamente si consigo salir de aquí no podré volver a mirarle a la cara.
Durante el resto de la mañana únicamente aguantamos escondidos en la espesura del bosque. Más o menos a media mañana alguien de nosotros seis enciende un fuego porque veo como una columna de humo se alza entre unos árboles cerca de donde pasaba el río pero me resisto a ir. A estas alturas corremos más peligro y si hemos conseguido llegar hasta aquí no pienso echarlo todo por la borda, me niego a morir a manos de un tributo del doce. Únicamente recojo todo el campamento, escondemos las lanzas que no vamos a utilizar en un hoyo que consigo hacer en el suelo y ayudo a Clove a levantarse antes de marchar sin rumbo fijo. Con una espada en mano, la mochila cargada a la espalda y Clove cubriéndo nuestros pasos por detrás. Parece mentira, la quiero tanto que incluso soy capaz de confiarle mi vida. Si ahora nos atacan, confío plenamente en que consiga salvarme de la persona que venga por detrás.
-¡Quieta!- grito y la empujo al suelo. Veo como la maleza se va moviendo lo cual, significa que alguien se acerca a nosotros. Empuño la espada, me preparo y cuando sale el cuerpo de la maleza, me caigo hacia atrás del susto. Es un ciervo, solo un pequeño cervatillo que corre asustado para escapar de mí.
-Déjale- ordena Clove poniéndose en pie -Baja el arma- Y entonces me doy cuenta de la fuerza con la que empuño la espada para protegerme. Me doy cuenta de lo indefenso que soy, de lo difícil que es intentar mantener la fachada que me caracteriza siendo por dentro un alma aterrorizada. -Está bien...- digo refunfuñando -¿Cuanto más crees que nos queda aquí?- pregunto -Me quiero ir a casa Clove-
-Sí, a casa...- contesta ella en tono soñador, como si fuese un imposible, algo que ella y yo sabemos que es la tarea más dura del mundo. -Salir de aquí con vida...- susurro y comienzo a reirme mirándo a Clove. -Definitivamente has perdido la cabeza Cato- y ella rie conmigo.
[...]
-¡ATENCIÓN TRIBUTOS! ¡ATENCIÓN!- La inconfundible voz de Claudius Templesmith retunda en la arena -ESTA NOCHE SE ORGANIZARÁ UN BANQUETE EN LA CORNUCOPIA- él calla y yo le miro a Clove que asiente con la cabeza, como si estuviera ansiosa. -UNA COSA MÁS: PUEDE QUE ALGUNOS ESTÉIS YA RECHAZANDO MI IDEA PERO NO SE TRATA DE UN BANQUETE NORMAL. CADA UNO DE VOSOTROS NECESITAIS UNA COSA DESESPERADAMENTE. EN LA CORNUCOPIA, AL ALBA, ENCONTRARÉIS UNA MOCHILA CON EL NÚMERO DE VUESTRO DISTRITO. PENSADLO BIEN ANTES DE DESCARTARLO, PARA ALGUNOS SERÁ VUESTRA ÚLTIMA OPORTUNIDAD- Vuelvo a mirar a Clove y esta vez ella me mira a mí. Únicamente viendo ese brillo en sus ojos, esa sonrisa, la forma en la que respira... no me hacen falta palabras para saber lo que pensamos ambos.
-Pero, ¿Qué necesitamos tan urgentemente?- me pregunta Clove.
-No tengo ni idea- digo sincero -Tú estás bien, ¿No?-
-Completamente- dice ella sarcástica -Necesitaba este cambio de aires, el distrito dos ya me cansaba- y rie, con una risa de niña pequeña e indefensa.
Increíblemente rápido, la tarde se nos echa encima mientras ambos descansamos a la sombra de un gran roble. El sol, ya naranja, desciende desde la cumbre de la montaña e ilumina todo el bosque. Ya huele, huele a casa. La atmósfera que se respira es digna de los juegos del hambre, toda la arena está iluminada de un tono naranja rosáceo y si miras a tu alrededor, hay polen flotando por todas partes, lo que hace que parezca que el aire tiene brillantes. El olor, un inconfundible olor a bosque en el que, cualquier persona del distrito dos es capaz de distinguir los distintos tipos de árboles
-Pino, Roble, Encina, Secuolla...- digo sonriendo y miro al cielo -Papá...-susurro -Aún me sigo acordando, que sepas que te hecho de menos, allí donde estés-
Además, estar aquí con ella lo hace mejor aún. Llevamos ocho años entrenando juntos y ella se ha convertido en mi máximo pilar, en mi único apoyo aquí y en el distrito. Con sutileza, me siento a su lado y la rodeo con el brazo. -Te quiero. Lo sabes, ¿No?- A lo que ella me mira y se sonroja, quedándose sin palabras aunque no se si por la inmensidad de la arena o por las palabras que le he dirigido. -Yo tambien- consigo entender.
-¿Quieres cenar?- le digo rompiendo el silencio, casi una hora después cuando el sol ya se ha ocultado -Tenemos una lata de conserva- digo y al instante la abro. Meto el dedo y pruebo lo que hay dentro -Albóndigas con tomate- le digo ofreciéndole la lata. Mientras ella come, yo me dedoco a mirarla comer y hago que se sonría. En cuanto termina se estira y se pone cómoda en el árbol. -¿Dormimos un poco?- le pregunto -Tenemos tiempo de sobra hasta que sea el banquete- Así que decidimos hacer turnos. Ella duerme primero y yo me siento a los pies del árbol con un cuchillo y mi espada. No se si es mejor tener las gafas con las que puedo ver en la oscuridad o no tenerlas aunque habrá que superar el miedo. Todo transcuye con normalidad hasta que despierto a Cloe y le dejo las armas. Yo subo a la copa del árbol y me duermo sobre una rama bien gruesa
[...]
-Psst- Alguien zarandea el árbol -¡Cato! ¡Despierta o llegaremos tarde!-
En un instante adapto la visión y me incorporo en la rama. Con cuidado bajo, y al llegar abajo me acerco a Clove. Llevamos ya unas semanas aquí pero ella está genial, a pesar de todos los rasguños, la sangre seca y el pelo sucio está magnífica. Tiene un brillo especial, no se si es la luna o qué pero lo único de lo que estoy seguro al mirar sus ojos es que tienen un brillo. Al mirarlos veo las estrellas y es como si volviera a estar en casa, a salvo -A salvo...- repito inconscientemente.
Con paso rápido, caminamos hacia la Cornucopia intentando seguir uno de los senderos que tantas veces hemos recorrido en busca de tributos. Oigo pasos como a un kilómetro de aquí, son rápidos y puedo deducir que es únicamente una persona. Al llegar a la Cornucopia, llega el momento que ambos esperábamos.
-¿Quien va?- le pregunto -¿Voy yo?-
-No, tú no vas a ningún lado- me contesta seria -Soy mil veces más rápida que tú, además, si alguno escapa puedes acabar tú con él- Dice y me guiña el ojo -Y si no escapa... te prometo que te la guardo-
-No me hace falta- digo pensando en Katniss -Únicamente da un buen show si la pillas- Y mientras esperamos a que amanezca, con un silencio sepulcral, la abrazo con la excusa de compartir algo de calor. Sé perfectamente lo poco que le gusta mostrar sus sentimientos, así que me trago mi orgullo y dejo que ella decida lo que quiere hacer. Ojalá podamos volver a casa hoy, no sé, tengo el presentimiento de que hoy volverémos ambos a casa.
-Observa- me dice cuando una mesa con cuatro bolsas aparece en un agujero en el centro del área de la cornucopia. -Es mi turno- coje sus cuchillos y se guarda uno de ellos en la bota, otro en el cinturón y el último empuñado con fuerza. -Cato- me llama casi ineludiblemente -Yo...- se ruboriza y se toca un mechón de pelo -Te quiero muchísimo Cato- y se pone de puntillas para darme un beso. Un largo y profundo beso que hace que vuelva a la realidad. Entonces, me tumbo escondido en un matorral y vemos a la chica pelirroja correr desde el interior de la cornucopia hasta la mesa, cojer su mochila y salir pitando antes de que cualquiera de nosotros lo hiciéramos. Cuando la chica está huyéndo, Katniss Everdeen sale disparada hacia la mesa y en cuanto lo hace ella, lo hace Clove.
