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domingo, 17 de mayo de 2015

Noticia muy pero que muy importante!

Hoola tributos!!
Bueno, siento que esta semana no haya subido capi (ni la anterior) Pero he tenido un problemilla. Mi portátil se ha roto y ahí tenía escritos todos los capítulos. Lo llevé a arreglar y me dijeron que no era nada grave pero aún no lo tengo, por lo que no puedo subir capítulo. Por el momento sigo escribiendo el capítulo que tocaba subir para intentar subir algo, en cuanto lo tenga os juro que lo subo (Pero comprendedlo, los exámenes no dejan mucho tiempo aunque haré lo que pueda) Y pues nada más por ahora, solo que pronto volveréis a recibir noticias mías con el capítulo:D

domingo, 3 de mayo de 2015

Capítulo 42

Hoola tributos!
Bueno, esta vez no se me va a pasar (más que nada porque no tongo nada preparado como castigo y me niego a desvelar parte de la trama^^) Aquí os dejo uno de los mejores capítulos que he escrito, sin lugar a dudas, me encanta *---*
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Han pasado tres meses, tres largos y calmados meses. Parece mentira que mañana sea la cosecha, la primera cosecha de este distrito y mis primeros juegos como mentor. Me paso el día en casa, muerto de los nervios y con una taza de café constantemente. Hago llamadas, envío cartas, recibo llamadas, trazo planes... Tengo que calmar mis nervios por lo que me preparo una tila bien fuerte, y me la tomo de un trago. Ahora estoy más calmado, pero las mariposillas del estómago permanecen ahí por lo que me voy a la cama a dormir un poco.

-Nacho despierta!- dice Gonzalo zarandeandome -Es la mañana!- grita -Los juegos empiezan hoy...- ahí pierde la fuerza, lo dice como con tristeza.

-¿Cuanto queda antes de la cosecha?- pregunto angustiado -Cuatro horas- dice él riéndose -Sabía que te íbas a quedar dormido y por eso vine antes- se ríe aún más

Me ducho rápidamente y me visto con una chaqueta negra desabrochada y unos pantalones blancos. Le pido a Gonzalo que me espere abajo y saco las cartas de María y Mamá que me guardo en el bolsillo, también me pongo el brazalete y la cadena con la foto de mamá, cuando ya estoy mentalmente preparado me despeino el pelo resaltando las mechas de diferentes colores que me puso mi equipo de preparación y bajo a tomarme un café con pastas para desayunar, y al recibir el aviso de que ya está todo preparado salimos al centro de la aldea de los vencedores y esperamos a los demás vencedores. Cuando todos estamos preparados, nos damos un fuerte abrazo y junto con Sophie, que llega minutos más tarde, nos dirijimos a la plaza central. Antes había niños, tiendas de golosinas... ahora únicamente hay un altar elevado frente al edificio de justicia y en el aire se ondean unos banderines de colores, como si esto fuese una fiesta. Nosotros cinco nos sentamos en unas sillas a la derecha junto con el alcalde y en el centro se coloca Sophie, con unas grandes bolas transparentes con los cientos o incluso miles de nombres en las papeletas a ambos lados. Cuando dan las doce, la plaza se empieza a llenar y veo a los jóvenes del distrito catorce ocupar sus puestos con la mirada perdida, ellos saben que no tienen oportunidades, está clarísimo que morirán. Algunos me miran con cara de pena, otros simplemente no están atentos a lo que pasa, solo esperan a que termine todo.

Cuando encuentro a Liz con la mirada, perdida entre la multitud de chicas de un año menos que yo le susurro algo para calmarla. Únicamente muevo los labios para que me entienda -Tranquila- sonrío -Te veré a la vuelta de los juegos-

-Distrito catorce!- dice Sophie cuando ya está todo lleno -Bienvenidos a los juegos del hambre! Primero veremos un vídeo traído del Capitolio y luego daremos paso a la cosecha- sonríe y da paso al vídeo al que no hice mucho caso en mi cosecha, ahora aprovecho para verlo. En él hablan de los días oscuros, del tratado de traición y de los juegos del hambre. Cuando termina el vídeo la tensión se palpa en el ambiente y hay algunos llantos contenidos -Primero las damas!- grita Sophie y introduce su delgada y pálida mano en la urna de cristal, remueve las papeletas y coje una del fondo.

