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domingo, 12 de abril de 2015

Capítulo 39

Hoola Tributos! Bueno, aquí teneis el capítulo 39 que más que ser un capítulo es un relato breve. No tiene trama alguna pero bueno, simplemente he creido conveniente escribirlo para hacer un recuerdo de María. Al ser corto, os prometo que subiré el siguiente antes de tiempo (espero) Disfruutad y suerte los que empezais mañana las clases de nuevo!
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Cuando me despierto, me pongo un pantalón color mostaza y una camisa azul vaquero. Es imposible que no se me caiga una lágrima hoy. Con sumo cuidado voy a las habitaciones de los demás a ver si siguen dormidos y solo falta Gonzalo. Bajo las escaleras paso a paso y al llegar abajo le saludo.

-Buenos días Gonzalo- digo en un estado de depresión

-Hola Nacho- Sonríe, a sabiendas de lo que me pasa -¿Café?-

-Por favor-

Hoy hacen seis meses desde el asesinato de María, parece mentira, medio año ya. Se me acelera el corazón de solo pensar lo cerca que estuve yo de la muerte y ella pues bueno, digamos que estuvo demasiado cerca. Hace un año nunca habría imaginado que sería como soy ahora y que habría vivido lo que he vivido hasta ahora. Tras un rato de largo silencio el habla.

-¿Cómo es posible que una misma persona te haga sentir de lo mejor y al mismo tiempo por cualquier error te haga sentir de lo peor?

Y yo le respondo

-Se llama amor- sonrío -¿tu no lo sientes?-

-¿Sentir qué?- pregunta

-Ese dolor en el pecho, que sabes que no es físico. Esa cosa que no te deja pensar en nada más y provoca que las lágrimas salgan sin poder detenerlas, ahogando cualquier sonido reconocible de tu boca-

-No...- susurró él -Yo no...-
-Eres fuerte- sonrío
-¿Por que piensas eso?-
-Nunca te vi llorando- digo sincero
-Eso no significa que sea fuerte- dice él
-Ah no?- Pregunto yo
-No, significa que soy orgulloso- Se ruboriza
-Y entonces para tí que significa ser fuerte?-
-Tener una sonrisa en la cara cuando todo se desmorona- y él sonríe

Y ahí, fué la primera vez que sonreí sabiendo todo lo que quedaba por delante. Es una locura odiar a todas las rosas porque una te pinchó, renunciar a todos tus sueños porque uno no se realizó.

Como cada mes cojo una amapola dorada, su carta y me dirijo hacia el bosque para rezar por ella. Instintivamente mi cabeza comienza a pensar y comienzo a cantar una canción.

"I keep, going to the river to pray
Cause I need, something that can wash out the pain
And at most, I'm sleeping all these demons away
But your Ghost, the ghost of you it keeps me awake"

El camino se me hace cortísimo y en unos minutos llego al bosque. Dejo las únicas pertenencias que me recuerdan a los juegos, la brújula y el brazalete, y me adentro entre la espesura de los frondosos árboles. Cuisadosamente sigo el trayecto que se ha formado en las seis últimas veces que he pasado por aquí, cuando llego al río, subo por él y al llegar al nacimiento de éste una hora después encuentro la lápida gris sobre la que está escrita su nombre.

-En memoria de María Solt, tributo femenino de los centésimos juegos del hambre- leo en voz alta y me desplomo. Bajo la piedra gris hay cinco amapolas doradas, con cuidado coloco la sexta y me alejo un poco. Veinte metros a la derecha está la chica del cuatro, compañera de Gonzalo y a la izquierda la chica del uno.

-Perdóname...- susurro mirándo su lápida -Yo te maté- intento contener las lágrimas pero es imposible. Tengo a mi derecha la chica a la que amaba, que no la volveré a ver más y a la izquierda la primera chica que maté, una chica jóven a la que arrebaté la vida. Me siento frente a la lápida de María y cierro los ojos, intento imaginarla ahora allá donde esté, seguro que estará bien y me estará cuidando. Leo su carta en voz alta y al terminar, me la guardo en el bolsillo y me despido de todos los tributos caidos haciendo el símbolo del distrito doce, levanto el índice, el corazón y el anular y dejo recogidos el pulgar y el meñique. Así permanezco un rato en silencio, dejándo las lágrimas caer lenta y silenciosamente por mis mejillas. Una vez decido irme, recorro el camino de vuelta y recojo el brazalete y la brújula y vuelvo a atravesar la verja electrificada. Para cuando vuelvo a casa ya se han ido todos y Zeus sale a mi encuentro. El resto del día transcurre normal, se me escapan algún par de lágrimas más que contrarresto con varias tazas de café para detener mis emociones. A la tarde decido dar una vuelta por la plaza y cuando comienza a nevar me vuelvo a casa y ceno algo ligero. Una vez he cenado, enciendo la chimenea, preparó un chocolate caliente y escojo uno de los libros de la estantería. No son míos ya que venían con la casa, pero no tengo nada mejor para leer así que me zambullo en la lectura de uno de ellos sobre piratas, orcos, hadas y príncipes sin princesa. Poco a poco, sorbo a sorbo y página a página, me quedo dormido con el libro en mis brazos y Zeus en mi regazo.

2 comentarios:

  1. Hola! Tienes razon, ha sido corto, pero me ha gustado mucho. La frase de Gonzalo... amo a ese personaje en serio, y espero que siga siendo una pieza importante en la historia. Cada vez noto a Nacho más destrozado, espero que vuelva a ponerse en pie pronto. También espero que el próximo capítulo no tarde en llegar jajaja. Un beso! :)

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  2. Me encanta la frase de Gonzalo sobre lo que es ser fuerte *-*. Tiene mucha razón, la verdadera fortaleza no es no mostrar tu tristeza, sino encontrar una manera de sonreír a pesar de ello. Me encanta este chico. Lo de es "una locura odiar a todas las rosas porque una te pinchó, renunciar a todos tus sueños porque uno no se realizó." te ha sonado muy poético. Me ha gustado mucho, pobre Nacho, esperemos que poco a poco vaya resurgiendo. ¡Hasta pronto!

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