-Cierra los ojos- me obligo a mi mismo -Todo será mucho más fácil si los cierras-
Y entonces un terrible chillido me recorre el cuerpo. Siento una rara sensación de deja vu y lo vurlvo a oir. -¡CATO!- es ella, es Clove -¡CATO! ¡SOCORRO!- Instintivamente abro los ojos y me pongo en pie. La escena me aterroriza. Puedo ver a Katniss Everdeen con una buena herida en la frente de la que sale abundante sangre junto con Tresh sujetándo a Clove contra la Cornucopia. Corro hacia ellos pero mientras lo hago veo como Katniss sale corriendo y Tresh aporrea la cabeza de Clove con una piedra hasta dejarla prácticamente inconsciente. Después, él sale corriendo hacia los campos de trigo y justo cuando llego Clove está aún despierta.
-Clove- susurro entre lágrimas -Clove por favor, no me dejes. No me dejes aquí Clove- noto como el sabor a sal de las lágrimas inunda mi boca y únicamente me permite producir sonidos ineludibles. -Clove te lo suplico, no quiero quedarme solo aquí-
-Cato...- consigue decir -Yo te...-
-Yo tambien- le digo y la beso. Igual que una princesa besa a su rana para que se convierta en príncipe en esta historia es el príncipe el que besa a la princesa para que reviva. -No te vayas, te necesito- me limpio las lágrimas y le limpio la sangre que sale del cráneo. Sé que le quedan unos segundos más en este mundo, solo unos segundos.
-Clove, en unos segundos te voy a perder para siempre- le digo -Esto es horrible, saber que voy a perderte...- se sueno los mocos -Clove no me olvides allí arriba, te juro que yo no lo voy a hacer aquí abajo-
-No lo haré- dice e intenta mover los músculos de la cara para sonreír pero no lo consigue por lo que con el dedo le muevo los labios para ayudarla a sonreír.
-Voy a intentar retrasar el momento de reencontrarnos todo lo posible, tú espérame-
-BOOM- Un cañonazo resuena y hace eco por toda la arena. Ya no quiero vivir, ya no quiero volver a casa. -Ya no quiero jugar a este juego- digo en voz alta mirándo al cielo, sabiendo que debo de tener una cámara grabándome. Con cuidado cojo uno de sus cuchillos y lo aprieto contra mi pecho, intento atravesarme pero cuando me doy cuenta de lo que estoy haciendo me grito y lanzo el cuchillo a la bolsa. Un sonido metálico lo repele y es entonces cuando entiendo que es lo que necesito. Una armadura para protegerme de las flechas de Katniss Everdeen.
-Tengo que acabar con esto- me digo a mi mismo -Ahora estoy solo, tengo que hacerlo por ella- Así que corro y me adentro en los campos de trigo que son incluso más altos que yo y tengo que hacer fuerza para avanzar con dificultad. Media hora más tarde he atravesado el campo y he llegado a un llano donde veo a lo lejos un barranco. Más o menos a una hora de aquí hay un molino de viento por lo que emprendo la marcha y cuando llego el sol ya está en lo alto. -Serán las doce- me digo a mi mismo. Entonces, sin previo aviso, un cuchillo atraviesa el aire y me pasa a escasos centímetros de la pierna. -Tresh- grito -Baja y lucha como un hombre-
-Aquí me tienes- dice y sale por la puerta -Esto es tú y yo Distrito dos. Aquí nosotros somos los fuertes-
-Tú mataste a Clove- digo empuñando mi espada y uno de los cuchillos de Clove. -Y yo haré lo mismo contigo- Corro hacia él con las armas en alto y gritando como un poseído hasta que cuando llego a él, le lanzo el cuchillo y se lo clavo en el hombro. Él agita su guadaña y me hace un corte en el pecho haciendo que sangre, le empujo y me tiro sobre él. Intenta zafarse de mi puño hasta que consigo impactar en su cara y le rompo la mandíbula. Tresh grita, yo solo continúo hasta que se invierten los papeles, ahora es él quien está encima y me rompe una pierna al dejarse caer sobre mí. Entonces rodamos, rodamos muchísimo mientras intentamos pegarnos hasta que llegamos al final de la llanura, al barranco. Yo le agarro, el me agarra y le empujo haciendo que caiga con él. No, no puedo caer. Hago contrapeso y evito que ambos nos caigamos por el barranco. Entonces, mientras yo me estoy poniendo en pie él me empuja y ambos caemos. Los dos estamos unos segundos precipitándonos al vacío hasta que me consigo agarrar a un saliente de la pared.
-Lo siento Tresh- digo cuando le veo agarrado a mi zapato -De verdad, tú no mereces morir así- Con cuidado deslizo el pié fuera de la bota y se cae junto con Tresh. Intento no mirar, pero es imposible no escucharle gritar y escuchar su llegada al suelo. Como un huevo, como el huevo de un pájaro, Tresh ha acabado espachurrado contra el suelo. -BOOM-  Con una habilidad increible, yo escalo la pared hasta llegar arriba donde consigo arrastrarme hasta la casa con la pierna sana. La otra está imposibilitada, así que al llegar busco cuerda y un palo de madera para hacer una especie de férula. Gracias a ella consigo andar, muy despacito pero ando.
-Quedamos tres, solo tres- me digo y me encamino hasta la Cornucopia. Al llegar, ya casi es de noche así que me adentro en la espesura del bosque hasta que veo a Katniss y al chico amoroso correr hacia mí. Pero no se paran, siguen y pasan de largo hasta que entiendo lo que pasa. -¡Mutos!- grito con todas mis fuerzas y corro con ellos. Subo el primero y esquivo un par de flechas de Katniss hasta que consigo cojer a Peeta, lo agarro por el cuello, mi arma más mortífera.
-Puedo hacerlo una vez más- digo en voz alta mientras él se pone morado -Solo una vez más- y entonces él dibuja en mi mano un circulo. Parece que me cuesta más a mí que a ella darse cuenta, al fin y al cabo, este era su show y ellos tenían que ganar. Con la mano atravesada caigo de lo alto del cuerno plateado y la manada de mutos se me echa encima, suerte que llevo la armadura. Minutos después, sigo aquí tirado pero la armadura ha desaparecido, ahora los perros me muerden con fuerza y solo puedo gritar, gemir y aguantar hasta que esto pase, hasta que vuelva a reencontrarme con Clove. Mi cara, mis brazos, mi pecho... Mi cuerpo en general, todo está destrozado por esos asquerosos y no puedo hacer nada. Nada de nada hasta que mientras amanece, consigo vislumbrar a Katniss y le pido un favor, mi última súplica
-Mátame- Y lo siguiente sucedió muy rápido. Ví la flecha volar y atravesó mi cabeza. Ahora sí, ya estoy muerto y no sufro. Mi cuerpo ya no me pertenece, ya no siento a los perros arrancarme trozos de carne, ya no siento nada. He entrenado durante años para venir aquí y al final, mi orgullo me ha vencido y me ha costado caro. No volveré a ver a mamá ni a papá, ni a Teddy, ni a nadie. Solo a Clove, ahora podré estar con ella para siempre, podré ser feliz. ¿Quien diría que morir podría ser algo tan deseado? Gracias a Katniss ya voy a reencontrarme con ella y solo puedo pensar -Gracias Distrito doce- Antes de que un seco cañonazo me reemplace como ha hecho las veintidos veces anteriores. Clove, Glimmer, Marvel, Rue, Tresh, La chica pelirroja, El chico cojo... Volveré a reunirme con ellos y espero que sepan perdonarme. Solo espero que sepan perdonar al que les arrebató la vida aunque, si yo lo he hecho con Katniss, supongo que ellos podrán hacer lo mismo.