-Merianne Lastage- grita y lo repite esperando a que suba al altar. -¡Volunt!- grita una chica cuando Merianne ha llegado al altar pero acto seguido su amiga le pega un codazo dejándole sin respiración para que no pueda presentarse voluntaria. La otra chica grita -Voluntaria- para evitar que su amiga fuese como voluntaria al matadero. Es muy valiente por su parte, eso que ha hecho por su amiga... le ha salvado la vida, rápidamente Merianne baja algo asustada y se vuelve a colocar en su parcela con las chicas de trece. Entonces la voluntaria sale de la fila y justo a tiempo Paula me tapa la boca y consigue ahogar el grito que suelto -Es Liz!- digo para mis adentros y dejo que el mundo se me caiga encima. Muy despacito camina y se coloca a la derecha de Sophie, la cual saca otra papeleta y la lee -Andrew O'conell- dice con una fingida sonrisa y espera a que ese Andrew suba y se coloque a su izquierda, unos segundos después un chico alto y escuálido con el pelo negro azabache camina con paso decidido y le da la mano a Liz. -¡Felices juegos del hambre! ¡Y que la suerte esté siempre, siempre de vuestra parte!- grita Sophie con un aire monotono, supongo que ella tambien estará cansada de siempre lo mismo.

Cuando terminamos se llevan a los tributos al edificio de justicia, para despedirse de sus respectivos familiares. A nosotros tambien nos meten en salas por si hay alguien que quiera decirnos algo, la verdad es que sí espero una visita pero no se si vendrá. Unos minutos más tarde un agente de la paz abre la puerta y dice serio -Teneis tres minutos- Entonces entra Mad, con los ojos rojos y lágrimas a la altura de la boca.

-Mad, te lo prometo- digo mirándole a los ojos -Haré todo lo que pueda- y le sonrío -Si la vida te da razones para llorar, demuestrale que tienes mil razones para reir- sonrío recordando aquella frase de María y le digo -Demuestrale eso a la vida- Cuando se va por la puerta, justo antes le digo -Por cierto, cuidame mucho a Zeus- y sonríe. Con cuidado me levanto del sillón de terciopelo rojo y me dirijo a las habitaciones de despedida de los tributos, cuidadosamente llamo a la puerta y entro. Me siento en el sofá a su lado y le calmo las lágrimas.

-Eso que has hecho... ¿La conocías?- pregunto a Liz

Ella niega con la cabeza y continúa llorándo -La que se quería presentar era mi mejor amiga- dice entre llantos -Eran hermanas, al nacer las dejaron en el orfanato y las adoptaron dos familias diferentes- se seca las lágrimas -Merianne era de la zona comercial y Sue era mi amiga, ella vivía a tan solo tres casas de mí-

-Todo va a salir bien...- le digo tranquilizador y unos agentes de la paz me llaman para salir -Nos vemos en el tren- le digo con una sonrisa. Cuando me han sacado me obligan a volver a mi sala así que me siento en el sofá y acaricio el terciopelo, en silencio, intentando no pensar en nada ya que la sensación actual es como si yo fuese un tributo. Aquí, encerrado, a fin de cuentas, obligado.

-¿Vamos?- pregunta Sophie asomándose por la puerta -Vamos- le digo y la sigo a través de los pasillos para buscar a los demás. Una vez estamos los ocho, nos montamos en un coche que nos lleva a la estación de tren donde multitud de camaras y periodistas se tiran sobre nosotros. -Sonreír y saludar- resuena en mi cabeza la voz de Sophie y le hago caso, incluso beso a gente, todo sea por conseguir patrocinadores. Una vez hemos acabado, entramos en el tren y se cierra la puerta, aquí comienza nuestro viaje.

-Encantado de conoceros- dice Gonzalo con una gran sonrisa intentando animarles -Lo mismo digo- digo yo -Ahora id a vuestras habitaciones, nos veremos a la noche para hablar de vosotros- digo amable y les dejo irse, creo que es lo mejor, que se adapten a la situacion y cuando estén más calmados hablaremos.

-Buena idea- dice Paula -Sophie, ¿Cuantos días hay desde aquí al Capitolio?-

-Dos- dice ella revisando su agenda -En dos días volveremos a estar rodeados de lujos y de manjares- dice soñadora -¿No estais nerviosos?-

-Muchísimo- digo yo -Yo tambien- dice Pablo -He dormido poquísimo- y sonríe. Ahora estamos juntos en esto, hay que sacar de allí a uno de estos dos, confío en mí para sacar a Liz. -Nos vemos en la cena- dice Mateo -Me voy a mi habitación, necesito estar solo- Yo hago lo mismo que él y me voy a mi habitación, alli me desvisto y me meto a la ducha, aquella ducha con botones del año pasado. Pulso el botón de la vainilla y me relajo todo lo que puedo antes de comenzar otra vez con esta pesadilla, esto va a ser superior a mí... ver como se matan desde tan cerca... no se si seré capaz. Una vez cae la noche, me visto con una camisa blanca y unos pantalones rojos y voy al comedor, antes de entrar me remango las mangas de la camisa sin darme cuenta, dejando al descubierto el brazalete y entro a la misma habitación con una lámpara colgante de diamantes y mesas llenas de comida, la misma habitación que el año pasado me producia repugnancia. Esta sensación de volver a estar aquí me produce un fuerte escalofrío pero lo disimulo con un falso estornudo y me siento a la mesa entre Gonzalo y Paula. Con la llegada de Sophie comenzamos a comer y verles comer con esa desesperación me produce tristeza, los pobres lo han tenido que pasar fatal...