En memoria a los tributos caídos de los que todos los lectores nos enamoramos.

lunes, 27 de abril de 2015

Capítulo 41

Hoola tributos! Bien, como era de esperar me he vuelto a retrasar y esta tarde subiré otro relato. No es un capitulo pero puede que lo disfruteis igual:3
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-Nacho- me llama Sophie -Nacho por favor, despierta- escucho mientras me abraza.

-Hmmm- digo yo -Estoy muerto?- pregunto.

Abro los ojos y estoy junto con Liz en el hospital del distrito. Tengo puesto algo en la boca para respirar que me da la sensación de estar asfixiándome pero no me lo quito. A mi derecha están los demás vencedores, a la izquierda Sophie y frente a mí una silla con mi hacha ensangrentada, la soga y la brújula. La cabeza me da vueltas y me vuelvo a dormir. Vuelvo a mi estado de letargo hasta que me encuentro con la suficiente fuerza como para levantarme.

-Cuanto llevo dormido?- pregunto -Dos semanas- es la respuesta que recibo de Gonzalo, el único que está en la sala -Por fin despiertas- dice el alegre -Han pasado muchas cosas estas dos semanas, la chica pelirroja despertó y el hombre al que salvaste está vivo- se calma -La montaña ardió durante días Nacho, era una lucha continua, todos ayudábamos en lo que podíamos...-

-Muchas gracias Gonzalo- me quito la máscarilla de la boca y sonrío -Tengo ganas de irme a casa-

Después de una semana de rehabilitación y de reposo ya me puedo ir a casa, donde encuentro a Mad, que se me echa encima y me llena la cara de besos. -Has salvado a Liz- llora -Te debo la vida-

-Estamos juntos en esto- digo serio -Todos tenemos que ayudarnos- Toso y me siento, inhalé muchísimo humo y aún no estoy del todo recuperado -Me voy a ir a la cama- le digo a Mad algo cansado -Avísales si vienen de que estaré durmiendo-

-Pero estas bien ¿No?- pregunta preocupada y yo le contesto que sí, con una sonrisa fingida. Con calma voy a mi cuarto y me pongo el pijama. Destapo el grueso edredón y me meto bajo él, no tardo ni medio minuto en dormirme.

-Nacho!- me grita alguien -Nacho despierta!- noto como camina apresurado por la habitación, no se está quieto -Nacho por favor...- No puedo abrir los ojos, estoy realmente cansado. Tras varios minutos hago un esfuerzo y me incorporo -Gonzalo?- pregunto al ver a alguien frente a mí, aún veo borroso pero en unos segundos se me pasa. -Nacho, hemos descubierto lo que te pasa- dice alegre -El café-

-Café? Claro eso es!- digo -Mi cuerpo ya estaba acostumbrado a tomar café y no dormir tanto, pero como he estado indispuesto unas semanas no he podido tomarlo y mi cuerpo se duerme -Ten, toma- dice sujetando una ardiente taza humeante de café -Te ayudará a mantenerte despierto, tienes que tomarte al menos uno cada día-

-Gracias- susurro con un fino hilo de voz - Necesito estar a tope para los juegos, tengo que desengancharme al café- digo serio -No, no puedes desengancharte. Lo necesitas.- sonrío y le doy las gracias. Un rato después vuelvo a estar casi tan activo como antes así que me visto y voy a la Zanja, a ver a Liz. La canción del árbol del ahorcado resuena en mi cabeza desde que se la canté a ella, voy caminando por la nevada calle, con la mirada perdida y sin un verdadero rumbo, solo espero encontrar la casa. Al llegar, Mad sale corriéndo a mi encuentro en la calle, rápidamente me invita a entrar y me prepara un té. Tras tomárnoslo subo al piso de arriba donde duerme Liz pacíficamente.

-María...- susurro sin darme cuenta -Se que la cuidas desde allí donde estés, se su ángel de la guarda- Me acerco a su cama y le acaricio la mejilla, ella abre un ojo y me sonríe. Yo hago lo mismo, pero se vuelve a dormir así que bajo abajo y me despido de Mad. No me apetece nada ir a casa a volver a dormir sin saber cuando despertaré así que decido darme una vuelta por las calles teñidas de blanco y entro en el mercado negro para la gente de la Zanja. Hasta hoy nunca había entrado aquí, era un sitio que me daba cierto respeto pero hoy no tengo nada mejor que hacer por lo que entro y atravieso los distintos puestos donde venden todo tipo de cosas. Decido comprar un poco de leche de cabra a un joven de pelo oscuro cuya única familia parecen ser esas cabras y al salir, me fijo en una señora que tiene todo tipo de baratijas. Me acerco y le compro un collar dorado con una placa con algo grabado en ella.

-Que significa?- le pregunto a la anciana -Lo de la placa-

-Tempus fugit...- dice soñadora -El tiempo vuela- Y me la deja sobre la palma de la mano, después me cierra los dedos envolviéndo así el colgante entre mis cálidas manos. Al caer el sol, la mayor parte de la gente se va a sus casas por miedo a los estrictos agentes de la paz así que hago lo mismo. No estaría bien que un vencedor fuese pillado aquí, rápidamente emprendo mi marcha hacia la aldea de los vencedores y en menos de media hora ya estoy frente al fuego, tomándome a sorbitos un fuerte café espumoso mientras veo las últimas noticias en el capitolio y en los distritos. Al terminar, le pongo a Zeus algo de comida y yo me voy a dormir aunque con cierto miedo de volver a despertarme dentro de una semana.

A la mañana siguiente me despierto cuando los primeros rayos de sol atraviesan la delgada cortina roja que cubre el ventanal. La luz que atraviesa la cortina entra teñida de rojo así que las paredes de mi habitación se iluminan de un color rojo anaranjado precioso. Me levanto de la cama y camino lento hacia el cuarto de baño, abro el grifo de la bañera aún medio dormido y cuando ya está llena y humeante me meto dentro y disfruto de la preciosa vista invernal del distrito catorce. Al empezar a escuchar los sonidos de los camiones que llevan a los trabajadores a la montaña decido salir a preparar algo para desayunar y llevárselo a Mad. Mientras silbo la canción que ronda mi cabeza desde hace días preparo un zumo de naranja que meto en una botella, también preparo chocolate para los pequeños y algo de bollería que meto en una bolsa. Lo guardo todo en mi bolsa de caza y emprendo otra vez el rumbo hacia la Zanja, al llegar todos me reciben calurosamente, pero Liz sigue en la cama así que siento a los pequeños a la mesa y junto con Mad nos tomamos todo lo que he traido. Ellos nunca habían probado estos manjares y ver como el pequeño Toby se chupa los dedos manchados de chocolate no tiene precio, entre los cinco acabamos con todo el chocolate y los bollos y guardamos el resto del zumo en el pequeño armario donde guardan lo poco que tienen para comer. Al terminar decido subir a ver a Liz que continúa dormida, intento despertarle pero no lo consigo nada. Le coloco suavemente el colgante que compré al rededor del cuello y me vuelvo a ir, me despido de todos ellos y vuelvo a casa de Paula a ver si quiere hacer algo conmigo. Por sorpresa no está en casa así que atravieso la verja supuestamente electrificada y voy al bosque esperando encontrarme con ella. No me gusta la sensación de estar en el bosque sin armas, solo llevo encima el brazalete que me califica como vencedor y la brújula aunque, ya no hay nadie corriendo por ahí con una espada buscando mi muerte.

-Zas- me agacho y un cuchillo se clava en el árbol de detrás de mí, a la altura de mi cabeza. Al parecer si que intentan matarme -Eh! Cuidado con eso!- grito algo enfurecido y veo a Paula quitarse una venda negra de los ojos -De verdad tienes tanta puntería con los ojos cerrados?- pregunto verdaderamente asombrado y ella se ríe mientras lanza otro justo al lado del anterior -Has mejorado muchísimo- digo mientras recojo los cuchillos del árbol -Para ser una chica del seis- y le pongo cara de burla.