-Estoy lleno- dice Andrew -Llenísimo- dice mientras se frota la barriga

-Lo mismo digo- dice Liz -Todo estaba buenisimo- y deja con cuidado los cubiertos sobre el delicado plato de porcelana. Toma aire y se prepara para lo que viene, hablar de los juegos.

-Bien, lo primero será el reparto de mentores- dice Mateo -Las damas primero- y señala a Liz que me nombra a mí. Andrew elige a Mateo, se nota que busca ganar y quiere a los fuertes. Gonzalo es la segunda elección de Liz, y Pablo la de Andrew. Al final, Liz se queda también con Paula.

-Bien- dice Paula -Segunda pregunta, ¿Juntos o separados?- y les mira a ambos.

-Separados- susurran los dos -No nos conocemos tanto- dice Liz -Como para confiarnos la vida el uno al otro- termina Andrew la frase. La verdad es que me caen bien, realmente bien. -Esto significa que estaremos separados- dice Paula mirándo a Pablo y Mateo a los ojos -Mucha suerte chicos- les damos un abrazo y les deseamos suerte, tras esto, nos vamos a otra habitación para estar los cuatro solos y hablar con Liz.

-Aquí- digo cuando encuentro la habitación acristalada repleta de lujos -Vamos, pasad- digo con una fingida sonrisa que intento mantener en todo momento. Hago hueco a los tres en un sofá y yo me siento en una pequeña silla acolchada de lino verde, el mismo material del que estaba hecho el sofá de mi casa -Estaba- recalco en mi cabeza.

-Bien, pasemos a las habilidades- digo -Sabes hacer algo?- Pregunto a Liz -Cualquier cosa, podríamos venderte con algo que sepas hacer bien- dice Gonzalo

-Una vez tuve un arco de juguete- dice con un tono soñador -Papá...- traga saliva -me lo regaló...- Si no recuerdo mal su padre murió en la montaña, sé lo duro que es hablar de un fallecido.

-¿Sabes usarlo?- pregunta Paula dudosa -El arco es dificil-

-Tengo una puntería exacta en una distancia de quince metros- se sonroja -A partir de ahí ya no soy exacta- sonríe y me hace sonreír a mí también -Algo más?- preguntamos los tres a la vez y nos reímos

-Soy rápida- dice y recuerdo aquella vez que intenté seguirla por la Zanja -Doy fé de ello- digo riéndome -Corre más que yo y es cien veces más escurridiza- y todos reimos. La verdad es que Liz tiene muchísimas aptitudes, podemos hacer un gran trabajo con ella.

Tras media hora mas de charla decidimos irnos a la cama, aunque yo necesito estar solo aquí. -Id vosotros- digo con la misma sonrisa fingida de antes -Ahora voy yo a mi cuarto- Cuando ya estoy solo me levanto y camino lentamente por la sala, acaricio las paredes... es imposible no venirse abajo. De un momento a otro pierdo las pocas fuerzas que tenía y caigo de rodillas al suelo. -Por qué- grito mientras lloro y pego con la mano en el suelo -Por qué te fuiste- inspiro con dificultad y me quito los mocos de debajo de la nariz -María, te necesito más que nunca- susurro -Necesito volver a verte!- grito con rabia y me pongo de pie a despotricar contra el capitolio. En un énfasis de rabia, rompo un jarrón de porcelana china y me siento tan aliviado que comienzo a romper lo que veo a mi paso -Me quitasteis a María- grito -Lo vais a pagar más caro que esto- y pego una patada a una silla. Cuando consigo tranquilizarme me voy a mi cuarto, me pongo un pijama de seda y me meto en la cama, esperando que mañana sea otro día. Otro terrible día aquí. La verdad es que no me importa estar aquí como mentor, lo que me importa es el hecho de haber estado aquí con ella hace exáctamente un año y que este año ya no esté, ni el siguiente, ni ninguno. Solo queda un cañonazo, su muerte se redució a un simple cañonazo que no pude evitar y no pararé hasta que otro anuncie la mía. Porque a eso se reducen las vidas de los desafortunados cuyos nombres salen elegidos, están predestinados a morir sustituidos por un frío cañonazo. Y los que consiguen volver, se van con el corazón atravesado por las balas de los veinticinco cañonazos que han tenido que sonar para dejarle ir. Veinticinco BOOMS con veinticinco historias detrás, todas ellas a cambio de una. Pero así es el juego al que estamos obligados a jugar, un juego que no se limita a declarar ganadores o perdedores, es un juego que va más allá y declara vivos y muertos. ¿Quien diría que un simple juego, algo de niños, fuese tan atroz?