-Cuidado, no vaya a ser que una chica del seis te mate- dice riéndose y me saca la lengua -¿Que haces aquí?- pregunta -¿Quieres practicar?-

-No soy muy bueno con los cuchillos- digo inseguro -Si me quieres ayudar...- Acto seguido se coloca detrás de mi, con sus brazos mueve mis brazos y lanzamos el cuchillo al árbol más cercano. Luego me deja probar a mí solo pero en vez de darle a un árbol que era mi objetivo le doy a una ardilla que corría medio metro más a la derecha -¿Tampoco está tan mal no?- digo riéndome -Anda, recoje la ardilla y vamos a comer algo-

Volvemos a su casa y preparamos algo para comer, tomamos una sopa de picadillo y un rostbeef con puré de patatas. Después de comer vamos al salón y mientras nos tomamos un delicioso helado de tres sabores vemos una película del Capitolio, es bastante mala pero al final nos enganchamos e incluso veo a Paula llorar cuando muere el protagonista. Al caer la noche me vuelvo a mi casa y decido irme a la cama sin cenar, corro las cortinas y me pierdo entre las densas sábanas que me atrapan como arenas movedizas.

martes, 21 de abril de 2015

Capítulo 40

Hoola tributos!
Ya estoy aquí! La espera ha sido larga pero aquí me teneis. Siento muchísimo no haber podido subir antes (cuestiones de tiempo, como de costumbre) y creo que esto empieza a afectar a los seguidores del blog (Las visitas han bajado muchísisisisimo!) Así que voy a procurar volver a como estábamos antes y subiré, OBLIGATORIAMENTE, capítulo cada domino o sino me impondré un castigo (Ya sea revelando algo de la trama o subiendo capítulo diario^^) Bueno, aquí os lo dejo:3
PD: Vuelve la acción y es más largo:D
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Me levanto como todos los días y me tomo un buen café. Cuando ya estoy lo suficientemente despierto como para ponerme a ordenar la casa, llaman al teléfono.

-Que raro...- pienso -A esta hora nunca suelen estar despiertos-

-Buenos días Ignacio- dice una voz que me resulta muy familiar -¿No sabes quien soy?-

-Snow...- digo cuando me doy cuenta -Que quiere?-

-Cuantas prisas!- dice riéndose maléficamente -Bien, vayamos al grano. Creo que será mejor que nos llevemos bien ¿no?- se calla para dejarme hablar pero yo no digo nada así que continúa -Bueno, veo que estás de pocas palabras. Lo que quiero es que grabes un vídeo, un spot, en el que calmes a los distritos. Supongo que ya sabrás que la avalancha causó el mísmo efecto que las jaulas de noche de los septuagesimo cuartos juegos del hambre-

-Algo me olía, sí- digo recordándo los distritos en el tour de la victoria -Se emitirá también en el Capitolio?-

-Por supuesto, aquí la gente tambien esta...- hace una pausa -Alterada, por así decirlo- Siempre busca las palabras con muchísimo detenimiento -Si no me veré obligado a meter a los del Capitolio en los juegos-

-Mas gente no por favor- digo suplicando -Le juro que haré lo que pueda-

-Eso espero, por vuestro bien- un escalofrío me recorre el cuerpo -Le mandaré el discurso a vuestra representante, Sophie-

Y cuelga. ¿Por que todo depende siempre de mí? Si no lo hago bien morirá más gente, no puedo cargar con más muertes. La chica del uno, el del once, el del doce, mi padre, la gente del pueblo, incluso María, no la maté yo, pero si que soy culpable de no haber ido en vez de ella. Durante el resto de la mañana juego con Zeus y limpio un poco todo, no creo que tenga tiempo para tener la casa en orden todos los días, por lo que me apunto que tengo que ir a la Zanja a buscar a alguien para que limpie por mí. Si tengo tiempo iré a la tarde.

-Toc Toc- golpean en la puerta y cuando me dirijo a abrir Sophie, Paul, Gilly, Flora y Blonda ya han invadido mi casa -Estas echo un asco!- dicen Gilly y Flora mientras dan vueltas a mi alrededor -Tenemos trabajo! Manos a la obra-

Entre las tres me arrastran al baño y me meten en la bañera junto con unos potinges morados y verdes. Me rascan toda la piel y al salir estoy rojo como un cangrejo, posteriormente se va pasando y me quedo de un color bronceado precioso, no es marrón pero tampoco es blanco. Una vez fuera me afeitan las piernas y el cuerpo, me arreglan el pelo dándome las mechas rubias y marrones que me acostumbran dar y por último me arreglan las uñas de las manos. Me ponen unos polvos por la cara y Paul me enfunda en un traje blanco, al parecer porque quiere que parezca lo más bueno y anti-rebelde posible. Si no recuerdo mal fue el traje que vistió Peeta cuando Snow le pidió que calmara a los distritos, a los rebeldes.

-Estás maravilloso- dice Sophie cuando terminan -Que orgullosa se sentiría tu madre-

-Gracias Sophie- digo sincero -Estoy algo nervioso, si te soy sincero no se si voy a ser capaz de salir en antena-

-Claro que sí- dice animándome -Tu puedes hacer cualquier cosa- Mientras me lleva a la zona donde vamos a grabar el spot yo sonrío pensando en ella, siempre en su mundo de luz y color y tan ajetreada como si fuera realmente importante esto que hacemos. Me alegro de que gracias a nuestro éxito ella haya conseguido el suyo, después de todo lo que el Capitolio le hizo... - Salimos en directo en tres, dos, uno...- dice mientras me da unos retoques en el pelo y me da una sonrisa de buena suerte justo antes de empezar la conexión.

-Hola habitantes de Panem- digo sonriente mientras leo lo que tengo que decir en una pequeña pantalla -Para el que aún no me conozca soy Nacho, uno de los vencedores de los centésimos juegos del hambre. Participé como un tributo del siete y salí como vencedor del catorce junto con otras cuatro personas. Lo sé, sé que pensaréis que desafié al Capitolio y que si un simple tributo que hace seis meses no había estado aquí aún puede hacerlo, ¿Por que vosotros no? Pero yo no fuí consciente de lo que hacía- aún no me creo que esté diciendo esto para Snow -Yo unicamente pensé en salvar mi pellejo, sí, en mí. Recuerdo perfectamente aquella noche que hice yo la guardia, esa noche me dió tiempo para pensar un plan. El plan era detonar la montaña para crear un alud y acabar con el máximo posible de tributos que pudiera, al llegar abajo pretendía esconderme y esperar a que alguien hiciese el trabajo sucio por mí. Pretendía que alguien asesinara a Gonzalo si la avalancha no lo había hecho ya y después terminar yo el trabajo, matar al último tributo. Lo que pasó fué muy diferente, mientras era arrastrado por el manto de nieve, creí haber acabado con Gonzalo cuando cayó una roca pero por suerte no fué así. Al llegar abajo la avalancha no frenó e impactó contra la cúpula, haciéndo que una descarga eléctrica recorriera todo y nos dejó en un estado de shock- Miro a Sophie, que me levanta los pulgares diciendome que lo estoy haciendo genial -Gente de Panem, de verdad queremos esto? Ya vimos que es lo que pasa después de cada rebelión, además, no podemos permitirnos una guerra. Una guerra podría costarnos la extinción de este planeta- A cada palabra odio más a Snow -Hay gente que nos importa, gente que depende de nosotros y si morimos se quedarán solos. Tampoco los vencedores estamos a salvo, la guerra arrasa con todo, sin importar raza, genero, ideología, estatus social... no hay vencedores, solo supervivientes. Panem hoy, Panem mañana, Panem siempre.- Se corta la conexión y escucho a Sophie aplaudir, espero que esto le guste a Snow y que ayude a calmar los distritos. Cuando terminamos todo y lo recogen, se van y solo se queda Sophie, que me da conversación durante un rato.

-Riiing, Riiing- suena el teléfono -¿Digame?-

-Nacho!- reconozco esta voz, es Johanna -Johanna- digo alegre al telefono -Que alegría-

-Acabo de ver tu discurso- dice -¿Te ha obligado?-

-Sí- digo suspirando -Crees que...-

-Calmará a la gente?- termina ella mi pregunta -Puede que sí, por nuestro bien- suspira -No sobreviviríamos a otra guerra-

-No, no estamos preparados...- digo -¿Que tal todo por allí?-

-Ya hablaremos- dice buscando las palabras -Aquí puede cortarse- lo he pillado, nos espían -Te prometo que hablaremos!-

-Bueno, vale- digo triste -Hasta pronto-

-Bueno, suerte en los juegos!- dice para animarme -Nos veremos muy pronto Nacho-

-Igualmente Jo- me río -Hasta pronto- y cuelgo el telefono

Cuando termino le cuento a Sophie que era Johanna la que estaba al teléfono. Ella me pregunta por Johanna pero tampoco me ha dado tanta información de como le va todo, cuando da la tarde decido ir a la Zanja a buscar a alguien para que limpie mi casa. Me pongo el abrigo de piel colgado en el perchero al lado de la puerta y atravieso el valle para llegar allí. Paseo lentamente entre las casas viendo a las familias y me detengo frente a una casa, una casa en la que a través de la ventana puedo ver a una madre que cuida de cuatro hijos y uno de esos hijos es la chica pelirroja del otro día.

-Hola, se puede?- digo mientras me asomo a la puerta -Soy Nacho, de la aldea de vencedores-

-Adelante, no te quedes ahí- dice la madre sonriente -Soy Madeline, ¿Quieres tomar algo?-

-No gracias- digo amable -Venía a pedirle una cosa, Me pregunto si le gustaría trabajar como limpiadora de mi casa- sonrío -Solo sería por las mañanas, le pagaré bien y mi casa está a solo veinticinco minutos de aquí-

-Sería maravilloso- dice con un brillo especial en los ojos -Me vendría realmente bien-

-Maravilloso- digo alegre -Entonces le espero mañana Madeline?-

-Por supuesto- sonríe -Y llamame Mad por favor-

-Entonces la espero mañana Mad- sonrío amablemente y me dirijo hacia la puerta, de repente la chica pelirroja sale cuando yo ya estaba caminando por la fría y oscura calle.

-Me llamo Liz- dice -Muchas gracias Nacho- me da la mano -Has hecho muy feliz a mi madre, desde que mi padre bueno... digamos que desapareció-

-No hay de que- digo y me giro -Un placer Liz- y sigo caminando, sin detenerme, hasta llegar a la zona comercial. Decido comprar unos caramelos de limón mientras paso por delante de la tienda de golosinas y también compro unos de café, me vuelvo a poner en marcha hacia la aldea de los vencedores. Para mi sorpresa me encuentro un ambiente estupendo, Gonzalo está leyendo un libro frente al fuego, Pablo y Mateo están jugando al ajedrez y Paula está acariciando a Zeus mientras ve la televisión.

-Que sorpresa!- exclamo -Así que habeis decidido seguir mi consejo y venir!-

La verdad es que prefiero la casa así de llena que como estaba antes. Ahora me da hasta gusto entrar porque hay gente dentro, antes estaba yo solo y eso no me gustaba. Charlamos un rato y cuando da la hora de cenar cada uno se va a su casa así que yo me preparo un huevo frito para cenar y me voy a la cama.
...

-Buenos días- me despierta Mad al abrir la ventana -Tienes el desayuno abajo-

Bajo las escaleras aún dormido y me como las tortitas que me ha preparado con sirope junto con un buen café hirviendo. Al terminar subo a mi cuarto, cojo el hacha y la bolsa de caza y me voy al bosque. Atravieso la valla eléctrica y camino siguiendo los indicios de un animal, cuando llego al lago, me encuentro con dos castores.

-Allá vá- digo para mis adentros -Levanto el brazo y lanzo el recien afilado hacha, que corta el viento y mata a uno de los castores de un solo golpe, el golpe mortal. Rápidamente recupero mi hacha y atravieso al otro; echaba de menos esto, cazar... Lo necesitaba. Esta sensación de tener un arma entre los dedos y sentirte poderoso, sentirte superior al poder del mismisimo Snow. Guardo el botín en mi bolsa de cuero y vuelvo a tiempo antes de que Mad se vaya, le pago lo que habíamos acordado más uno de los castores.

-No se si puedo aceptarlo...- dice ella insegura -Muchísimas gracias, has dado el empujón necesario a mi familia-

-No hay de que- sonrío -Tu tambien me has ayudado mucho- digo al ver que la casa está irreconocible -Mañana a la misma hora-

Cuando se va como una manzana y pongo a asar el castor para la cena. Preparo tambien una ensalada y una salsa para la carne. Hacia las seis viene Gonzalo con su libro junto con Paula, a los pocos minutos llega Mateo y por último Pablo. Preparo un té y nos lo tomamos mientras nos contamos las últimas novedades del día, fantaseamos sobre los próximos juegos, para los cuales quedan únicamente cuatro meses y cuando desaparece el sol cenamos el castor que he cazado a la mañana. Tras la cena nos tomamos unas copas y todo va bien hasta que escuchamos una sirena.

-¿Que pasa?- preguntamos a la vez, el telefono de casa está venga sonar y al asomarme por la ventana veo la montaña de donde sacan el azucar en llamas. -Un incendio- digo asustado -Hay que hacer algo, yo voy- Subo las escaleras a todo correr y me pongo el abrigo de piel, cojo el hacha, la soga y la brújula. La fuente se queda muy sola junto con las cartas así que me la llevo tambien por si acaso.

-Vamos?- digo al bajar pero no me encuentro a ninguno -Salgo a la calle y ahí está Gonzalo, con las gafas de ver en la oscuridad y su arco. Pablo y Paula, con dos mochilas y un par de cuchillos y Mateo, con solo una bolsa vacía. -Daros prisa, vamos a separarnos- digo organizándo todo -Mateo, Pablo- les miro -Quiero que vayais al pueblo a ayudar con todo lo que podais, calmad a la gente y ayudadles- ahora miro a Paula y Gonzalo -En cuanto a nosotros, vamos ahora mismo a la montaña. Rápido, seguidme- digo mientras me dirijo a la valla eléctrica de detrás de la aldea de los vencedores.

-Nos llevará una hora llegar hasta allá si vamos por este camino- dice Paula -Tenemos que aumentar el ritmo- Aunque si ya es dificil avanzar entre la maleza, hacerlo corriendo es muy complicado. Decidimos que yo vaya delante para despejar el camino con mi hacha y así llegamos a la carretera central, la que lleva a la montaña, pero está enteramente custodiada por Agentes de la Paz.

-Seguidme- dice Gonzalo -Tenemos que subir ahí sea como sea, hay trabajadores y niños haciendo los turnos de noche-

Nos escondemos en uno de los camiones que suben y no tardamos ni cinco minutos en llegar al foco del incendio. Allí arriba nos separamos y intentamos cubrir la mayor parte de zona, para buscar gente que se ha quedado atras.

-Nos vemos al amanecer- les digo -Mucho cuidado-

Esto es como estar otra vez en los juegos, yo solo, con mi hacha en la montaña. Pero esta vez no hay nadie esperando oír mi cañonazo, esta vez yo espero que no muera nadie, espero no oír ningún cañonazo. Corro gritando por el monte para ver si alguien necesita ayuda, no se si es mejor no oír nada o oír a alguien.

-Socorro!- grita un hombre -Auxilio!-  Está cerca, lo escucho -Voy a rescatarle!-

Corro siguiendo su voz y descubro al hombre debajo de un tronco, un tronco enorme le bloquea la pierna. -No se puede mover- susurro pensativo -Voy a sacarle!- Cojo mi hacha y con toda la fuerza que tengo impacto contra el tronco, es demasiado grueso y solo consigo hacerle una pequeña muesca aunque no me doy por vencido, sigo cortando el tronco hasta que me detiene

-Eh chico- suspira -Dejame aquí, no vamos a conseguir nada-

-Me niego- digo -Intente no gritar ¿De acuerdo?-
 Creo que se ha dado cuenta de lo que le voy a hacer. Desde cerca, presiono el hacha contra su pierna, comienza a sangrar y el hombre grita pero yo no me detengo. -Ahora!- grito -Grite todo lo que pueda!- Y el señor comienza a gritar, yo le atravieso la pierna haciendo que se le vea toda la carne y el hueso, todo se tiñe de carmín. Le ato con una liana y aprieto para cortar el flujo de sangre, al terminar sigue brotando sangre a chorros así que le ayudo y me lo llevo a la carretera principal, donde unos sanitarios lo cuidan. Rápidamente vuelvo al bosque y sigo gritando -HAY ALGUIEN AHÍ!- a cada paso que doy. Cuando estoy realmente al final, casi a punto de llegar al límite del distrito, una voz femenina llama mi atención -Donde estás!- grito fuertemente -Estas por aquí?-

Otra vez la voz, esta vez más cerca. La sigo hasta que me encuentro con la chica, la única persona que no quería encontrarme aquí -Liz...- susurro al darme cuenta de quien es -Liz! ¡Soy yo!- corro a su lado, está sentada en el suelo y no se mueve -El dióxido de carbono, has inhalado demasiado- me siento a su lado y me quito el abrigo, le cubro la boca y la nariz con el pero el humo también me afecta a mí y caigo al suelo.

-Me tengo que levantar- me digo a mi mismo -Venga-

Con cuidado saco la fuente y la clavo en el suelo, poco a poco comienza a brotar agua de esta y la recojo formando un cuenco con las manos para hacer beber a Liz. Tambien bebo yo y me mojo la cara, lo mismo que le hago a ella. Todo esto me lleva demasiado tiempo y hace que el dióxido de carbono vuelva a actuar y caigo al suelo, a punto de rendirme.

Me pongo de pie y cojo a Liz como puedo, entre los dos, aunque inestablemente conscientes, caminamos a traves de la montaña hasta que ella cae al suelo. -Venga, levanta- le digo, pero no contesta así que la cojo en brazos y avanzo más despacio -Cantame- me dice -El árbol del ahorcado- Es esa canción que se me quedó en la cabeza en uno de los videos rebeldes de Katniss Everdeen, aquella canción entró en mi cabeza y permaneció allí meses. -Por supuesto- le digo a Liz entre tosidos

-Vas a venir al árbol donde ví,
A un hombre ahorcado que a tres hizo morir,
Cosas extrañas pasan al anochecer,
En el árbol del ahorcado te veré.-

Cuando logro ver la luz de los camiones y los focos de los agentes de la paz me caigo al suelo, justo antes de que uno de ellos me viera.

domingo, 12 de abril de 2015

Capítulo 39

Hoola Tributos! Bueno, aquí teneis el capítulo 39 que más que ser un capítulo es un relato breve. No tiene trama alguna pero bueno, simplemente he creido conveniente escribirlo para hacer un recuerdo de María. Al ser corto, os prometo que subiré el siguiente antes de tiempo (espero) Disfruutad y suerte los que empezais mañana las clases de nuevo!
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Cuando me despierto, me pongo un pantalón color mostaza y una camisa azul vaquero. Es imposible que no se me caiga una lágrima hoy. Con sumo cuidado voy a las habitaciones de los demás a ver si siguen dormidos y solo falta Gonzalo. Bajo las escaleras paso a paso y al llegar abajo le saludo.

-Buenos días Gonzalo- digo en un estado de depresión

-Hola Nacho- Sonríe, a sabiendas de lo que me pasa -¿Café?-

-Por favor-

Hoy hacen seis meses desde el asesinato de María, parece mentira, medio año ya. Se me acelera el corazón de solo pensar lo cerca que estuve yo de la muerte y ella pues bueno, digamos que estuvo demasiado cerca. Hace un año nunca habría imaginado que sería como soy ahora y que habría vivido lo que he vivido hasta ahora. Tras un rato de largo silencio el habla.

-¿Cómo es posible que una misma persona te haga sentir de lo mejor y al mismo tiempo por cualquier error te haga sentir de lo peor?

Y yo le respondo

-Se llama amor- sonrío -¿tu no lo sientes?-

-¿Sentir qué?- pregunta

-Ese dolor en el pecho, que sabes que no es físico. Esa cosa que no te deja pensar en nada más y provoca que las lágrimas salgan sin poder detenerlas, ahogando cualquier sonido reconocible de tu boca-

-No...- susurró él -Yo no...-
-Eres fuerte- sonrío
-¿Por que piensas eso?-
-Nunca te vi llorando- digo sincero
-Eso no significa que sea fuerte- dice él
-Ah no?- Pregunto yo
-No, significa que soy orgulloso- Se ruboriza
-Y entonces para tí que significa ser fuerte?-
-Tener una sonrisa en la cara cuando todo se desmorona- y él sonríe

Y ahí, fué la primera vez que sonreí sabiendo todo lo que quedaba por delante. Es una locura odiar a todas las rosas porque una te pinchó, renunciar a todos tus sueños porque uno no se realizó.

Como cada mes cojo una amapola dorada, su carta y me dirijo hacia el bosque para rezar por ella. Instintivamente mi cabeza comienza a pensar y comienzo a cantar una canción.

"I keep, going to the river to pray
Cause I need, something that can wash out the pain
And at most, I'm sleeping all these demons away
But your Ghost, the ghost of you it keeps me awake"

El camino se me hace cortísimo y en unos minutos llego al bosque. Dejo las únicas pertenencias que me recuerdan a los juegos, la brújula y el brazalete, y me adentro entre la espesura de los frondosos árboles. Cuisadosamente sigo el trayecto que se ha formado en las seis últimas veces que he pasado por aquí, cuando llego al río, subo por él y al llegar al nacimiento de éste una hora después encuentro la lápida gris sobre la que está escrita su nombre.

-En memoria de María Solt, tributo femenino de los centésimos juegos del hambre- leo en voz alta y me desplomo. Bajo la piedra gris hay cinco amapolas doradas, con cuidado coloco la sexta y me alejo un poco. Veinte metros a la derecha está la chica del cuatro, compañera de Gonzalo y a la izquierda la chica del uno.

-Perdóname...- susurro mirándo su lápida -Yo te maté- intento contener las lágrimas pero es imposible. Tengo a mi derecha la chica a la que amaba, que no la volveré a ver más y a la izquierda la primera chica que maté, una chica jóven a la que arrebaté la vida. Me siento frente a la lápida de María y cierro los ojos, intento imaginarla ahora allá donde esté, seguro que estará bien y me estará cuidando. Leo su carta en voz alta y al terminar, me la guardo en el bolsillo y me despido de todos los tributos caidos haciendo el símbolo del distrito doce, levanto el índice, el corazón y el anular y dejo recogidos el pulgar y el meñique. Así permanezco un rato en silencio, dejándo las lágrimas caer lenta y silenciosamente por mis mejillas. Una vez decido irme, recorro el camino de vuelta y recojo el brazalete y la brújula y vuelvo a atravesar la verja electrificada. Para cuando vuelvo a casa ya se han ido todos y Zeus sale a mi encuentro. El resto del día transcurre normal, se me escapan algún par de lágrimas más que contrarresto con varias tazas de café para detener mis emociones. A la tarde decido dar una vuelta por la plaza y cuando comienza a nevar me vuelvo a casa y ceno algo ligero. Una vez he cenado, enciendo la chimenea, preparó un chocolate caliente y escojo uno de los libros de la estantería. No son míos ya que venían con la casa, pero no tengo nada mejor para leer así que me zambullo en la lectura de uno de ellos sobre piratas, orcos, hadas y príncipes sin princesa. Poco a poco, sorbo a sorbo y página a página, me quedo dormido con el libro en mis brazos y Zeus en mi regazo.